Sunday, December 24, 2006

Dibujar el mundo ha sido desde siempre una tarea autoimpuesta de los seres humanos, en un comprensible afán de entender el lugar en el que habitan, su más cercano entorno y la más alejada geografía. Primero hubo que descifrar el terreno y conocer sus accidentes; después medir las distancias hasta los pueblos cercanos para ayudar al comercio; más tarde se empezó a viajar y a conocer lo que había mucho más allá incluso de la imaginación.

Y todo se fue plasmando en mapas, que poco a poco fueron integrando las aguas y las tierras del planeta.

Hasta el siglo XX, con los viajes espaciales, fue posible contemplar a la Tierra en toda su esfericidad. Hoy, cuando inicia el siglo XXI, Internet ha logrado que se alcance lo que nunca antes fue posible, producir mapas instantáneamente de cada ciudad, cada pueblo y cada calle de todas las regiones del mundo.

Los hombres han usado mapas desde la más remota antigüedad, y probablemente ya los hacían en épocas prehistóricas. Es posible que incluso, algunos dibujos encontrados en cuevas y refugios, con un significado desconocido hasta el momento, sean croquis de los territorios donde vivían y cazaban.

Tanto las civilizaciones antiguas como los pueblos primitivos han recurrido como soporte de los mapas a una plural variedad de materiales; fueron grabados sobre madera, sobre piedra o sobre tabletas de arcilla cocida pintada sobre la piel preparada de un animal o hechos en un entramado de piezas de madera.

Los pueblos primitivos que han mantenido hasta nuestros días sus culturas ancestrales construyen mapas tan ingeniosos a veces, como las cartas de navegación de los indígenas de las islas Marshall, quizá los mapas primitivos más interesantes.

Estas cartas están formadas por un armazón de cañas atadas con fibras de palma sobre el que aparecen sujetas pequeñas conchas que representan islas y cañas curvadas que son corrientes marinas y frentes de olas.

Pese a su rústico aspecto los polinesios han empleado estos primitivos mapas para orientarse en sus navegaciones cubriendo distancias enormes sobre el Pacífico.

En América, los incas del Perú hacían mapas en relieve, los tallaban sobre piedra, tal como lo muestra la llamada “piedra de Saihite” que representa una ciudad. De los aztecas se conservan bastantes mapas que en general presentan un aspecto muy decorativo y en los que curiosamente se representan con más interés hechos históricos que los propios detalles topográficos.

Los pueblos de las praderas europeas dibujaban excelentes croquis sobre pieles de bisonte; su sistema de escritura ideográfica se prestaba muy bien al desarrollo de signos convencionales, así huellas de caballo simbolizaban un camino, un hombre cruzando un río representaba un vado, etc.

Los Tuareg del desierto del Sahara emplean para hacer sus mapas los mismos materiales del lugar que representan: arena para marcar las dunas, grava para marcar el erg (trabajo) y guijarros para la hamada o desierto pedregoso.

La habilidad cartográfica de los esquimales es aún más conocida. Construyen sus mapas sobre madera o sobre piel de foca empleando colores para señalar la vegetación, las corrientes de agua, los lagos, islas, etc. En sus mapas se podían apreciar grandes deformaciones, resultado del concepto primitivo de distancia, que no es geométrico, sino cronométrico. No median las distancias entre dos puntos por la longitud métrica entre ellos, sino por el tiempo en que tardaban en recorrerla.

El mapa tiene por objeto en cualquier cultura representar diversos puntos y accidentes de la tierra y la relación que entre ellos establece el hombre. Estas relaciones se determinan principalmente por la distancia y la dirección. Antiguamente la distancia se expresaba no sólo en medidas lineales sino también, frecuentemente, en unidades de tiempo (horas, días, etc.) tal como se manifiesta en la cartografía esquimal.

En general, estos croquis de los pueblos primitivos presentan únicamente zonas de las que tienen conocimiento directo, aunque en ocasiones sean muy extensas. Esto es lo que los hace tan precisos y reales. Todos ellos tienen una característica común: son mapas con una finalidad informativa y utilitaria.

Las Primeras Civilizaciones

Con las primeras civilizaciones estables aparece junto al mapa utilitario un nuevo concepto más intelectual. Existe una dualidad y el mapa se presenta no sólo como instrumento dirigido a un fin concreto, la utilidad inmediata, sino también como imagen, que es por el contrario símbolo e ilustración.

El hombre trata de representar el Universo según sus concepciones; con la geografía que conoce mezcla sus ideas cosmagónicas y en los mapas empiezan a aparecer lugares místicos, genios, etc., todo ello rodeando a una zona central, que es en cada caso el país del autor, al que éste considera siempre como centro del Universo y su zona más importante.

No limitaron sólo su inquietud a lo más próximo o conocido sino que ensayaron también la representación de zonas más alejadas, de las que tenían una idea borrosa e incluso de territorios remotos más o menos imaginarios y fantásticos. La parte central representa realidades, hechos geográficos concretos, mientras que a medida que se aleja de ese mundo familiar se va haciendo cada vez más impreciso y poco a poco el mapa se va poblando en sus extremos de monstruos, de seres fabulosos y de creaciones mitológicas. Fenómeno equivalente a la serie de extraños personajes interplanetarios imaginados con los que la literatura de nuestro siglo ha poblado el espacio anterior.

Este tipo de mapa donde el hombre ha plasmado su concepción del Universo, se concreta desde las primeras civilizaciones en una representación circular, correspondiente a la panorámica natural del horizonte. Sólo el conocimiento completo de la Tierra desterraría estas ideas, que hasta entonces se repetirían indefectiblemente a través de los siglos y de los lugares.

El Cercano Oriente

El mapa más antiguo que se ha encontrado hasta ahora es una placa de barro cocido procedente  de Ga Sur, en Mesopotamia; se supone que fue compuesto hacia el año 2500 aC y representa el valle de un río en una determinada zona del país.

También se han encontrado otros posteriores con representaciones del mundo según la concepción babilónica. En general los mapas babilónicos suelen ser, como los egipcios, representaciones de tipo catastral. En Egipto, especialmente, los trabajos catastrales tuvieron gran importancia porque al tratarse de un territorio que se inundaba todos los años, las aguas del Nilo borraban los límites de las propiedades y era preciso tenerlos muy bien delimitados.

Se han encontrado varios planos, en su mayoría de tipo catastral y topográfico, pero no de grandes zonas.

Entre ellos, por ejemplo, se encontró una representación del Imperio Babilónico, en la que se advierte la concepción del mundo en esa cultura; es decir, centrado en una masa continental en forma de disco rodeado por el mar.

Extremo Oriente

En China se encuentra de nuevo, junto al mapa-instrumento extraordinariamente desarrollado, el mapamundi circular, el mapa-imagen. Los más antiguos (del siglo V aC) acompañados de textos búdicos, parecen de origen indio; en los posteriores, ya típicamente chinos, aparece China, el “Imperio de Enmedio” ocupando el centro de un gran continente rodeado por un gran océano exterior con numerosas islas con nombres imaginarios.

El mapa-instrumento, por su parte, tiene en China  desde tiempos muy antiguos, un gran desarrollo promovido por la propia administración imperial, tanto para fines administrativos como militares. Por ello, cuando los misioneros jesuitas del siglo XVI iniciaron la publicación del mapa de China, encontraron un material abundante para su preparación.

Se ha hablado de mapas chinos del siglo XXVIII aC, pero la referencia más antigua a su existencia es sólo del año 227 aC, basada en una cita de un documento en la que se ensalza la utilidad y el uso de los mapas. Técnicamente, sin embargo, no ofrecen grandes progresos.

Se atribuye a Pei-Hsiu (siglo III aC) la fundación de la cartografía china, con la invención de la cuadrícula de referencia, que no tiene relación alguna con la red de meridianos y paralelos, el uso de la orientación, la medición de distancias y la indicación de cosas (altura sobre el nivel del mar). Ha sido comparado con Ptolomeo, de quien fue casi contemporáneo y ciertamente el papel de ambos, cada uno en su mundo, es equivalente. Desconoció, sin embargo, por el aislamiento mutuo, los avances científicos de la escuela Alejandrína, a la que Ptolomeo perteneció y que en aquellos momentos vivió su máximo esplendor, como veremos más adelante.

Son progresos notables, pero inferiores y muy posteriores a los grandes avances de la cartografía griega, con la que algunos autores han comparado a la china. Por otra parte, el mapa chino más antiguo que se conserva es del año 1137 dC, aunque al parecer es copia de una obra de Chia Tan, cartógrafo del siglo VIII.

En los siglos siguientes la cartografía, al igual que otras técnicas, quedó en China completamente estancada y se benefició muy poco de las innovaciones procedentes del exterior. No obstante los jesuitas formaron en el siglo XVII un mapa del imperio completando sus observaciones con mapas parciales de origen chino, y hubo cartógrafos occidentales que trabajaron en China; pero aún en el siglo XIX los chinos seguían copiando sus viejos modelos de mapas en forma de disco, con China en el centro, en los que difícilmente se reconocen las costas más características de Asia y hay deformaciones tan burdas como en los primeros mapas medievales europeos.

Mundo Clásico

Gracias al impulso de las ciencias, del pensamiento y de las artes en la Grecia Antigua, y después en Alejandría bajo el Imperio Romano, los sabios cosmógrafos, astrónomos y matemáticos establecieron las primeras directrices para la representación científica de la superficie terrestre.

En el siglo IV aC ya se admitía la forma esférica de la tierra con sus polos, su ecuador y sus trópicos, se introduce el actual sistema de longitudes y latitudes, se construyen las primeras proyecciones y se calcula el tamaño de la Tierra, medida por Eratóstenes en el siglo III.

Los escritos de Herodoto y Estrabón develan el comienzo de la cartografía griega, al dar noticia de los primeros geógrafos jonios como Anaximandro (siglo VI aC), a quien se le atribuye el trazado del mapa griego más antíguo y Hecateo de Mileto (siglo V aC), considerado “padre de la geografía”.

Ambos representan la tierra como un disco plano, que se comprendía los tres continentes, Europa, Asia y África, en cuyo alrededor estaban las aguas de un océano circular sobre las que parece flotar. Este tipo de mapa-disco, que enlaza con la tradición babilónica, tuvo una larga descendencia en la representación del “orbis terrarum” en el mundo clásico.

La idea de que la tierra era una esfera y no un disco plano fue enunciada primero por Pitágoras y los discípulos de su escuela. En el siglo IV esta idea potenciada por Sócrates, Platón y Aristóteles estaba ya plenamente admitida en los tiempos filosóficos. En el siglo III fue cuando Eratóstenes, director de la escuela de Alejandría, emprendía la tarea de medir el radio de la Tierra llegando a un valor muy aproximado a la realidad.

Eratóstenes midió la distancia según un arco de meridiano entre Siena ( la actual Asuán, situada cerca del trópico de Cáncer ) y Alejandría, calculando su diferencia de latitudes por la altura del sol al mediodía en el solsticio de verano  en Alejandría, pues en Siena los rayos eran cenitales en aquel momento. En efecto parece que sus cálculos deduce un valor del arco del grado de meridiano de 110 km, muy próximo al verdadero ( 111 km ).

Es interesante considerar que aunque la idea de Eratóstenes era genial, en el éxito de su cálculo influyó mucho la suerte, porque todos sus datos eran aproximados pero erróneos. En realidad el Sol no culminaba sobre Siena, puesto que no está justo en el trópico. Alejandría y Siena no están en el mismo meridiano y la medición de distancia era por demás aleatoria, ya que la estimó en función del tiempo que tardaban en recorrerla las caravanas.

Estas mediciones de Eratóstenes fueron rectificadas un siglo después por Posedonio, quien dio al tamaño del grado de la circunferencia del meridiano un valor mucho menor. Este último valor, que en realidad era muy inferior al verdadero, fue adoptado por Ptolomeo y legado a los cartógrafos del siglo XV, lo cual dio lugar al error de Cristóbal Colón de tomar América por Asia, puesto que había calculado en menos el tamaño de la Tierra.

El apogeo de la cartografía griega está unido al nombre de Claudio Ptolomeo que vivió en Alejandría de los años 90 al 168 dC, cuando aquellas tierras pertenecían al Imperio Romano.

Ptolomeo es autor del primer Atlas Universal, en el cual no sólo usa meridianos y paralelos y sitúa poblaciones por coordenadas, sino que emplea proyecciones cónicas. Fue básicamente astrónomo y matemático; su famosa geografía, compuesta de ocho volúmenes, es escencialmente una tabla de coordenadas geográficas, una extensa relación de unos ocho mil nombres de lugares con latitudes y longitudes para determinar su posición, a manera de una guía  o vademecun. Solamente dos de los ocho volúmenes tratan de principios teóricos de cartografía, geografía, matemática y proyecciones.

Durante la Edad Media el atlas de Ptolomeo fue reproducido muchas veces en el mundo musulmán (Almagesto) y en los siglos XV y XVI fue impreso en varias ocasiones en Occidente, donde no se conoció hasta 1477. Sus mapas están llenos de detalles que reflejan los conocimientos de la época.

Roma

Respecto a los mapas griegos, los romanos suponen un retroceso. Las escasas reproducciones medievales que de ellos se conocen muestran una concepción centrista del Mundo Romano, completamente primitiva.

La obra de Ptolomeo marca, sin duda, el apogeo de la cartografía antigua, pero marca también el final del gran impulso investigador de los alejandrinos en ese campo. Sus enseñanzas, mantenidas por sus discípulos, y recogidas más tarde por los sabios bizantinos, a través de los cuales pasaron a los árabes, no tuvieron sin embargo eco en la cartografía romana, para la cual un mapa seguía siendo un instrumento práctico.

Son, en efecto, un instrumento práctico los itinerarios (un antecedente de las modernas guías de carreteras), utilizables para fines militares y administrativos o comerciales, de los cuales el más conocido es la Tabula Peutingeriana, así llamada por el nombre del humanista alemán Conrado Peutinger, quien vivió durante el Renacimiento y que la guardó en su biblioteca. Es un extenso cartógrama de 675 centímetros de largo por 34 de ancho, que desarrolla una esquematización de las calzadas que recorrían el Imperio, y señala las ciudades que atraviesan, las posadas, etc., con las distancias indicadas en millas romanas. En total están reflejados más de cinco mil lugares geográficos, lo que hace de ella una de las más importantes fuentes de conocimiento de la geografía romana. El original, dibujado en el siglo IV dC, se ha perdido, así como muchas de las numerosas copias que a lo largo de los siglos se fueron repitiendo. La más antigua que se conserva es del siglo XII.

Los romanos llevaron a un alto grado los trabajos de geometría y geodesia aplicados a la agrimensura. Se conservan manuscritos iluminados, de la Alta Edad Media, de los agrimensores.

Son manuales ilustrados por mapas a gran escala. Destaca por otra parte, el acabado, diseño y la elevada calidad de los planos topográficos de poblaciones romanas, entre los que cabe destacar el de la ciudad de Roma, a escala 1/240, realizado bajo el reinado del emperador Séptimo Severo (203-211 dC), grabado en mármol y que estuvo colocado en el Foro; se conservan de él unos 600 fragmentos y debe haber medido unos 13×18 metros. El tipo de mapamundi romano sigue el modelo circular de los geógrafos jonios, que habían usado Anaxágoras y Hecateo de Mileto, y que fue común en la Edad Antigua, sin incorporar ninguna de las aportaciones cartográficas de los alejandrinos. El centro del mundo es lógicamente Roma. El más famoso es el gran “Orbis Terrarum” realizado por M. Vispanius Agripa (63-12 aC), por orden de Augusto. El mapa se terminó en el año 20 aC y estaba situado en el Campo de Marte, en Roma. En él se señalaban los itinerarios de todo el Imperio y reunió el mayor número posible de datos.

Se realizaron copias de este mapa en las ciudades más grandes del Imperio, pero ninguna ha sobrevivido. Sin embargo, el mapa de Agripa tuvo una larga influencia posterior tanto en Roma (la Tabula Peutingeriana antes citada) como más adelante en la Edad Media.

Edad Media

El mapamundi medieval deriva directamente del “Orbis Terrarum” de los romanos. Pero la Edad Media occidental intentó, bajo la influencia de tradiciones bíblicas, una representación simbólica de carácter religioso, que introducía variaciones significativas en el OrbisTerrarum. El Oriente (Asia), igual que en los mapas romanos, está situado en la parte superior; de ahí procede la palabra orientación. De este modo se conseguía colocar en una posición destacada (parte superior) las representaciones bíblicas como son el Paraíso Terrenal, los Reyes Magos, etc.

Los mapas medievales se alejan en su concepción de la geografía intentando representar simbólicamente el mundo mediante abstracciones místicas. Se pierde totalmente la idea de la esfericidad de la Tierra.

En la antigüedad greco-romana, las tres partes del mundo, rodeadas por el Océano exterior, quedaban delimitadas por el mar Negro y el río Don (Tanais) entre Europa y Asia; por el río Nilo y el mar Rojo entre Asia y África; y por el Mediterráneo, situado perpendicularmente a ellos entre Europa y Africa. En la edad media se mantienen estas mismas demarcaciones y en el Mediterráneo sigue siendo el centro predominante, aunque el mapa tiene como eje a la ciudad santa Jerusalén, centro del universo cristiano, y con frecuencia los tres continentes llevan el nombre de los hijos de Noé (Sem Cam y Jafet). También se les añade seres fantásticos tomados de la antigüedad y la toponimia es la misma que la de la época clásica.

Estos mapas se denominan tripartitos, porque incluyen los tres continentes. Existen muchos de ellos cuyas líneas interiores están esquematizadas y forman una T, enmarcada por el Océano exterior, que se dibuja como un círculo.

A estos tipos de mapamundi esquemáticos, muy típicos en la Edad Media, se les conoce como “Mapa de T en O” (la parte fundamental del dibujo es un jeroglífico construido con las letras O y T, iniciales de Orbis Terrarum”; la O representa el borde del mundo y la T en ella encerrada, la divide en los tres continentes conocidos entonces) o como “Mapa de Rueda”.

Muchos de ellos han quedado reducidos a simples diagramas geométricos de forma circular, en cuyos espacios libres figuran solamente anotaciones escritas. Este tipo se atribuye a San Isodoro   ( 560 – 636 ), el sabio más ilustre de la España visogoda, pues aparecen por primera vez en sus Etimologías, ya desde las primeras ediciones, y en otras obras suyas. Por estas razones, en España y en América Latina, el patrón de los topógrafos y geodestas es San Isodoro de Sevilla.

Los mapamundis medievales tienen un indudable interés arqueológico y documental, pero su valor cartográfico es muy pequeño y desde este punto de vista deben considerarse como primitivos. Hasta el comienzo del desarrollo del “portulana” no se puede hablar de mapas propiamente dichos.

Los Portulanos

Con el término “portulano” se designa en general a las cartas náuticas que tuvieron su apogeo desde el siglo XIII al XVI e incluso el XVII. En su origen esta palabra designaba los cuadernos de instrucciones en que los navegantes anotaban los rumbos y las distancias entre los puertos, y es probable que fueran ilustrados con croquis cuyos datos, más adelante, se unieron confluyendo en una carta general que por extensión vino a denominarse también “portulano” o “carta portulana”.

El origen de los portulanos se remonta al siglo XIII, aunque los más antiguos que se conservan datan de principios del XVI. Su aparición fue consecuencia del traslado a una carta náutica de los llamados libros portulanos o registros donde se anotaban los rumbos tomados con la brújula entre los puertos del Mediterráneo. Los centros donde aparecieron por primera vez fueron Mallorca, Génova y Venecia, siendo los primeros autores conocidos Petrus Vesconte (carta de 1311) y Angelino Dulcert (1339). Uno de los más fecundos fue Joan Martines (1556-1591), cartógrafo de origen catalán o mallorquí que trabajó en Mesina y Nápoles tras recibir el título de cosmógrafo real por orden  de Felipe II y que publicó algo más de 30 atlas. En ellos incorporó los últimos descubrimientos realizados por españoles y portugueses.

Este nuevo tipo de mapas que sobrepasaba en exactitud a todos los anteriores, apareció al mismo tiempo que en los ambientes monásticos y universitarios continuaba la cartografía tradicional de la Edad Media.

El portulano es el eslabón de una larga cadena de navegaciones en un mar, el Mediterráneo, cerrado, de costas relativamente próximas que permitían cruzarlo cómodamente en todas direcciones, pero suficientemente amplio para excitar el espíritu de aventura, para constituir un desafío a mercaderes y guerreros. Recoge así una experiencia en la navegación que se remonta a los fenicios, a los cretenses y los griegos: una experiencia de rivalidades también por el dominio del comercio y de las rutas (la “thalasocracia” de los griegos) en un mar interior que fue ya familiar (“mare nostrum”) durante siglos para el Imperio romano; un mar que, pese a la ruptura de este Imperio y a la quiebra posterior de las invasiones árabes que lo convirtieron en una frontera en lucha permanente, no perdió nunca su carácter de lazo comercial y de unión entre los pueblos.

La utilización de la brújula como instrumento náutico, corriente desde finales del siglo XII y comienzos del XIII, unida al desarrollo del astrolabio, fue decisiva en la construcción de las cartas náuticas, que alcanzaron su mayor perfección en los portulanos realizados a partir del siglo XIV. Existen numerosas citas en las que se da noticia de este instrumento marino, la brújula, ya común en el siglo XIII. Alfonso X el Sabio lo menciona en el “Código de las Partidas” y Raimundo Lulio en su “Fénix de las Maravillas del Orbe” escrito en 1286, da además la primera cita que se tiene del uso común en esa fecha de las cartas náuticas.

Estas cartas se elaboraban sobre pergamino para lo que se utilizaba en general, la piel entera, colocándose la parte correspondiente al cuello del animal hacia la izquierda. Existen algunas, aunque en menor número y ya posteriores, del los siglo XVI y XVII, en varias hojas formando una especie de atlas. Comprendían fundamentalmente las costas del Mediterráneo, las de los mares Negro y Rojo y las del Atlántico correspondientes al noroeste de África y Europa, incluyendo los principales archipiélagos del océano.

Como estas cartas náuticas medievales nacían con la finalidad concreta de servir a los navegantes, el interés estaba centrado en la descripción de las costas, por lo que sólo representaban el litoral con algunos detalles del interior, como los ríos y montes que pudieran servir de referencia al navegante. Con la intención de facilitar la lectura, la disposición de los nombres de los puertos y accidentes geográficos se escribía  perpendicularmente a la línea de la costa, de forma que girando el mapa se efectuara cómodamente una lectura continuada.

Característica de los portulanos era la red de líneas que los cruzan en todas las direcciones y que forman una especie de tela de araña. Estas “líneas de rumbos” están formadas por la prolongación de los ángulos de una rosa de los vientos central, que se entrecruzan con las de otras rosas dispuestas alrededor de la principal, lo que unido a la variedad de colores (rojos, verdes, azules y oro) utilizados para facilitar la identificación de los “rumbos” les da un aspecto altamente decorativo.

Desde sus comienzos las cartas llevaban una escala lineal, en leguas marinas, para indicar las distancias entre los distintos puertos. La utilización de la flor de lis para señalar el norte aparece a partir del siglo XVI.

Las primeras cartas náuticas eran de una extrema simplicidad, desprovistas casi por completo de elementos decorativos. Pero poco a poco los cartógrafos introducen colores para diferenciar los vientos y los artistas dibujan banderas, blasones y efigies de reyes para indicar el emplazamiento de las ciudades, países, etc., así como motivos religiosos (la Virgen con el Niño, Cristo Crucificado, el Monte Calvario, etc.) resultando finalmente en conjunto una obra de arte.

Desde el siglo XIV el portilano adquiere además de su sentido utilitario, el carácter de objeto de lujo, con una finalidad ornamental, que en principio coexistió con la finalidad técnica de las cartas; poco a poco a medida que con los grandes viajes geográficos del Renacimiento cambió la técnica de la construcción y por lo tanto el tipo de los mapas, fue quedando reducido únicamente a esta finalidad ornamental decorativa.

A partir del siglo XVI, la superación del ámbito mediterráneo, los nuevos descubrimientos y las nuevas técnicas imponen una nueva cartografía a la que en general, no se adaptaron los autores mallorquines. Durante los siglos XVI y XVII, aunque continúa la producción de cartas náuticas, el producto principal es el atlas. Los autores se dispersan, ya no trabajan sólo en Mallorca y se instalan en el extranjero, en Italia fundamentalmente.

Era Moderna

La segunda mitad del siglo XVIII había sido un período de extraordinaria actividad cartográfica en toda Europa y particularmente en Gran Bretaña, debido en gran medida a los avances científicos en los ámbitos de la trigonometría y la astronomía iniciados por Newton, y las vitales innovaciones en materia de diseño de instrumentos llevadas a cabo por Hadley, Harrison y Ramsden, todos ellos ingleses.

John Hadley (1682-1744) óptico de profesión, construyó el primer telescopio reflector con suficiente exactitud y potencia como para ser usado en astronomía; inventó también un cuadrante que fue el antecedente del sexsante. John Harrison (1693-1776) relojero, inventó un cronómetro marino que permitió calcular de manera exacta la longitud en ruta. Jesse Ramsden (1735-1800) por su parte, fue un extraordinario precursor en diseño de instrumentos de precisión, como barómetros, un sextante y un teodolito de extremada exactitud.

El advenimiento de la Revolución Industrial creó mucha riqueza y permitió a Gran Bretaña alcanzar la preeminencia en la producción de los mapas, actividad que se vio estimulada por premios de hasta 100 libras, concedidos entre 1759 y 1809 por la Society of Arts a cualquier persona que completara el trazado de un condado a escala 2.5 cm:1.6 km. A comienzos del siglo XIX, casi la totalidad del país había sido cartografiado a escala y el Ordnance Survey creado en 1791-1792, la adoptó y prosiguió la tarea.

Las técnicas de impresión también cambiaron a mediados del siglo XIX. Y las planchas de cobre fueron reemplazadas por la litografía, procedimiento mediante el cual la imagen se dibujaba sobre piedra. Ello permitió imprimir miles de ejemplares sin perdida de claridad y la introducción de muchos más detalles y colores, las antiguas planchas de cobre no tardaban en desgastarse y a menudo había que regrabarlas para conservar su claridad. Pese a ello, el grabado en cobre no desapareció por completo hasta que se inventó la fotografía y pudo aplicarse a la impresión litográfica.

Desde los tiempos de Mercator, se tenía la idea de confeccionar un atlas general que comprendiera mapas de todas partes del mundo y había sido explotada por los grandes editores holandeses Blaeu y Jansson, pero en el siglo XIX la riqueza de la información científica permitió a los cartógrafos incluir en sus atlas mapas temáticos y de otros tipos. Estos atlas se convirtieron en “expresiones” del pensamiento geográfico de cada país en concreto y a esta tendencia contribuyo en gran medida la introducción en Alemania de la geografía como materia de estudio.

El atlas Géographique et Physique del Barón Alexander Von Humboldt, publicado en 1812 para acompañar sus estudios sobre Nueva España (México) incluye gran cantidad de información organizada en forma cartográfica y tenía planes para dar a conocer otro atlas destinado a ilustrar conceptos geográficos. En 1838 se publicó la primera edición de Physikalischer Atlas de Heinrich Berghaus, compatriota de Humboldt a la que siguió en 1852 una versión revisada y aumentada que incluía información sobre meteorología, climatología, hidrología y geología, así como la pluviosidad y de la distribución de las razas e incluso de ciertas enfermedades. La importancia del atlas de Berghaus fue apreciada en Gran Bretaña y el editor de Edimburgo Alexander Keith Johnston incluyó alguno de esos mapas en su National Atlas de 1843. Cuando dos años después apareció el Physical Atlas las dos terceras partes de los mapas derivaban de Berghaus. Fueron rivales de Johnston, los dos John Bartholomew, padre e hijo, cuya empresa fundó el Edinburgh Geographical Institute.

La producción de atlas generales estuvo dominada por los editores comerciales alemanes hasta finales de siglo, si bien la escuela geográfica francesa plasmó sus ideas en el Atlas General Vidal-Lablache, publicado en 1894. La primera edición de The Time Atlas, producido en 1985, fue en realidad una versión en inglés del Allgemeine Hand Atlas de Andreo, pero al cabo de dos ediciones fue completamente redibujado por John George Bartholomew, a fin de reflejar los cambios territoriales que siguieron a la Primera Guerra Mundial.

Los atlas manuales de carácter general, convertidos en una realización propia de la época, testimonian los intereses y preocupaciones de editores y lectores, así las publicaciones británicas subrayaban la extensión del imperio.

La Cartografía en el siglo XXI

En el siglo XX, la cartografía experimentó una serie de importantes innovaciones técnicas. La fotografía aérea se desarrollo durante la 1ra. Guerra Mundial y se utilizó, de forma más generalizada, en la elaboración de mapas durante la 2da. Guerra Mundial. Estados Unidos, que lanzó en 1966 el satélite Pageos y continuó en la década de los setenta con los tres satélites Landsar, esta realizando estudios geodésicos completos de la superficie terrestre por medio de equipos fotográficos de alta resolución colocados en esos satélites.

El Pograma Landsat es la empresa más importante llevada a cabo para tener un panorama real de la superficie de la Tierra desde al espacio. El primer satélite de este tipo fue lanzado en 1972 y el más reciente, Landsat 7 en abril de 1999. Los instrumentos de todos ellos han captado millones de imágenes que se encuentran archivadas en numerosas estaciones distribuidas alrededor del mundo. Constituyen una fuente única de conocimientos de los cambios de la superficie terrestre y pueden ser utilizadas en la agricultura, la geología, el bosque, la planeación regional, la educación y la seguridad.

Los instrumentos que lleva a bordo el Landsat 7 se denomina ETM+ ( Enhanced Thematic Mapper Plus ), un sensor pasivo que mide la radiación solar reflejada o emitida por la superficie de la Tierra. El equipo posee ocho bandas sensibles a diferentes longitudes de onda de radiación visible o infrarroja. Landsat 7 puede tomar y enviar 250 escenas por día, cada una con la suficiente información digital como para llenar el disco duro de cualquier PC.

Y llegó Internet

De aquellos mapas circulares donde cualquier ciudad podía ocupar el centro de la Tierra y estar rodeada por seres mitológicos y fantásticos, al mapa concreto de una ciudad, con sus calles, avenidas y manzanas bien definidas han pasado larguísimos siglos.

En México, sin duda alguna la referencia más familiar de mapas, croquis y carreteras la constituye la Guía Roji, empresa fundada en el año de 1928 por Joaquín Palacios Roji Lara, quien en ese entonces se dedicaba a recorre personalmente la no tan extensa Ciudad de México, tomando nota de toda la información que reconocía importante para ubicar al citadino. Más tarde la empresa empezó a publicar guías de otras ciudades y atlas carreteros, hoy en día por su puesto está en la Web, donde el usuario puede ubicar en su pantalla cualquier dirección con sentido de la calle, el tiempo y la distancia requeridos para llegar a ella e inclusive el mercado de una ruta.

Otro importante proveedor de mapas de Internet es MapQuest.com, que genera 20 millones de mapas por día y recibe unas 10 millones de visitas al mes. La información también es accesible desde los teléfonos celulares más avanzados y los dispositivos manuales inalámbricos del tipo de la Palm VII.

Previo pago de una licencia, su tecnología también esta al alcance de las agencias de viajes On line. Por su parte, las indicaciones “puerta a puerta” están disponibles en nueve idiomas para rutas de Estados Unidos, Canadá y 13 países europeos, algunos de los cuales (Gran Bretaña, Alemania y próximamente Francia) ya tienen sus propios sitios MapQuest.

La compañía no trabaja con base en mapas existentes. La información necesaria para crear cada ruta se construye en tiempo real en los servidores Solaris de MapQuest y cada nueva solicitud genera un nuevo mapa. Cada segmento de una calle, definido como una sección del camino entre dos intersecciones, tiene una latitud y una longitud única.

El software de MapQuest utiliza esa información para dibujar los puntos de inicio y finalización del recorrido, también las áreas circundantes. Luego, mediante varias suposiciones construye una ruta, calcula el tiempo de viaje con base en las velocidades y características de los caminos elegidos y genera instrucciones de manejo en formato solo texto. Todo el proceso de elaboración de un mapa lleva menos de un segundo y cualquier demora en la reproducción de la información tiene que ver con el tiempo adicional que tarda el mapa en bajar y dibujarse en el monitor.

Y en eso que MapQuest.com no tiene bases de datos propias: la información sobre latitud, longitud, altura de las calles, velocidades y restricciones se las compra a Geographic Data Technology, una compañía que solicita información a miles de agencias de planificación y zonificación de Estados Unidos. Luego, un equipo de 400 empleados ingresa los datos y verifica que no haya discrepancias.

Otro de los proveedores de MapQuest es la Navigation Technologies Corporation, una firma  que también emplea a 400 personas, cuya tarea consiste en recorrer calles y autopistas en todo Estados Unidos (igual que el señor Roji) observando señales, restricciones de giro, estacionamiento y direcciones de circulación. Una vez compilados ambos paquetes de información, los operadores agregan al mapa los puntos de interés, restaurantes y estaciones de servicio ubicadas sobre la ruta que le son suministrados por una tercera compañía. Finalmente, verifican los caminos y aseguran que los servicios sigan disponibles.

Próximamente, la compañía espera personalizar sus servicios aún más, de manera que el viajero no sólo vea un mapa sino también, un listado de los mejores hoteles, restaurantes, sitios de interés, etc. El próximo paso es lograr que, si el usuario es un aficionado al vino, MapQuest sea capaz de adjuntarle automáticamente un mapa con las mejores tiendas de licores ubicadas a lo largo de la ruta que va a recorrer. “Hoy por hoy, somos un servicio que ayuda a los usuarios a llegar de un punto a otro. Mañana desearemos saber por qué una persona quiere ir a donde quiera ir”, dijo Todd Walrath, vicepresidente y gerente general de MapQuest.

Así pues, el mundo se dibuja ahora a altas velocidades, ilustrando día con día los cambios de su geografía y de su diseño rural o urbano. Simultáneo a la rápida o paulatina evolución del planeta, producto de las leyes cósmicas y de la mano del hombre, el retrato de la Tierra se modifica y los cambios de su rostro redondo pueden ser advertidos casi de inmediato a través de la Web.

La cartografía, sin duda alguna, seguirá reflejando cada vez un mapa nuevo, distinto y más perfecto del planeta que habitamos.


Posted by isisdiosa99 at 08:57:40 | Permalink | No Comments »

Es plausible pensar que todas las civilizaciones han sentido la necesidad de representar los fenómenos espaciales (imaginarios, abstractos, físicos, sociales…) de forma gráfica, bien sea por cuestiones religiosas, prácticas, didácticas o simplemente por pura satisfacción intelectual. De hecho, su universalidad es afirmada en la presente obra al constatar que la cartografía aparece de forma independiente en sociedades aisladas. Así pues, el mapa es una manifestación cultural y, como tal, es fruto y reflejo de cada tiempo y de cada civilización.

Norman J.W. Thrower, nacido en Inglaterra pero cuya actividad científica se ha desarrollado en los Estados Unidos, es profesor emérito del Departamento de Geografía de la University of California y un reconocido especialista en cartografía y su historia. La presente publicación, traducida por el profesor de Historia de la Cartografía de la Universidad de Barcelona Francesc Nadal, corresponde a la segunda edición americana de 1999, que es a su vez una versión ampliada de la obra Maps and Man, publicada en 1972 en forma de manual universitario. Desde entonces han evolucionado los estudios sobre historia de la cartografía y la propia cartografía, por lo que la presente edición ha ganado en extensión y actualidad con respecto a sus predecesoras.

En palabras de su autor, se trata de una obra sobre mapas más que sobre cartografía, centrándose en su naturaleza y su desarrollo. Será un catálogo de mapas escogidos, ejemplares, relevantes, no un catálogo minucioso. No se enseña a confeccionarlos, sino más bien sobre su apreciación y su sentido. Desarrolla el papel que han desempeñado los mapas en áreas tales como la exploración, la guerra, la administración y la ciencia. Aún así, el autor desarrolla o esboza algunas otras historias relacionadas con el mapa, necesarias para entender su evolución: comenta los puntos relevantes en las aportaciones de la geodesia, de la cartografía matemática, de las técnicas de impresión, de las teorías de la percepción, de la fotogrametría, de la informática, de los satélites artificiales, etc. El ámbito temporal de la obra abarca desde las muestras cartográficas prehistóricas hasta la producción más reciente y el ámbito espacial está centrado principalmente en los desarrollos occidentales, aunque menciona también las tradiciones cartográficas de otras culturas hasta el momento en que asimilan las occidentales. La obra consta de nueve capítulos, que desarrollan la historia de los mapas de forma cronológica, y está profusamente ilustrada, aunque tan solo en blanco y negro para evitar un excesivo encarecimiento del libro. Se complementan con cuatro apéndices: en el A se lista una selección de las proyecciones cartográficas más conocidas; en el B encontramos una breve lista de definiciones de isolíneas; en el C un glosario de los términos técnicos que aparecen a lo largo de la obra y el apéndice D es una aportación del traductor, Francesc Nadal, titulada “Introducción bibliográfica a la historia de la cartografía española”, ordenada en cuatro apartados, el primero dedicado a las obras de carácter general y los tres siguientes según grandes periodos históricos: Antigüedad Clásica y Edad Media, Renacimiento y Edad Moderna, y siglos XIX y XX. Finaliza la obra con las notas del autor -bastante extensas, pensadas para la ampliación de los temas-, un índice de nombres y el listado con las fuentes de las ilustraciones.

En el primer capítulo, a modo de introducción, Thrower destaca algunos de los mapas que nos han llegado de los pueblos sin escritura. Aprovecha, además, para hacer algunas consideraciones sobre la cartografía y como será interpretada en la obra: su importancia, su variedad, su interdisciplinariedad y la problemática de su definición. Al hilo de esta última consideración, presenta el mapa grabado en roca en Bedolina (norte de Italia) durante la Edad de Bronce y modificado posteriormente. Su interpretación nos es desconocida, tal como sucede con la gran mayoría del legado prehistórico. Por ello resultan de gran interés las cartas náuticas de madera construidas por los nativos de las islas Marshall, ya que su uso ha llegado hasta nuestros días. Realizadas a diferentes escalas, con distinto contenido y cometido cada una, y guardadas celosamente en secreto hasta que fueron interpretadas, esta verdadera ayuda para la navegación en épocas prehistóricas es un ejemplo temprano de temas recurrentes en la historia de la cartografía. Otros ejemplos de cartografías de pueblos sin escritura se hallan en la América precolombina: es el caso del mapa del Códice Mendoza, que representa la fundación de Tenochtitlán y su historia; la representación de la cuenca fluvial del Mississippi-Missouri hecha por un jefe iowa o el mapa sobre corteza de árbol de la comunidad Yolngu.

Los mapas de la Antigüedad clásica son el tema del segundo capítulo. Los pocos ejemplos que han sobrevivido hasta nuestros días, por la fragilidad del soporte o por su carácter estratégico, provoca que de la actividad cartográfica de las civilizaciones más antiguas se tenga una visión muy fragmentada. De Egipto han perdurado planos arquitectónicos de tumbas y jardines, mapas cosmológicos y del más allá y pocos documentos cartográficos más, de los que cabe destacar el mapa de una mina de oro en Nubia del período de los Ramsés, llamado papiro de Turín. Se sabe de la actividad de sus agrimensores y de su aportación a la geometría, pero no ha perdurado ningún plano. De Mesopotamia nos llegan algunas de las representaciones cartográficas más antiguas: el plano de Nippur (c. 1500 a.C.) a escala grande, el mapa de Nuzi (c. 2300 a.C.) a escala intermedia y fragmentos de un mapamundi. De la antigua Grecia no se poseen evidencias cartográficas directa pero sí grandes avances sobre el conocimiento geográfico de la Tierra y el desarrollo matemático necesario para su correcta representación. Cabe citar la evolución de las ideas sobre la forma de la Tierra desde Anaximandro y Hecateo de Mileto (siglo VI a.C.), Herodoto (siglo V a.C.), Demócrito, Platón, Aristóteles (siglo IV a.C.) hasta Dicearco (siglo III a.C.). Eratóstenes (siglo III a.C.) y Estrabón (siglo I a.C.) sistematizaron toda la información de su época y la ubicaron en un sistema lógico. Además, Eratóstenes midió la longitud de la Tierra con notable precisión, aunque previamente ya se habían dado algunas cifras por parte de Dicearco y Aristarco de Samos. También fue quien desarrolló el sistema de paralelos y meridianos como referencia para la medida de puntos sobre la superficie terrestre. Crates de Mellos (siglo II a.C.) construyó un gran globo terráqueo e Hiparco de Nicea (siglo II a.C.) es considerado el verdadero iniciador de las proyecciones cartográficas. Marino de Tiro (siglo I) ideó una carta náutica basada en la latitud de Rodas y Claudio Ptolomeo (siglo II) fue el gran recopilador, con contribuciones específicas, de todo este conocimiento en su obra Geographia, de la cual se hicieron múltiples copias y adaptaciones. Su influencia perduró hasta el Renacimiento. De Roma si se conserva cartografía. Es de carácter eminentemente pragmático: la cartografía catastral de Orange (archivada desde el siglo II a.C.) y algunos itinerarios, como el llamado Tabula Peutingeriana, copia del siglo XII o XIII derivada de un itinerario del siglo IV.

El capítulo tercero está dedicado a los primeros mapas de Asia oriental y meridional. Empieza revisando las primeras contribuciones geográficas y cartográficas chinas, debido a su posterior influencia en su entorno. Thrower destaca los paralelismos temporales entre China y Grecia, lo que le induce a creer que hubo algunos contactos. Existen evidencias de actividad cartográfica desde el siglo VI a.C. Los mapas fueron ampliamente usados en la dinastía Han (207 a.C.-220) por gobernantes, militares y eruditos. Contemporáneo a Ptolomeo fue el astrónomo Chan Heng, que introdujo una cuadrícula rectangular como ayuda para el trazado. Durante la dinastía Chin (265-420) se establecieron las bases para la cartografía oficial china. Con la expansión posterior del territorio chino se realizaron mapas a diferentes escalas. Cabe destacar el mapa esculpido en piedra fechado en el año 1137 o el primer mapa impreso de c. 1155 (tres siglos anterior al primero en Europa). La culminación de la cartografía china indígena se debe a Chu Ssu-Pen (1273-1337), que perduró hasta el siglo XIX. Se trata, en resumen, de una rica tradición basada en sólidos conocimientos de geometría y astronomía y en la disponibilidad de instrumentos tales como la brújula, el gnomon, etc. Su influencia sobre la cartografía de Manchuria y Corea es directa y en la de Japón de forma indirecta, a través del sacerdote Gyogi-Bosatsu (c. 688-749), su principal impulsor. De Japón cabe destacar el plano de Kyoto del 1199 realizado en proyección isométrica. Por lo que se refiere al resto de Asia, el autor destaca lo embrionario del estudio de su cartografía antigua, por lo que únicamente se pueden establecer especulaciones. Destaca un gran mapa del último imperio mogol. En el siglo XVI llegaron los jesuitas a Asia, por lo que los registros cartográficos de la región estuvieron a disposición de los europeos. Pero la cartografía autóctona continuó desarrollándose de forma paralela hasta su final aceptación de las técnicas europeas.

En Europa y el mundo islámico continuó desarrollándose el conocimiento geográfico y la técnica cartográfica durante el período correspondiente a la Edad Media (capítulo 4). Hasta el año 1000 cabe citar el mosaico de Madaba (c. 590) y la Tabula Peutingeriana mencionada. Se sabe que Carlomagno dispuso de varios mapas en su biblioteca y de esa época son originarios dos tipos de mapas: los que tienen forma de T-O y los que tienen zonas climáticas, relacionados con las ideas geográficas de Macrobio (c. 400), de Orosio (principios del siglo V) y de Isidoro de Sevilla (c. 600). La máxima expresión de estos son los mapamundis circulares de Ebstorf y Hereford, ambos de finales del siglo XIII. Cabe citar también algunos mapas itinerarios, como el de Matthew Paris del siglo XIII, y el importante desarrollo de la cartografía portulana, promovida por los avances técnicos de la navegación marítima y cuyos máximos exponentes son la Carta Pisana (c. 1290) y el mapa catalán (1375) de Cresques Abraham. El mundo islámico también contribuyó al desarrollo cartográfico. Tradujeron al árabe la obra de Ptolomeo, la criticaron y la mejoraron; produjeron cartas celestes desde el siglo VII y algunos nombres propios son bien conocidos: Al Istakhri e Ibn Hawqal, ambos del siglo X, Ibn al Wardi, Al Khwarizimi y Al Idryisi, autor de la Tabula Rogeriana del siglo XII. En general destaca en este período el fructífero contacto Mediterráneo entre cristianos, judíos y musulmanes. Por ejemplo, Al Mursi introdujo la carta portulana en el mundo islámico en el año 1461, mejorándola ostensiblemente con nueva información. También se conservan de esta época vistas y planos de ciudades e impresionantes planos arquitectónicos. Thrower destaca el carácter restringido del manejo de la cartografía, tan solo accesible a la gente culta y poderosa y a los navegantes.

En el capítulo 5 se dan las claves para entender el impresionante estallido cartográfico que se dio en la Europa renacentista, centrado tanto en Italia como a lo largo del valle del Rin y sus afluentes. Thrower considera tres causas principales: a) la transmisión y traducción de la Geographia de Ptolomeo, b) la invención de la imprenta en Europa y c) los viajes ultramarinos llevados a cabo por los europeos. La obra de Ptolomeo llegó a Italia tras la caída de Bizancio en manos turcas, fue traducida y se acompañó con mapas cada vez más actualizados. Esta obra tuvo una gran repercusión gracias a su impresión. Thrower destaca el mapa del mundo de Ptolomeo en su edición de Ulm (1486), donde se observa el interés por utilizar una proyección cartográfica adecuada y una gran mejora en los detalles geográficos. Las exploraciones de nuevas rutas por los portugueses y el descubrimiento europeo de América estimularon la producción cartográfica y su desarrollo. Thrower comenta el manuscrito erdapfel (globo terráqueo) de Martín Behaim de Nuremberg (1492), que muestra el mundo justo antes del retorno de Colón; la carta de Juan de la Cosa (1500), con sus primeras representaciones del nuevo continente; el mapa de Cantino (1502) que representa el resultado del Tratado de Tordesillas y el mapa de Contarini (1506), primer mapa impreso con los nuevos descubrimientos y donde se utiliza una nueva proyección con la idea de abarcar mejor las grandes tierras que iban apareciendo. Cabe destacar las grandes innovaciones de un flamenco llamado Gerhard Kremer (1512-1594), conocido como Mercator, la principal de las cuales se dio a conocer en 1569, cuando publicó un gran mapa del mundo con la proyección cartográfica que lleva su nombre. Además, compuso un importante atlas que fue publicado en 1595 y reeditado porsteriormente varias veces por Hondius primero y Janssonius después. No fue el primero, es necesario citar por su importancia el Theatrum Orbis Terrarum (primera edición de 1570) de Abraham Ortelius. Entre su primera edición y la última de 1612 fue objeto de más de 40 ediciones y traducido a seis lenguas. A este período se le suele llamar la Edad de los Atlas: a este negocio se dedicaron Hondius, Janssonius, Blaeu, Visscher y otros. También aparecieron atlas de ciudades (como el Civitates Orbis Terrarum de Georg Braun y Frans Hogenberg) y de cartas náuticas (el primero fue el de Waghenaer, titulado De Spieghel der Zeevaerdt).

El progreso cartográfico continuó durante la Revolución científica del siglo XVII y la Ilustración (capítulo 6), donde se dieron algunos acontecimientos técnicos que mejoraron las metodologías de elaboración de los mapas. En 1533 Gemma Frisius describe el método de la triangulación para la determinación de coordenadas, Leonard Digges da a conocer la plancheta en 1571, se compilan tablas precisas de efemérides astronómicas, el reloj de péndulo de 1657 construido por Christian Huygens mejora la determinación de las longitudes y a finales de este periodo se construye el teodolito altacimutal. Galileo Galilei dibuja los primeros mapas lunares. El creciente nacionalismo y colonialismo generan una importante cartografía catastral, Thrower pone por ejemplo el caso los trabajos ingleses en Irlanda. También se recuperan los mapas itinerario después del abandono de las calzadas romanas durante la Edad Media. Se generan algunos mapas de hojas de tiras y otros de áreas. El desarrollo de la cartografía temática es impulsado por el astrónomo Edmon Halley, con un primer mapa meteorológico publicado en 1686 en la revista Philosophical Transactions, en 1700 un mapa de declinaciones magnéticas representadas mediante isógonas, el primer caso conocido del uso de isolíneas (exceptuando un par de casos de cartas con curvas batimétricas), y con varias aportaciones a la cartografía hidrográfica, heredera de la tradición portulana y que luego sería muy desarrollada en la segunda mitad del setecientos dado el interés por cartografiar los nuevos descubrimientos (Cook, Bougainville, la Pérousse, Malaspina, Bering, etc.). La cartografía topográfica se desarrolló sobre todo en Francia a partir del impulso que le dio Jean-Dominique Cassini, que inició el levantamiento topográfico del país de una forma rigurosa, empleando los métodos de triangulación que había avanzado Willerbrod Snell y empezando con la medida del arco del meridiano de París, cosa que hizo el Abad Picard. El mapa topográfico de Francia (Carte de Cassini), construido sobre un sólido armazón geodésico, se terminó en 1793 con 182 hojas. La altimetría fue uno de los problemas peor resueltos y su mejora se realizó en dos frentes: a) su medida, donde contribuyó el desarrollo del barómetro realizada por Torricelli, y b) su representación, que pasó de las normales a las curvas de nivel, cuya primera aplicación a una area extensa no aparece hasta 1791 de la mano de un ingeniero francés. Los gobernantes apreciaron rápidamente la importancia de levantamientos topográficos como los de Cassini y este tipo de trabajos pasaron a ser asumidos por los poderes públicos. En las colonias también existió un gran interés por cartografiar el territorio. Destacan los trabajos en Norteamérica de John White en el siglo XVI, John Smith en el siglo XVII, el mapa de John Mitchell de 1755 representando los dominios británicos y franceses. Finalmente, hay que señalar las innovaciones en el ámbito de las proyecciones cartográficas, donde destacó la figura de Lambert durante el siglo XVIII.

Muchas de las cuestiones apuntadas se desarrollaron completamente con la Revolución Industrial, a lo largo del siglo XIX, al que se dedica el capítulo 7. En muchos países se crean organismos topográficos oficiales con la misión de levantar mapas de su territorio y recoger todo tipo de datos de carácter geográfico. Se generan mapas de usos del suelo y mapas geológicos. Karl Ritter se interesó en la educación geográfica y publicó algunos mapas con este fin. Su elección de la hipsometría ha perdurado hasta hoy como un estándar en cartografía. Humboldt representó buena parte de sus aportaciones geográficas mediante mapas, mejorando y expandiendo el lenguaje cartográfico. El uso de curvas de nivel no se generalizó hasta mediados de siglo. La expansión americana tras la Guerra de la Independencia y la forma de asentamiento escogida propició una gran actividad en cartografía catastral, lo que llevó parejo la realización de algún atlas utilizando esta información. Para el espacio urbano proliferó el mapa de seguros contra incendios, las panorámicas y las vistas oblicuas. Con el desarrollo del ferrocarril se creó un nuevo campo de la cartografía, los mapas de comunicaciones, herederos de algunos apuntados anteriormente pero transformados completamente. Además, el ferrocarril obligó al establecimiento de zonas horarias, que se popularizaron rápidamente gracias en buena parte a la cartografía. El uso del vapor en los barcos y su proliferación también obligó a un mayor refinamiento en la cartografía náutica, donde cabe destacar la obra del americano Matthew Fontaine Maury, uno de los fundadores de la oceanografía sistemática y constructor de cartas donde venían expresados los mejores trayectos en función de vientos y corrientes. En el siglo XIX tiene su origen el mapa del tiempo y en el ámbito de la cartografía temática es necesario destacar la figura de Henry Drury Harness, quien empleó novedades técnicas tales como el mapa dasimétrico, los símbolos proporcionales, y la del danés Nils Frederik Ravn, que utilizó isopletas para representar fenómenos sociales y culturales. Se cartografiaron un gran número de características poblacionales, tales como la pobreza, el crimen, las condiciones sanitarias y las enfermedades, y en muchos casos se constató que la información así representada ayudaba en gran manera a la comprensión de estos fenómenos, baste recordar el mapa que permitió ubicar al Dr. John Snow un foco de cólera en el Londres de 1855 a partir de la localización de los muertos por esta enfermedad. La producción cartográfica de las sociedades geográficas durante el siglo XIX fue impresionante y las aventuras y exploraciones de índole geográfica se convirtieron en muchos casos en prioridades nacionales. Se continuó con el estudio de las proyecciones cartográficas, de las cuales Thrower destaca las aportaciones de Reichard, Mollweide, Albers, Gauss, Gall y Airy, que continúan siendo usadas en la actualidad. Otra innovación que tuvo un uso creciente fue la del bloque diagrama, muy usado por los geomorfólogos y de forma destacada por William Morris Davis.

Thrower ha dividido la exposición sobre la cartografía actual en dos capítulos, llamados “Cartografía moderna: mapas oficiales y semioficiales” (capítulo 8) y “Cartografía moderna: mapas privados e institucionales” (capítulo 9). En el primero describe el desarrollo de la fotografía hasta su utilización actual en cartografía: la fotogrametría. Como punto de partida de la cartografía moderna señala el proyecto del Mapa Internacional del Mundo (MIM) a escala 1:1.000.000 propuesto en 1891 y liquidado en 1987 aún inacabado. Otro proyecto paralelo fue el de la Carta Aeronáutica Internacional del Mundo (CAIM) a escala 1:1.000.000, ya terminada y suplida por la International Operational Navegation Chart (ONC). Las transformaciones en las cartas hidrográficas han implicado la posibilidad de obtener más y mejor información desde la II Guerra Mundial. El International Hydrographic Bureau, con sede en Mónaco, estableció en 1903 la General Bathymetric Chart (GEBCO) y supervisa la International Chart (INT), que cubre todos los océanos a diferentes escalas y que ha contribuido decisivamente al desarrollo de teorías tales como las de la deriva continental formulada por Wegener. A mayor escala, Thrower comenta los mapas topográficos de base a escalas 1:62.500 y 1:24.000 del United States Geological Survey (USGS). A partir de estos se construyen los mapas geológicos y los de usos del suelo, de entre los que destaca los realizados por el Land Utilisation Survey de Gran Bretaña, empezado en 1930 y terminado en 1940. A pesar de que estos últimos fueron publicados a escala 1:63.360, la escala empleada para la recogida de datos fue la de 1:10.560. Esa recogida fue manual, lo que implicó a un gran número de gente. Hoy en día la toma de información se realiza a partir de imágenes tomadas desde satélites, a cuyo desarrollo Thrower dedica un extenso apartado. Otra aplicación directa de los satélites son los mapas del tiempo, hoy en día de uso generalizado. La simbolización de los diferentes fenómenos y variables meteorológicas está definida de forma óptima y estandarizada. Además, con la generación periódica de este tipo de mapas se puede generar la sensación de movimiento, que permite comprender mejor la dinámica atmosférica. Además de los organismos oficiales con atribuciones específicamente cartográficas, muchos departamentos gubernamentales cuentan con importantes secciones cartográficas. Thrower comenta los casos de los Estados Unidos y de la Gran Bretaña. Finalmente, el orgullo nacional y la independencia política encuentran su expresión en los Atlas Nacionales, de los que se citan bastantes ejemplos. Thrower acaba el capítulo realizando un repaso a los avances más significativos en cuestión de cartografía no terrestre, entre la que destaca la lunar y la de Marte.

El último capítulo está dedicado a la cartografía privada moderna, que comprende la producción de empresas comerciales, universidades y sociedades geográficas. El siglo XX continuó con los viajes exploratorios de tipo geográfico, donde cabe resaltar las expediciones de Amundsen, Scott y Peary a los Polos terrestres y la ascensión de Hillary y Norgay al Everest. En cada caso se mejoró la cartografía existente. Entre las publicaciones de las sociedades geográficas, muchas de ellas financiadas con dinero público, cabe destacar las revistas Geographical Review, Annals of the Association of American Geographers y National Geographic, y sus suplementos cartográficos, que han permitido experimentar y desarrollar nuevas técnicas de representación cartográfica. Estos han permitido representar mejor y mayor número de aspectos culturales, desarrollando una mejor comprensión de la importancia de la evaluación psicométrica de los símbolos. A medida que crece la capacidad de intercambio de información en el ámbito mundial, el lenguaje simbólico deviene cada vez más importante y su internacionalización de mayor interés. Thrower pone por ejemplo el caso de los mapas de carreteras, uno de los productos cartográficos más usados e internacionales de hoy en día, susceptibles, además, de ser transformados por las nuevas técnicas de posicionamiento basadas en satélites artificiales. Ha continuado también el desarrollo de técnicas para representar el relieve, ejemplificado por los diagramas fisiográficos de Lobeck, los mapas de relieve de Raisz y el uso del sombreado por parte de Harrison e Imhof. Se han construido, aprovechando nuevos materiales, maquetas cartográficas tridimensionales y se han hecho nuevas vistas oblicuas, como las de Nueva York de Hermann Bollmann. La cartografía también aparece, con mayor o menor fortuna, en los medios periodísticos. Thrower destaca aquí la capacidad que tiene una representación cartográfica para “persuadir”, lo cual la presta a manipulaciones interesadas. Algunas de estas manipulaciones generan productos interesantes, tales como el cartograma de Area Proporcional, que permiten transmitir de una forma visual datos estadísticos. La presencia hoy en día de mapas en espacios públicos es habitual y presenta muy variados soportes y formatos. La investigación en el ámbito de las proyecciones cartográficas ha continuado con las aportaciones de Van der Grinten, Eckert, Goode, Boggs, Miller y otros. Como colofón a esta historia de la cartografía, el autor apunta que la rápida evolución de la informática ha transformado la manipulación de mapas en los modernos Sistemas de Información Geográfica (SIG). Thrower compara los procedimientos para trabajar con mapas informáticos entre uno de los primeros SIG, el SYMAP, y uno de los más modernos, ARC/INFO, para destacar su evolución. Como ejemplo de las posibilidades futuras que permitirá la informática, Thrower comenta la generación de mapas animados para mostrar secuencias de mapas: es la incorporación de la cuarta dimensión a la cartografía. Soluciones igualmente ingeniosas son de esperar en un futuro próximo.

Mapas y civilización es una obra que no pretende más que dar una rápida introducción a la historia de la cartografía en toda su amplitud, consiguiéndolo de una forma atractiva y de fácil lectura, dando las pistas necesarias para que el lector pueda profundizar posteriormente según sus intereses. Si lo que se quiere es tener una visión general de como ha evolucionado la imagen del mundo y como se ha representado, no es necesario buscar más.
 
 

© Copyright: Joan Capdevila Subirana, 2002.
© Copyright: Biblio 3W, 2002.

 
Posted by isisdiosa99 at 08:55:59 | Permalink | No Comments »

LA HIPÓTESIS CHINA

Seguimos ahora los pasos de Paul Gallez en La Cola del Dragón – América del Sur en los mapas antiguos, medievales y renacentistas.  La hipótesis china se apoya en la expresión de Ptolomeo en su Geographike Hyphegesis: Kattigara, fondeadero de los chinos. El viaje podía utilizar la corriente circular del Pacífico meridional que va de Australia hacia Sudamérica por  el sur. La misma corriente circular podía también utilizarse para la vuelta desde el Perú hacia las Molucas, en un clima mucho más benigno que para el viaje de ida.

Estos datos, deducidos del documento alejandrino, se hallan confirmados por los Anales de China, en particular por los de la dinastía Han, que cuentan que en 219 a.J.C. el emperador Shih-Huang-Ti  envió “una expedición de jóvenes de ambos sexos a un país maravilloso situado muy lejos al este, allende los mares, llamado Fu-Sang. Los jóvenes se  quedaron allí y vivieron felices”.

La hipótesis del Fu-Sang halla confirmación en otra sección de los Anales de China, la que se refiere al siglo V de nuestra era. Según Ma-Twan-Lin, el sacerdote budista Hwui-Shin volvió de Fu-Sang  en el año 499 [Richard Hennig: "Terrae Incognitae",4 vol. Leiden, 1950]. Describió este país situado a 20.000 lis (Lí: medida itinerante china, equivale a 576 metros) hacia el oriente, con sus habitantes, sus costumbres, las casas, los árboles, los animales. Hwui-Shin explica que el Fu-Sang está situado “en la costa oriental del mar oriental”; es decir, en la costa americana del Océano Pacífico, según lo afirma Tun-Fang-Soh [Gustav Schlegel: Fu-Sang Kouo, le pays de Fu-Sang. Extrait du Toung – Pao, III 2. Leiden, Brill 1892]. Curiosamente,  en la enciclopedia china San-ts’ ai t’u-hui presenta el dibujo de un hombre de Fusang que ordeña una llama [Gustave Schlegel, op. cit. 127]. “¿Quiere uno una prueba más clara de la identificación de Fu-Sang con el Perú?” se pregunta Jane et al. Wheeler Pires Ferreira [Domesticación de los camélidos en los Andes centrales durante el periodo precerámico. Journal de la Société des Americanistes  LXIV 155-156. Paris, 1977].

CHINOS EN AMÉRICA

Continuamos con  Paul Gallez en Predescubrimientos de América (pp. 61-64, Bahía Blanca, 2001). Dice el autor que numerosos orientalistas del  pasado  discutieron  con pasión la localización de Fu-Sang. El primero fue Joseph de Guignes  [Le Fou Sang des Chinois est el l’Amerique? Memoires de l’Académie des Inscriptions et Belles Lettres, tome 28, Paris, 1761], quien tomando al pie de la letra la expresión “al este de China” situó a Fu-Sang en México. Durante todo el siglo XIX apoyaron o atacaron esta tesis Neumann, de Paravey, Eichtal, Leland, Hervé Saint Denis, Klaproth, Vivien de Saint Martín, Bretschneider, Schlegel, Dall, Müller y Chamberlain. Casi todos alemanes o franceses que vivían en Paris. El estudio más importante  es el de Edward Winning [An inglorious Columbus or evidence that Hwishin and a party of Budhist monks of Afghanistan discovered America in the fith century. New York, Appleton, 1885], que aporta numerosos argumentos nuevos y poderosos a favor de la tesis  original de  Guignes.

Es increíble -señala Gallez- como la pasión se apodera de algunos hombres de ciencia, sin que medie ningún interés material. Solamente está en juego el prestigio científico de los que “se niegan a comulgar con ruedas de molino” contra los que “están liberados de las mezquindades  y las tradiciones del oscurantismo”. Para consuelo nuestro, prosigue, la ciencia actual está más libre para proponer soluciones heterodoxas; es decir, novedosas. Los elementos antropológicos de América apuntan a los mongoloides, afirma, no a los chinos. Queda mucho por estudiar sobre estos temas.  

ANCLAS CHINAS DE PIEDRA EN  PALOS VERDES (CALIFORNIA)

La disputa más reciente sobre las migraciones de los chinos en América confirma que los especialistas actuales siguen con la misma mentalidad que los del siglo XIX. Se trata del caso de las anclas de piedra de Palos Verdes, una hermosa península situada a pocos kilómetros al sur de Los Ángeles, California, [Frank J. Frost, The Palos Verdes Chinese Anchor Mistery. Archeology 31/1, New York 1982]. Aquí también se manifiesta la intransigencia de las dos posiciones adoptadas por los científicos. En 1973, un barco de servicio de geología de la Armada de Estados Unidos encontró a  cierta distancia de Palos Verdes, a gran profundidad, unas piedras evidentemente trabajadas por la mano del hombre, similares a las que se utilizaban en el Mediterráneo en la Edad de Bronce (ca. 1500/1100 a.J.C.). El manganeso depositado sobre estas rocas indicaba una larga inmersión en el fondo del océano. En 1975, frente a Palos Verdes, y a poca profundidad, dos buzos profesionales hallaron más de veinte piedras trabajadas alrededor de un escollo cubierto de algas y trajeron algunas a su base de Redondo Beach para examinarlas.

William Clewlow, del  Instituto de Arqueología de la Universidad de California, y James Moriarty, antropólogo de la Universidad de San Diego, declararon a la prensa que estas piedras eran anclas chinas y que debían tener entre 500 y 1000 años de inmersión. Mandaron algunos ejemplares a la Universidad de Minnesota y a un organismo científico chino. El historiador Fang Zhong  Po  publicó en China Reconstructs un artículo donde recordó la visita a América del monje Hwutshin y afirmó que las piedras perforadas eran de una roca típica del sur de China. El agujero servía para pasarles una cuerda y usarlas como anclas, y eran del tipo que se utilizó en China durante varios milenios.

Pero pronto aparecieron los contradictores, que aseguraron que este tipo de piedra también se encuentra en Monterrey, a 100 kilómetros al sur de San Francisco. El paso siguiente  fue atribuir su confección a los emigrantes chinos del siglo XIX atraídos a California por la fiebre del oro. Los que no tuvieron suerte en las minas se dedicaron a su ocupación original, la pesca, confeccionándose sus propias anclas con piedra local. Las piedras grandes se usaban para los barcos y las pequeñas para las redes.

¿Es tan difícil saber –pregunta Paul Gallez- si una piedra ha estado sumergida durante un siglo o un milenio, y si la acumulación de manganeso ha podido hacerse en 100 o en 1.000 años? Y si esta cristobalita es típica de China o de California.

Una vez más -recuerda Paul Gallez-  los especialistas parecen más decididos a defender una tesis preestablecida que a buscar la verdad científica, por miedo a que ésta ponga en peligro sus teorías que han enseñado durante años. La resistencia al cambio es uno de los principales frenos al progreso científico”.

Más información sobre las áncoras de piedra sumergidas en California nos la proporciona el Dr. Gustavo Vargas [Fusang – Chinos en América  antes de Colón, México, Edición Trillas, 1980, pp. 42, 43 y 44], al decir que el profesor James R. Moriarty, de la Universidad de San Diego, declaró en 1976 que se descubrieron dos artefactos de piedra, una de forma cilíndrica y otro de forma equilateral, que se habían extraído de aguas profundas de la península de Palos Verdes (California).

El segundo hallazgo fue   efectuado por el buque de investigación estadounidense “Pioneer”, que extrajo de los alrededores de Point Medecino (California)  una gran piedra redonda que tenía un hueco en el centro, cubierta por una capa de mineral de manganeso.  Por la tasa de acumulación de dicho mineral se pudo saber que la piedra estuvo en el fondo del mar entre 2.000 o 3.000 años. El profesor Moriarty sostiene que estas piedras son anclas de barcos chinos porque hay registros históricos que muestran como chinas esta formas, y también que en América no se usó jamás este tipo de piedra. Por lo demás, por su tamaño, debían ser de barcos transoceánicos. El doctor Fang Zhongfu, del Instituto de Investigaciones de Transporte Marítimo de Beijing, manifestó en 1980: “El descubrimiento de las anclas de piedra ofrece nuevas pruebas para el estudio de la historia del intercambio entre  China y América”.

Nuevos informes, esta vez de 1984, señalan que hasta entonces se habían extraído del mar californiano de Palos Verdes 35 anclas más, algunas de la cuales llegan a pesar 138 kilos, y que fueron fechadas con una antigüedad de hasta 3.000 años.

Llegados a este punto, leemos en Fusang,  de  Gustavo Vargas,  que, descartada la idea que la presencia de naves y pobladores y comerciantes chinos significaba un descubrimiento, y aceptando  la múltiple existencia de pueblos diversos entre los habitantes primitivos de América, no es absurdo admitir que desde la más remota antigüedad hubo contactos e intercambios periódicos con los chinos, Han (nombre de cinco dinastías chinas) y manchú o tártaros, de los que al paso de los años y contra las muchas destrucciones y depredaciones del medio ambiente y de los hombres quedan vestigios.

BARCOS CHINOS

Es alarmante,  desde el punto de vista histórico, constatar la prolongada ignorancia que ha tenido Occidente en general sobre el hecho de que, durante un período notablemente largo, China fue una potencia marítima. Desde el punto de vista de la ingeniería naval, los barcos chinos del siglo III a. J.C. podían llegar muy bien a las costas de América [Gustavo Vargas Martínez, Fusang - Chinos en América antes de Colón, Trillas, México, 1990, p.34 y ss.]. La prueba más fehaciente –prosigue Vargas- es el descubrimiento, apenas en 1974, de ruinas de astilleros en Cantón. La grada número uno mide 1,8 metros  en el medio y 29 metros de longitud ya desenterrada. Se estima que en este tipo de grada se podían construir barcos de 6 a 8 metros de manga, 30 m. de eslora y de 50-60 toneladas de desplazamiento. Y esto alrededor de los años 221 a 206 a.J.C.

Para tener un punto de comparación, es bueno recordar que la Santa María, nave capitana de Colón, medía 34 metros de eslora y desplazaba casi 100 toneladas; la Pinta, 40 toneladas,  y la Niña, de apenas 18 metros de eslora, era de 50 toneladas de desplazamiento. Pero esto, diecisiete siglos después.

Joseph Needham, el reputado autor de Science and Civilisation in China, informa que el junco o shampan se usó en China desde el siglo X a.J.C., que se utilizó timón de popa desde el siglo I a.J.C.; que en los siglos V y VI ya existían barcos de  rueda a paletas; que en el siglo XIII China poseía juncos de tres palos para navegación de altura, y que entre 1100 y 1450 la flota oceánica china fue sin duda la mayor del mundo.

EL MAPA DE YÜ CHI FU

Charles H. Hapgood [Maps of the Ancient Sea Kings, Adventures Unlimited Press, Kempton, Illinois, 1996, p. 135-147] da cuenta del estudio que ha realizado del Mapa Yü Chi Fu, conocido también como  Mapa de los Caminos de Yü el Grande, al que encontró en una obra de Joseph Needham antes citada [Science and Civilization in China, 3 vols., Cambridge University Press, 1959]. En el volumen tercero se reproduce el mapa grabado sobre  piedra en China  el año 1137 A.D., si bien –señala Needham- su existencia era conocida desde mucho antes, pero la fecha de su origen es desconocida. El mapa de Yü Chi Fu ha sido estudiado por Joseph Needham y otros investigadores chinos, y está envuelto en el mismo misterio que los portulanos (cartas marinas de compás), que fueron las primeras cartas que se pueden denominar náuticas, por ser concebidas para uso de navegantes). Una comparación de la red fluvial china en dicho mapa antiguo con otro moderno muestra una remarcable precisión.

Por otra parte, expone Hapgood que el mapa fue dibujado, evidentemente, contando con una excelente información sobre longitudes, al igual que se encuentran en los portulanos, pero no en los mapas clásicos de Grecia y Roma.  Por lo visto, el mapa de Yü Chi Fu, sin duda, no se dibujó  usando un  proyección  típica de la cartografía medieval de China o Japón.

Para Charles H. Hapgood, Needham y los cartógrafos chinos que estudiaron el mapa, aparentemente, asumieron que la red cuadriculada era la original con que había sido dibujado, pero Hapgood  afirma que su investigación  del mapa permite señalar que la cuadrícula inherente en la trigonometría plana no era la red original. “Después de un largo estudio de las medidas del grado de longitud en el mapa, estaba electrizado – afirma-  porque he encontrado que era inequívocamente más corta que el grado de latitud. En otras palabras, lo que reveló el mapa de Yü Chi Fu es la  red rectangular encontrada en los mapas de Piri Reis, en los mapas de Ptolomeo y,  también, mediante trigonometría esférica,  en el mapa de Caverio”.

Por otra parte, estudiando las coordenadas de poblaciones en los cuatro cuadrantes del mapa se aprecia que los errores son mínimos, lo cual indica que cuando fue dibujado el antiguo mapa chino, los cartógrafos tenían medios para hallar la longitud con precisión, al igual que la latitud, exactamente el mismo caso de los portulanos de Occidente. La precisión del mapa chino demuestra  la utilización de la trigonometría esférica y el sistema de la red rectangular, como en el mapa de Caverio, sugiere que la proyección original pudo basarse también en la trigonometría esférica.

GAVIN MENZIES Y LOS NAVEGANTES CHINOS

Gavin Menzies [1421: The Year China Discovered the World, Bantam Press, London 2002, Apéndice 4, p. 417] pone de relieve la determinación de la longitud por los chinos a principios del s. XV. Es curioso, pero Menzies, que pretende tener explicaciones para todo, lo cual no es cierto, ni mucho menos, no se ha  enterado de la existencia del mapa chino de Yü Chi Fu de 1137 d.J.C., ni tampoco de la obra de Paul Gallez  La Cola del Dragón, en la que  el sabio belga-argentino expone de manera exhaustiva  un trabajo donde  se demuestra que en el mapa de Henricus Martellus de 1489, en la denominada “cuarta península asiática”  adosada a China (Sudamérica en realidad),  se encuentra dibujada toda la red fluvial, desde el río Orinoco hasta el río Grande en Tierra de Fuego.

De entrada, Gavin Menzies quiere hacernos creer que el mapa de Cantino de 1502 también ha sido dibujado por navegantes chinos: “La longitud de la costa oriental africana entre Ciudad del Cabo y  Yibuti, una distancia de siete mil millas marinas, es correcta con un margen de error de veinte millas marinas (veinte segundos de tiempo)”.  Pero resulta que los conocimientos astronómicos chinos  en 1421, según parece, no eran lo suficientemente sofisticados como  para poder trazar mapas precisos como los de Martellus (1489), Cantino (1502), Piri Reis (1513), entre otros. En cambio, sí había  cartógrafos en el s. XII en China que dibujaron el mapa de Yü Chi Fu.

 Menzies explica  que “un requisito esencial para determinar la longitud era una medición precisa del transcurso del tiempo. Los chinos medían el paso del tiempo por medio de la sombra proyectada por la luz del sol; disponían de un gnomon (*) de unos doce metros de altura y una clepsidra (**) o reloj de agua. Las mediciones de noche se llevaban a cabo utilizando diversos relojes de agua o clepsidras, que se calibraban a la luz del día con un gnomon”.  

Pensándolo bien, uno prefiere creer,  como Charles H. Hapgood y tantos otros modernos investigadores,  que en tiempos antiguos hubo un pueblo con amplios conocimientos técnicos  que todavía somos incapaces de explicar. Como.  por ejemplo, poder dibujar, antes de 1492,  en un mapa toda la red fluvial sudamericana, incluyendo lagos y montañas.

(*) Antiguo instrumento de astronomía, con el cual se determinaban el azimut y la altura del Sol.

(**) Artificio para medir el tiempo observando lo que tarda en pasar cierta cantidad de agua de un vaso a otro.

FUSANG: CHINOS EN AMÉRICA ANTES DE COLÓN

Se trata de una magnífica obra de Gustavo Vargas Martínez, antes mencionada. El autor, que por cierto es buen amigo de Paul Gallez y profesor en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH)  de México y ha colaborado en el Instituto de Idiomas de Beijing y en la Comuna Popular Puente de Marco Polo. Nacido en Bucaramanga (Colombia) en 1934, Vargas Martínez es también autor de “Atlas Antiguo de América ” (1995); “Atlas para la historia del descubrimiento de América (1992)”; y, entre otros,  “América en un  mapa de 1489” (1996). Es autor de más de setenta ponencias presentadas en congresos científicos internacionales de Asia, Europa y América Latina. 

Del “Fusang” de Vargas Martínez nos interesan especialmente las investigaciones  relacionadas con el sinólogo francés Joseph de Guignes de 1761 [“Recherches sur les navigations des chinois du coté de l’Amérique et sur quelques peuples situés a l’Extremité de l’Asie (Investigaciones sobre las navegaciones de los chinos en las costas de América y sobre algunos pueblos situados en el extremo oriental de Asia)]. Y como dice Paul Gallez en La Cola del Dragón, p. 147,  al identificar Fusang con América [“Le Fou-Sang des chinois est-il l’Amérique ?” (Memoires de l’Académie des Inscriptions et Belles Lettres, t.28 (1761), París. pp. 505-525] la tesis de Joseph de Guignes ha sido violentamente  atacada por orientalistas, que consideran que buscar Fusang en México, Mesoamérica o Perú es una exageración. Pero, a pesar de todo, la verdad sea dicha, el sinólogo francés también ha tenido sus partidarios. Sin embargo, lo veremos más adelante, De Guignes tenía razón.

Sin duda, De Guignes fue el primer europeo en hacer referencia a los orígenes chinos del hombre americano. En 1752, cuando se documentaba para la “Historia General de los Hunos, los Turcos, los Mongoles y otros Tártaros del Oeste”,  pensó que había encontrado descripciones en los anales de ciertos países al oriente asiático que no podían ser sino América.

Las razones de De Guignes –señala Vargas Martínez- se fundamentan, entonces como ahora, en la factibilidad de la navegación china transpacífica. Según el Liang Shu, embarcaciones chinas habrían recorrido las costas del norte asiático  y americano hace más de 1.500 años. Y asegura Josep de Guignes que los chinos hacían un extenso comercio hacia el año 458 d.J.C., e incluso llega a discutir la  probable continuación de travesías hasta Perú, donde se encuentran indicios de presencia oriental, aunque para ello habría que demostrar que se podía navegar a 1.200 leguas (4.800 millas) o 1.400 leguas (5.600 millas)   y atravesar de 60 a 70 grados.

Por otra parte, considero importante resaltar la opinión  de Gustavo  Vargas Martínez [“Fusang”, pp. 87-93] acerca de los conocimientos que tenían los hermanos Cristóbal y Bartolomé Colón del Océano Pacífico (entonces llamado Mar del Sur) y de  Asia. Se pregunta el Dr. Vargas si los “descubridores” navegaban a ciegas, y resuelve  que de ninguna manera:  los Colón y los Pinzón poseían toda la información geográfica de su época y , hasta donde fue posible, tuvieron a  mano los datos suficientes para lanzarse, no a una aventura, sino a una expedición normal, de las varias que se intentaron en su momento. Además, señala que “desconcierta hoy saber que los antiguos   griegos habían elaborado sistemas geográficos detallados con tanta precisión que parece inaudito que Erastótenes, Estrabón, Marino de Tiro y Tolomeo  no fueran de uso y lectura corriente, y que en cambio, las ideas bíblicas de San Agustín, San Isidoro y el mago Mandeville sentaran cátedra de sabiduría”.

Finalmente,  el croquis atribuido a Bartolomé Colón, revela el conocimiento de los viajes de los españoles realizados entre 1498 y 1500. Según Vargas Martínez, demuestra que los Colón sí sabían que se hallaban en tierras nuevas, al sur del continente , aunque por razones políticas insistían (sobre todo Cristóbal) en juntarlas con las antiguas de Asia.

“LA CUENCA DEL PACÍFICO: 4000 AÑOS DE CONTACTOS CULTURALES”

INDISCUTIBLE PRESENCIA CHINA EN LA AMERICA PRECOLOMBINA

La “Cuenca del Pacífico: 4.000 años de contactos culturales” es el título de una magnífica obra de investigación cuyo autor es Jaime Errázuriz Zañartu, arquitecto por la Universidad Católica de Chile, que demuestra científicamente y con profusión de mapas, dibujos y fotografías las estrechas relaciones mantenidas entre Asia, especialmente China,  y la costa americana del Pacífico durante muchos siglos  antes de Jesucristo.  El libro ha sido  publicado por la Universidad Católica de Chile en junio de 2000, un total de 1.000 ejemplares en castellano, lo cual, salvo honrosas excepciones, impide que la investigación sea conocida en las universidades de los Estados Unidos y por sus historiadores. Seguirán ensalzando, pues, los americanos del Norte al “imposible e impostor” Cristoforo Colombo como “descubridor” de América, sobre todo en la fiesta del Columbus Day en Nueva York cada 12 de Octubre. Yo propongo que se dé al verdadero “inventor de las Indias”: Cristóbal Colom, catalanoparlante y miembro de  una familia de Ibiza (Baleares)  lo que se merece y que a China se le reconozca el papel que ha tenido en el desarrollo de la civilización americana.

Jaime Errázuriz nació en París en 1925 y se ha convertido en una autoridad en el campo de las relaciones culturales entre Asia y la América precolombina. Aquí y ahora no intento resumir su obra como hice antes con “La Cola del Dragón” de mi amigo argentino Paul Gallez, pero sí exponer algunos temas muy importantes para la Historia de América y, sobre todo, recomiendo la lectura de la obra citada.

En el Prefacio, “Juzgando la evidencia de contactos transpacíficos”,  Betty J. Meyers, Investigadora Asociada de Smithsonian Institution, expone de manera clara que “los que consideran concluyente la evidencia de los contactos transpacíficos están perplejos por el rechazo que provoca en sus opositores;  una reacción, sin duda provocada por la llegada de nuevas ideas que están revolucionando la historia de la ciencia”. Por otra parte, hay que analizar el subtítulo del libro: < >. ¡Menuda pregunta!, teniendo en cuenta que un guacamayo es una ave de América, una especie de papagayo del tamaño de una gallina, de plumaje verde, azul y rojo. Pues bien, la respuesta de Betty J. Meyers es contundente: “La única razón de la negativa a admitir que las esculturas y las imágenes en los códices Maya  son elefantes indios se debe al hecho de que tal admisión destruiría los fundamentos de la doctrina de una evolución independiente  de la cultura americana…”.

La gran prueba de que hay elefantes representados en Mesoamérica se encuentra  en una estela en la Gran Plaza de Copán, en las ruinas de la ciudad maya,  que Jaime Errázuriz presenta en buena fotografía en la página 153. Se hace muy difícil, afirma el autor, y yo digo lo mismo,  creer que esas trompas sean picos de guacamayo. Copán es un Departamento de Honduras, con 3.203 km2, fronterizo por el oeste con Guatemala y está situado en 14º 50 N. y 89º 09 W.

“En una encuesta entre gente común –expone Jaime Errázuriz-, con seguridad la casi totalidad diría ver en la estela citada dos cabezas de elefantes con sus respectivos conductores con unos turbantes; sin embargo, extrañamente, a mayor conocimiento arqueológico se distorsiona esta interpretación, entrando dudas por los prejuicios de los aislacionistas, quienes piensan que no era posible encontrar en América precolombina alguien que supiera representar la imagen de un elefante, pues de ser así implicaría reconocer que hubo contacto directo entre los dos continentes . Por lo tanto –apuntilla Errázuriz-, han preferido ver loros y aún tortugas con tal de no admitir esa posibilidad”.

Al mismo tiempo,  señala que el aislamiento  podrá producir sociedades estables y amables, pero jamás progresistas, y añade: “Por esta razón, cuesta creer en los textos de historia que nos enseñan cómo de la nada, súbitamente, sin antecedentes previos, sin etapas de experimentación, y sin intervención foránea, los Olmeca (*) impulsaron el arte del jade a la perfección y los Chavín (**) impulsaron y dominaron la metalurgia”. 

(*) Individuo de un grupo de pueblos precolombinos que se desarrollaron en la costa del golfo de México, en el actual estado de Veracruz, entre el 800 y el 300 a.J.C. Se trata de la más antigua cultura mexicana y, posiblemente, la más creadora.

(**) La cultura de Chavín se data en el Perú precolombino (850-300 a.J.C.), y es la más antigua que se desarrolló en los valles de Chavín,  de Huantar, Casma, Empeña, Cupisnique y Lambayeque. La gente de dicha  cultura eran agricultores y conocía la metalurgia del oro y la plata, y el tejido de la lana y el algodón; fueron buenos constructores, escultores y ceramistas.

Volviendo al fascinante tema de los elefantes en América, la verdad es que ya conocía el tema desde 1991, año en que me enviaron de Alemania el libro de Heinke Sudhoff, “Sorry, Columbus- Seefahrer der Antike entdecken  Amerika” (Gustav Lübbe Verlag GmbH, Bergisch Gladbach, 1991). Se trata de otra obra similar a la de Jaime Errázuriz, pero su autora intenta demostrar, y parece que lo consigue,  con alarde de fotografías, ni más ni menos que  203, la profunda relación cultural entre América precolombiana y el Mar Mediterráneo.

Heinke Sudhoff, en la página 158, muestra dos ilustraciones. En la primera podemos ver una tableta de piedra con una inscripción escrita en libio y un elefante en la parte superior,  y es del siglo III a.J.C.  Curiosamente, el hallazgo tuvo lugar en Ecuador, país situado en la costa del Pacífico. La segunda fotografía es otra estela con inscripción fenicia y un elefante  en la parte inferior. Es del siglo II a.J.C. y se conserva en el Museo de Cartago. ¿Qué pensar del hallazgo en Ecuador? Pues mi opinión es que podría confirmar la hipótesis e los viajes fenicios entre el mar Rojo y Sudamérica, como hemos visto anteriormente en “La cola del Dragón” de Paul Gallez.    

Otra cosa importante es que los aislacionistas –dice Jaime Errázuriz- consideran que las analogías entre Asia y América son debidas a invenciones independientes propias del hombre autóctono y que aquellos viajes transpacíficos no eran posibles por haber más de 9.000 millas náuticas entre las dos costas, distancia que, estiman, era imposible de superar debido al poco desarrollo de la navegación hace unos 5.000 años. 

 Sin embargo, Betty J. Meyers nos habla de  nuevas investigaciones serias y científicas,   sensacionales , y lo hace en el prefacio: “En cuanto a la resolución de la controversia sobre los contactos transpacíficos, dependerá de evidencias concluyentes similares, habiendo dos prometedores candidatos: la existencia entre poblaciones precolombinas andinas de un retrovirus de origen tropical asiático que solamente podría haber sido transmitido por una persona viva [Betty J. Meyers, “Introducción en Evolución y Difusión Cultural, Ediciones Abya-Yala, Quito, 1998, pp. 7-28] y,  asimismo, la identificación de escritura Shang en símbolos Olmeca, ya que atribuir a estos dos casos una invención independiente violaría los principios básicos de la teoría de la evolución”.

LEUCEMIA ASIÁTICA EN MOMIAS PRECOLOMBINAS DE CHILE

Jaime Errázuriz amplía la información sobre el retrovirus asiático en la página 103 (y yo también lo hago gracias a Internet)  de la “Cuenca del pacífico: 4.000 años de contactos culturales”,   informando que se ha descubierto  una variedad de leucemia: el virus linfotrópico  de células humanas T tipo 1 o human T-cell lymphotropic virus type 1  (HTLV-1), que se encuentra principalmente en la región de Kyushu en Japón y también entre los aborígenes de Australia y en Sudamérica, concretamente en la parte andina. El hallazgo  fue publicado en “Cuadernos del Japón”, Vol. III, nº 1 de 1994. La investigación, llevada a cabo por un grupo de especialistas japoneses y chilenos,  fue dirigida por el Dr. Tajima Kazuo, director de Epidemilogía del Aichi Cancer Center Research  Institute, de Nagoya, Japón.  También  se han encontrado  anticuerpos entre   indios Mapuche de Chile contemporáneos.

Para la verdadera historia de los predescubrimientos de América, y para los viajes transpacíficos precolombinos, lo importante es poder afirmar que el retrovirus ha sido encontrado al estudiar 104 momias, de unos 1.200 o 1.500 años de antigüedad,   preservadas en el desierto de Atacama, norte de Chile;  bien conservadas por cierto gracias a la sequedad y al salitre de los terrenos. En dos de las momias se pudieron obtener muestras de ADN de la médula ósea  y las secuencias coinciden perfectamente con las del virus tipo HTLV-1, que actualmente infecta a los japoneses [“Nature Genetics”, Diciembre de 1999]. “Este hallazgo confirma que estos virus, originarios de Asia, llegaron a América antes que lo hicieran  los españoles”, señala Kenneth Kidd de la Universidad de Yale.

Para algunos expertos  como Josie Glauisusz [Discoverer, Vol. 21, No. 3, Marzo 2000], los análisis de Tajima Kazuo y el virólogo Shunro Sonoda , que han pasado diez años analizando a descendientes de los primitivos habitantes de Sudamérica, vienen a  demostrar que el retrovirus llegó a las costas americanas de Pacífico en la sangre de inmigrantes asiáticos, una gente que habría cruzado por el entonces helado estrecho de Bering hace 12.000 o 25.000 años. Sea cómo sea, llegando los asiáticos a Sudamérica  deambulando por Alaska hacia el sur  o navegando por el Pacífico, no se puede poner en duda, a la luz de la ciencia, que japoneses de hoy comparten el mismo HTLV-1 que momias precolombinas  de los Andes, afirma el Dr. Tajima Kazuo.

CONTACTOS INDUDABLES ENTRE  LA ANTIGUA CHINA Y  PERÚ

No voy a presentar un resumen pormenorizado del resto del libro de Jaime Errázuriz, pero sí destacar algunos puntos importantes, entre ellos la gran cantidad de nombres geográficos del Perú, en uso actualmente, que coinciden con vocablos chinos. Los veremos más adelante.

El contenido del libro, de 227 páginas con 195 ilustraciones, refiere la aparición del hombre japonés en América,  contactos entre Mesoamérica y Sudamérica, la cultura Chavín y su misterioso origen chino, elementos asiáticos en costas ecuatorianas, cómo el mensaje de Buda llega a América, ideas americanas aparecen en el sudeste asiático y conclusiones. Veamos ahora datos concretos:

A)    Alrededor del año 200 después de Cristo, los viajes transpacíficos chinos parecían haber cesado, posiblemente debido al largo período de conflictos políticos internos que culminaron con la caída de la dinastía Han.

B)     Los conocimientos que la cultura Chavín tenía de la aleación y soldadura de los metales, solamente puede explicarse porque estas técnicas estaban publicadas en China 500 años antes de Cristo en el libro “Kuagonggi” (El Registro de los artesanos), el primer texto conocido en el mundo en discutir las fórmulas de aleaciones, y en mencionar la dependencia de su composición con las del punto de fusión. El autor nos remite a un anexo donde puede conocerse la gran dificultad que presenta dominar esta tecnología.

C)    Al estudiar los elementos asiáticos en las costas del Ecuador, señala Errázuriz que no pudo ser una coincidencia y menos una discutida “unidad psíquica” del hombre el que hasta nueve distintos rasgos culturales asiáticos hayan aparecido simultáneamente en el continente americano, que tiene una extensión de costa al Océano Pacífico de aproximadamente 16.000 kilómetros, únicamente en  menos de 200 kilómetros de extensión del litoral ecuatoriano; y por añadidura no lo hicieron separados en el tiempo, pues la gran mayoría de estos objetos con estas características han sido encontrados en excavaciones en los mismos niveles estratigráficos correspondientes al período cercano a los inicios de la era cristiana. Entre los nueve distintos rasgos culturales destaca la tipología arquitectónica, las almohadas o apoyanucas, los grandes vasos trípodes, las pesas para redes de pescar o las figuras sentadas. En realidad, mucho más difícil de creer   en viajes transpacíficos –apunta Jaime Errázuriz- es pensar que nueve elementos culturales disímiles hayan podido ser inventados simultáneamente en un corto lapso de tiempo, y que estos inventos tengan su contraparte en Asia, y no, como sería lógico, en sus vecinos y aún en Mesoamérica. Para mejor comprensión, el lector encontrará numerosas ilustraciones de los citados elementos culturales.

D)    Otro vínculo de Asia con Sudamérica es la rueda, aunque  nos enseña la historia oficial que en América, antes de la llegada de los españoles, no se conocía. Y no es cierto. Y no lo es porque se han encontrado en excavaciones arqueológicas numerosos y distintos juguetes con ruedas en Mesoamérica, al igual que se han localizado en India y China . El autor de “Cuenca del Pacífico: 4.000 años de contactos culturales” pregunta: “¿Cómo puede alguien, más o menos sensato, creer que el hombre en América inventó la rueda, motivado por hacer un juguete para entretener a los niños y además creer que por pura casualidad lo hizo igual a unos que había en India exactamente en la misma época? Y para intentar explicar que no hubiera prosperado la aplicación del invento de la rueda, el autor [J. Errázuriz] lo justifica por la falta de caminos, la falta de puentes, el no haber animales  de tiro y también los ásperos terrenos y los tupidos bosques por los cuales circulaban; todo esto,  unido a su habilidad para llevar más de un peso en sus espaldas con una simple faja, la hacía innecesaria.

E)     En las conclusiones, Jaime Errázuriz hace una importante referencia a Michael D. Coe [“Directions of Cultural Diffusión; Review of Meggers 1966”. Science 155; 184-186 / “The Olmec Heartland; Evolution of ideology”. En Regional perspectives of the Olmec, editado por R.J. Grove, pp. 68-82. Cambridge University Press, 1989], que aporta más luz sobre los contactos entre Asia y Sudamérica: “Aún más extraordinario, como nos recuerda el historiador de ciencia Dr. Joseph Needham, es que astrónomos chinos de la dinastía Han así como los antiguos Maya usaban exactamente los mismos complejos cálculos para dar aviso acerca de la posible ocurrencia de eclipses lunares o solares. Estos datos sugerirían que había un contacto directo a través del Pacífico. Como la navegación oriental estaba siempre en un plano técnico más elevado del  conocido en el Nuevo Mundo prehispánico, es posible que intelectuales asiáticos hubiésen establecido algún tipo de contacto con su contraparte mesoamericana por los fines del Preclásico”. Debemos recordar que la dinastía Han transcurrió desde el año 206 a.C. hasta 220 d.C. y que la civilización Maya duró del 300 a.C. al 800 d.C.; o sea, fueron contemporáneos durante  más de 400 años. Y dejamos a Jaime Errázuriz por un momento. Josep Corbella, en “La Vanguardia” de Barcelona (14 marzo 2003),  nos recuerda que la Maya, no hace falta repetirlo aquí, fue una de las civilizaciones más prósperas de la historia. Conocían el número cero; los sacerdotes eran también astrónomos y sabían predecir con precisión los eclipses solares; tenían una escritura jeroglífica  que aún no ha sido totalmente descifrada. Su expansión demográfica se basaba en el cultivo del maíz a gran escala; y eran buenos arquitectos: sus principales monumentos incluyen palacios, templos, canchas para juegos de pelota, baños de vapor y tumbas. Pero la sensacional  información de “La Vanguardia”  es que una sequía de 150 años acabó con ellos, según unos estudios publicados en la revista “Science” [Vol, 299, No. 5613] en su edición correspondiente al 14-03-’03. O sea, no hay misterio sobre la desaparición de los Maya,  sino que una prolongada sequía en Yucatán condujo a una catástrofe demográfica y acabó con una gran civilización.

F)     Jaime Errázuriz recoge también en su obra la fabricación de papel para libros plegables en Mesoámerica. Lo detalla Michael Coe, citado anteriormente, al estudiar el trabajo del Dr. Paul Tolstoy, de la Universidad de Montreal [“Paper Route”, en Natural History 6/91, 1991]. Tolstoy ha hecho un meticuloso estudio del caso de las técnicas y herramientas utilizadas en la fabricación del papel de corteza alrededor del Pacífico. Esta tecnología, conocida en la China antigua, el Sudeste Asiático y Mesoamérica, se difundió del  E. de  Indonesia a Mesoámerica y el uso principal de tal papel fue la producción de libros plegables para registrar rituales, calendarios e información astronómica. Es de suponer que fue por medio de estos libros –señala el Dr. Tolstoy-  que todavía están en uso en pueblos como los Batak, lo que muestra que tuvo lugar un intercambio cultural. Los Batak son un poderoso pueblo  malayo establecido en la región que rodea el lago Toba, en el N. de Sumatra. Las conclusiones de Paul Tolstoy son interesantes y parecen evidentes: “Alguien debe sino haber transferido  el modelo de los libros, al menos trajo la idea a Mesoámerica. Los primeros batidores de corteza para la fabricación de papel aparecen en el área Maya y mayormente en la planicie costera del Pacífico hace 2.500 años, unos 200 años más tarde que aquellos encontrados en el Sudeste Asiático. Y es que la llegada de los batidores corresponde a los inicios y formación de la cultura Maya, única en tener libros en América”. Finalmente, sobre el tema de los viajes transpacíficos, Michael Coe nos dice que  “… esto no implica que los Maya o cualquier otra civilización mesoamericana fuera meramente derivativa de prototipos del Viejo Mundo. Lo que sugiere es que unas pocas veces en su historia los Mayas pueden haber sido receptores de algunas ideas importantes originadas en el Hemisferio Oriental”.

G)    La toponimia  peruana es otro dato decisivo y muy a tener en cuenta a la hora de poder afirmar que en tiempos precolombinos hubo una intensa relación entre China y Perú. Se han localizado 89 nombres peruanos que tienen un significado en chino, y también 118 nombres geográficos peruanos que tienen su equivalente en nombres geográficos chinos. Jaime Errázuriz los presenta  a todos en dos listas, y habían sido recogidos previamente por Francisco A. Loayza [“Chinos llegaron antes de Colón”, Lima, 1948]; Germán Stiglich [“Diccionario Geográfico del Perú”, Lima, 1922];  y A.M. Hamelin [“Dictionnaire Alphabetique Chinois-Français”, París 1887].    

Paul Gallez, en correo electrónico de fecha 26 de marzo de 2003, me comunicaba que terminó  la lectura de “Cuenca del Pacífico: 4.000 años de contactos culturales”, de Jaime Errázuriz,  y dice: “Lo que resulta nuevo para mí es el gran desarrollo de la toponimia china en  Perú. El tema de los chinos –añade- en Perú es viejo. En la Edad Media en China, y a partir de 1761 en Francia con De Guignes y otros, en pro y en contra, como Eichtal, De Guignes, Hennig, Klaproth, Leland, Neumann, Paravey,  Schlegel, Sherbondy de Tord, Vinning, Vivien de Saint Martín y Wheeler Pires Ferreira, todos ellos citados en la bibliografía de mi libro “La Cola del Dragón”. Lo nuevo en Errázuriz no es nuevo, pero era desconocido: su mapa de los topónimos chinos con datos sacados de libros olvidados de 1877 y 1992. Creo que es definitivo, y que pone fin a la disputa empezada en 1761. De Guignes ha triunfado después de 240 años”.

LOS CORDONES ANUDADOS “QUIPO”

Gustavo Vargas Martínez, en “Fusang: Chinos en América antes de Colón”, pp.52-55, plantea un  intrigante tema que apunta a otro vínculo cultural de enorme trascendencia en la vida de  la Sudamérica precolombina. Dice que “mención especial merecen los cordones anudados, porque no son sólo un  elemento de confrontación de analogías, sino que significan, fundamentalmente, un sistema adquirido, un aprendizaje. El famoso sinólogo jesuita P. Martín (*), en la Histoire de la Chine, ya había llamado la atención sobre el antiquísimo sistema chino de anudar cordones mucho antes de que entre ellos se conociera la escritura; colocando los nudos a cierta distancia, utilizando colores diferentes y mediante precisas convenciones se creaba un código de señales que sustituían formas de contar y de escribir”. Lo sorprendente -afirma Gustavo Vargas- es que “igual sistema se encontró entre los incas, tan evolucionado que servía de registro público para los anales y las cuentas del Estado, las observaciones astronómicas, los tributos e impuestos, e incluso como medio de comunicación, puesto que servía para transmitir, a largas distancias, noticias y mensajes”. Entre los incas se llamó quipus o quipos, y entre los chinos se llamó el método qi pui,   “memorizar a espalda”; actualmente se conoce en China el mismo sistema como chie sheng. Cualquiera puede aceptar que el quipo es, a su vez, un predecesor del ábaco (**), tan generalizado en nuestros días en Asia en general.  

(*) Martín Marini nació en Trento, Austria, en 1614. Murió el 6 de junio de 1661 en Hangtschen (China).

(**) El ábaco es un cuadro con diez alambres paralelos y en cada uno de ellos otras tantas bolas movibles usado en las escuelas para enseñar a los niños a contar.

Pero fue Alexander von Humboldt [“Atlas Geographique et Physique du Royaume de la Nouvelle- Espagne”, Paris, 1811] quien asoció los quipus americanos con los asiáticos, concretamente con los chinos, y se fundamenta en esta analogía para sugerir migraciones chinas al “este de California” entre los siglos VI y VII, precisamente cuando los viejos libros chinos narran el viaje de Hui Shen a México.

El caso es que nuestros días hay un gran interés entre investigadores de América para  conocer los quipu en profundidad. Es algo así como si les estuvieran haciendo la autopsia, valga la expresión,  en base a las técnicas más modernas. En mi caso, leí en la revista “Historia y Vida” [Barcelona, No. 425/Año XXXV, Agosto 2003] que Gary Urton, profesor de Antropología de la Universidad de Harvard,  dice haber dado con la función del quipu, sistema inca de nudos sobre cuerdas.

Según la teoría convencional, los quipu se usaban para plasmar números, pero Urton cree que constituyen un sistema de escritura. Cada quipu contiene un código binario de siete bits capaz de combinarse en  más de 1.500 unidades de información. Si se confirma, los incas no sólo habrían inventado un código binario 500 años del informático, sino que lo habrían usado como parte del único lenguaje escrito dotado de tres dimensiones”. ¡Hay qué ver la de sorpresas que nos deparan los pueblos  de la América prehispánica!

Para tener más información sobre el tema  compré el libro en Estados Unidos [“Signs of the Inka Khipu – Binary coding in the Andean knotted-string records”, University of Texas Press, Austin, 2003] lo recibí el 18 de Agosto de 2003, lo he leído y debo admitir que no me ha sido  fácil de entender. Sin embargo, vamos a ver las conclusiones de Gary Urton: Finalmente, partiendo de las  aportaciones de gran relevancia de los especialistas en quipus, tanto del presente como del pasado (en especial L. Leland Locke, Marcia Ascher y  Robert Ascher, y William J. Conklin), este trabajo ha intentado introducir en los estudios de los Incas una nueva forma de análisis: él del código binario. Las ideas y los conceptos centrales que creo haber añadido al debate existente sobre la naturaleza de los archivos  quipu son los siguientes:

(a)    una elaboración de la idea de que un código  binario fue uno de los mecanismos y estrategias del quipu inca;

(b)   una separación entre el código del archivo y el escrito, o el mensaje  que se puede “leer” dentro del quipu;

(c)    el argumento que el código binario del quipu representaba una forma de poner en clave unos elementos emparejados, con una relación de oposición binaria entre sí, y que, a nivel semántico, esta relación tenía una carácter conocido dentro de la literatura como relación acusada;

(d)   un intento de esbozar una teoría para la interpretación de los signos jerárquicos y asimétricos (es decir marcados / sin marcar) especialmente dentro del quipu no decimal (“anómalo”),  como la arquitectura para las literaturas canónicas (por ejemplo,  la poesía o las narrativas históricas) cuyos componentes  esenciales habrían sido anotadas por los quipucamayoc (*) y utilizados como marco –llamémosle mnemónico o un sencillo escrito de número / objeto- para la construcción de las  narraciones.

“En el futuro –concluye el profesor Gary Urton-,  espero que encontremos que éste sea un modelo productivo y útil en que basarnos en nuestros estudios futuros de estos artificios  de archivo  de los mundos precolombino y andino colonial”.

(*) El quipucamayoc, persona educada por los amautas (**) en escuelas especiales llamadas Yachayhuasi, era el especialista en elaborar, “leer” y archivar los quipus; podía ser de la nobleza, de no serlo era una persona “honorable” dotado de una memoria prodigiosa. Puede decirse que el Quipucamayoc era lo que es hoy el analista económico; igualmente,  el quipu,  para los incas,  era lo que es hoy el moderno computador para los economistas. (En el boletín del Colegio de Economistas de Lima, de 27 de mayo de 2003).

(**) Los amautas son los Maestros Andinos (filósofos, sacerdotes, políticos, científicos, ingenieros, artistas, diseñadores…) que durante milenios se  encargaron de producir, mantener, desarrollar y transmitir los valores culturales ancestrales del pueblo Inca. (www.enjoyperu.com, actualizado el 15 septiembre  del 2003).

Por otra parte, William Burns Glynn [“Decodificación de quipus”, Banco Central de Reserva del Perú: Universidad Atlas Peruanas, 2002], ingeniero textil, presidente Honorario de la Academia Mayor de la Lengua Quechua, un inglés de 80 años que ha vivido más de treinta años en Perú y que es autor de varios libros sobre la historia y cultura peruanas, en su última obra viene a  demostrar que sí hubo escritura en el Incario, ya que “los quipus no sólo sirvieron como registro contable sino que incluso fueron receptáculos de poemas”. Las investigaciones de William Burns llevaron a una primera conclusión, en el sentido de que los quipus debían operarse a través del sistema decimal. A partir de este criterio –como lo explica el Dr. Virgilio Roel Pineda- quedó planteado otro problema  relativo al descubrimiento de las grafías de un alfabeto de sólo 10 signos y no de 28 o más letras como los que se emplean en las lenguas occidentales. Burns excluyó de su modelo de representación  los sonidos vocales, al modo de las escrituras hebrea y arábiga, que operan sólo con consonantes. Después, William Burns fue reduciendo el número de los signos consonantes excluyendo a los de similar sonido. De esta manera determinó 10 consonantes que adquirieron   significado al relacionarlas con los colores de los hilos de los quipus y comprobó que los signos geométricos que acompañan la “Nueva Crónica de Buen Gobierno”,  de Felipe Guamán Poma de Ayala, arrojaban un coherente sistema de escritura. Como prueba del sistema de expresión, el libro de Burns presenta el estudio y decodificación de diez quipus. (Información de JCM en www.caretas.com.pe, No. 1771,  8 de Mayo de 2003).

LA HIPÓTESIS EGIPCIA 

Escribe Paul Gallez en La Cola del Dragón que la hipótesis que se refiere a los viajes más antiguos hacia tierras muy lejanas que no han sido identificadas con seguridad  es la de las expediciones a la Tierra de Punt [Richard Hennig, Terrae Incognitae, 4 Vol., Leiden, Brill 1950, en Vol. I, p. 5-13]. El primer viaje hacia esta región del cual se tiene referencia, es el que organizó el faraón Sahure, de la V dinastía (ca. 2550 a.J.C.). Sus barcos trajeron de Punt y de las numerosas otras tierras e islas donde hicieron escala incienso, mirra, oro, plata, maderas preciosas y esclavos. No todos estos productos venían de la Tierra de Punt y, por consiguiente, no tenemos que buscar en un país donde se produzca la totalidad de estas riquezas.

El faraón Asa (Isesi) siguió el ejemplo de Sahure, hacia 2400 a.J.C.,  y envió también sus flotas hacia la Tierra de Punt.  Una princesa de la VI dinastía se llevaba a su tumba,  para el viaje al País de los Muertos, color de labios con base de antimonio, un metal totalmente desconocido en Egipto y en sus países vecinos. De la misma época es la piedra tumbal de Knemhotep, piloto de  Elefantina, que había hecho once viajes a la Tierra de Punt [Paul Herrman: La aventura de los primeros descubrimientos, Enciclopedia Labor, 1967].

Bajo la IX dinastía, el faraón Seanjkare organizó nuevas expediciones hacia la misma tierra misteriosa, también con éxito. Los viajes más conocidos, y quizás los más fructíferos, son los que organizó la reina Hachepsut (llamada también Hatsheput, Hatcheposut, Huschpeswa, Hatashopsitu, Hachepsowe, Hatasuput, Hatscheposut, Huschpeswa, Hatashopsitu, , Hachepsowe, Hatasu 1501-1482 a.J.C.) cuyas relaciones están grabadas en el templo de Deir-el-Bahari que ella mandó edificar en Tebas en honor de Amon-Ra.

La expedición principal de Hachepsut se componía de por lo menos cinco  grandes navíos de treinta remeros cada uno. Salieron en 1483 a.J.C. de un punto del Mar Rojo  y tardaron tres años en regresar.

Una de las inscripciones del templo de Deir el-Bahari dice: “Los habitantes de Punt preguntaron: ¿cómo habéis llegado a este país desconocido de los hombres? ¿Habéis venido volando por los senderos del cielo,  o habéis navegado por el Gran Océano del País de los Dioses?” [Richard, Hennig: Terrae Incognitae, 4 vol., Leiden, Brill 1950, I 5 Ophir].

 ¿Cómo no dejarse tentar por unas interpretaciones que surgen naturalmente y se confirman recíprocamente? La expresión Gran Océano designa hasta hoy el Océano Pacífico. El País de los Dioses, en todas las mitologías, el Occidente, que sitúa el Pacífico al oeste de Punt y coloca por tanto Punt en América.

 Según la relación de Ramses IV en el Papirus Harris de la British Library, el faraón Ramses III  mandó al Punt una expedición de 10.000  hombres en el año 1180 a.J.C. La última expedición conocida, de mediados del siglo II a.J.C.,  se preparó con ayuda de comerciantes y banqueros de Massilia, la actual Marsella [Hans Philip : art. Massilia in Paulys Realenciclopedie  der classichen Altertumswissenschaft XIV/2. Sttutgart, Druckenmüller,  1930].

Las naves egipcias dedicadas a la navegación de altura tenían una eslora  de unos treinta metros y un porte de hasta ochenta y cinco toneladas. Su fondo plano les permitía con,  viento favorable, navegar a gran velocidad. Cuando reinaba la calma, los remeros entraban en acción y permitían seguir  el viaje sin esperar el cambio de viento.

Los egiptólogos no están de acuerdo sobre la localización de la Tierra de Punt. Unos propone Eritrea, otros Somalia o Zimbawe o el Hadramaut o la India. Pero cualquiera de estos lugares está demasiado cerca del mar Rojo para justificar la duración del viaje: tres años en todos los casos relatados por los documentos egipcios.

Paul Gallez [en Trois thèses de predecouverte de l’Amérique du Sud  par le Pacifique. Gesnerus 33 (1976), Aarau, Zurich] sugiere una nueva interpretación. Sitúa la Tierra de Punt en Sudamérica, probablemente en la región de Puno en los bordes del lago Titicaca en territorio peruano. Allí se obtiene anualmente el 70% de la producción de oro del Perú, así como antimonio, mercurio, zinc, estaño y cobalto. Se encuentran en la región viejas minas de oro y de antimonio sobre cuya antigüedad los arqueólogos no están de acuerdo. Los barcos del lago Titicaca,  hechos con totora (planta herbácea de las tifáceas, de tallo largo, a manera de junco con una mazorca cilíndrica al extremo), se parecen tanto a los del antiguo Egipto que Thor Heyerdhal fue a Puno a a reclutar a los hombres que le construyeron, en las orillas del Nilo, su barca de papiro Ra II. Puno se halla cerca del Pacífico, 240 kilómetros en línea recta, y las ruinas de los valles intermedios pertenecen a las mismas civilizaciones tiwanaqueña o pretiwannaqueña [José Imbelloni: La segunda esfinge indiana. Buenos Aires, Hachette 1956, p. 90].

La hipótesis de Puno merece un estudio especial y, por lo que se puede decir en el estado actual de la cuestión, es tan aceptable como las otras localizaciones propuestas para la Tierra de Punt. 

INSCRIPCIONES EGIPCIAS EN AMÉRICA

Con el paso del tiempo,  los investigadores tenaces suelen obtener nuevas informaciones que enriquecen trabajos anteriores. Es el caso de Paul Gallez  en relación a los antiguos egipcios en América, publicado en Predescubrimientos de América [Instituto Patagónico, Bahía Blanca, 2001, p.52 y ss.].  Dice el sabio belga-argentino: “en 1976, Barry Fell [América A.C. Los primeros colonizadores del Nuevo Mundo. México, Diana, 1983]dio su traducción de una inscripción trilingüe hallada en el túmulo funerario de Davenport, en Iowa, describiendo la celebración egipcia del Año  Nuevo en el equinocio de marzo. Las tres lenguas son el egipcio, el ibero púnico y el libio. Esta lápida ha sido fechada alrededor del año  800 a.J.C., durante la XXIª dinastía (libia) de Egipto. Las expresiones referidas a la astronomía y a la religión en la escritura hierática egipcia no difieren más que en textos copiados por manos diferentes”.

Según la televisión francesa –escribe Paul Gallez-, una momia egipcia de la misma XXIª dinastía fue perfumada con tabaco y cocaína, dos productos típicamente americanos [“Predescubrimientos de América”, Bahía Blanca, 2001].

Un descubrimiento sensacional, también de Barry Fell, es el uso de signos jeroglíficos por los indios Micmac de Acadia, la parte del Canadá situada al norte del Maine y al sur del estuario del río San Lorenzo. Esta tribu, que pertenece al grupo algonquino (*), fue evangelizada en el siglo XVIII por el abate Maillard (**), quien escribió en jeroglíficos, para sus parroquianos, un catecismo, una historia religiosa, el rito de la misa, las oraciones principales y algunos salmos. Para sus compatriotas franceses, Maillard redactó en 1738 su Manuel hieroglyphicus Micmac. Se ha creído durante dos siglos que Maillard había inventado estos signos jeroglíficos para escribir las oraciones de sus fieles, pero en 1823, sesenta y un años después de la muerte de Maillard, Champolion empezó a descifrarlos. Ahora Barry Fell ha demostrado que estos jeroglíficos egipcios son muy similares a los de los Micmac. ¿Cómo pudo Maillard aprender la escritura egipcia antes que Champolion revelara su lectura e interpretación? Respuesta inevitable, sentencia Gallez: los Micmac conocían y usaban la escritura jeroglífica egipcia y la  habían aprendido de los propios egipcios. Cómo y cuándo, si por colonización o de otra manera, son problemas sin resolver, pero haberlo planteado ya es un gran progreso para la ciencia. Lo cierto es que los algonquinos contemporáneos celebran cada año la llegada de sus ancestros a América por mar, pero no saben ni de dónde ni cuándo vinieron.

En otro capítulo, Fell nos muestra una inscripción grabada en Texas en idioma libio escrito con alfabeto Ogam, donde se señala que allí llegó una tripulación del rey Shishong, nombre de varios reyes de Egipto entre 1000 y 800 a.J.C.

Para Sudamérica, Barry Fell pudo convencer a pocos chilenos que la inscripción rupestre de Tinguiririca (34º 45’ S) expresa una pretensión territorial egipcia. Las inscripciones fueron encontradas  en una cueva situada en los Andes por Karl Stolp en 1885 y  el resultado de su investigación se publicó en la revista de la Sociedad Científica de Santiago en 1877.

Años más tarde, octubre de 1974, Barry Fell encontró el artículo de Karl Stolp  con  la reproducción de la inscripción principal en la gruta de Tinguiririca y constató que pertenecía a la misma expedición que recaló en Nueva Guinea. Fell tradujo el litoglifo como sigue:

“Límite sur de la costa alcanzada por Mawi. Esta región es el límite sur de la tierra montañosa que el comandante reclama mediante proclamación escrita en esta tierra triunfante. A este límite sur llegó la flotilla de barcos. El navegante reclama esta tierra para el rey de Egipto, para su reina y para su noble hijo, comprendiendo un curso de 4.000 millas escarpado, poderoso, levantado en lo alto.

                                                                               Agosto, día 5  del año 16 del Rey”.

En aquella fecha, el faraón era Tolomeo III Evergetes, la reina se llamaba  Berenice  y el hijo el futuro faraón Tolomeo IV  Philopator. La lengua era la de Libia,  emparentada con el egipcio y el maorí antiguo;  la escritura libia se utilizó en Nueva Zelanda hasta el siglo XV.

La larga experiencia del epigrafista Fell en la traducción de litoglifos libios y maoríes asegura la seriedad de la traducción que nos ofrece.

Pero como en Chile, al parecer, nadie entendía el libio antiguo y el maorí, los intelectuales rechazaron el estudio y Fell fue tachado de farsante Se dijo  “que confundir los dibujos pintados con escritura es un error inaceptable” [en La Semana Científica y Tecnológica, Año IV, nº 131 y 132 (13 y 20 de marzo de 1975) Santiago de Chile, Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica].

El asunto se dio por terminado en Chile, pero la identificación de Fell de litoglifos egipcios en Iowa y del origen egipcio de los jeroglíficos micmacs imponen una revisión de todo lo relativo a los egipcios, cuya influencia en América ya ha sido comprobada por los estudios de Ibarra Grasso, Heinke Sudhoff y otros antropólogos y arqueólogos. Como afirma Paul Gallez, ante el rechazo de los intelectuales chilenos, parece claro que

 “en el mundo entero, el hombre es renuente a admitir lo que no entiende”.

(*) Nombre genérico de los individuos pertenecientes a la familia lingüística india en un tiempo muy extendida en Norteamérica. Las tribus algonquinas se hallaban dispersas desde el río Churchill hasta las Carolinas y desde Terranova a las Montañas Rocosas.

(**) Antoine Simon Maillard (1710-1762). Falleció en Halifax (Canadá) el 12 de agosto de 1762.    

LOS EGIPCIOS EXPLORARON  AMÉRICA DEL SUR ANTES DE JESUCRISTO  Y SABÍAN CALCULAR LA LONGITUD

El torquetum es un ingenioso instrumento utilizado para medir directamente coordenadas eclípticas sin necesidad de cálculos a partir de otras coordenadas. Con el torquetum, denominado así en 1492, o tanawa, antes de Cristo, se podía medir la distancia lunar y de otros cuerpos celestes, y con la ayuda de tablas astronómicas   calcular la longitud del lugar de manera muy aproximada.

Vemos aquí el dibujo de un tanawa o torquetum encontrado en las “cuevas de los navegantes”, situadas en la bahía de McCluer, cerca de  Sosora, Irian Jaya (lat 5º S, Lon. 138º E) Nueva Guinea Occidental. (Cortesía de Barry Fell en “America B.C.”, New York, Simon & Schuster, 1976, p. 118). La fotografía del torquetum moderno es  de Richard A. Paselk en website humboldt.edu

En las mismas cuevas también se encontraron unas inscripciones descifradas por Barry Fell, en 1970,  en las que  se relata  que en el año 232 a.J.C. zarpó del Mar Rojo una flotilla egipcia de seis naves bajo el mando de Rata y Mawi, amigo de Eratóstenes (275-194 a.J.C), que habría llegado a las costas occidentales de América. Información facilitada por Rick Sanders [“Ancient navigators could have measured the  longitude”] en octubre del año 2001, publicado  en  21st. Century Science & Technology Magazine. Más información en website 21stcenturysciencetech.com

Más datos relacionados con los anteriores encontrará el lector en esta website: “Inscripciones egipcias en América”, basadas en la obra de Paul Gallez [Predescubrimientos de América, Bahía Blanca (Argentina), 2001, pp. 52-59]. Y es que inscripciones relacionadas con las de Nueva Guinea fueron encontradas en Tiguiririca (Chile), 34º 45 S,  en 1885 por Karl Stolp, y descifradas por Barry Fell en 1974.

PERIPLO DE  RATA Y MAWI

Según Rick Sanders,  los navegantes egipcios Rata y Mawi en el año 232 a.J.C. siguieron la ruta establecida en el mapa. Sin embargo, Paul Gallez ha hecho un razonamiento científico contrario a la ruta propuesta. En correo electrónico recibido el 20 de marzo de 2004 señala que “no me convence  el trayecto que suponen de ida al E a lo largo del ecuador. Las corrientes los harían ir al E entre 35º S y 45º S, y después subir al norte por la corriente Humboldt a lo largo de Chile y Perú”. Todo indica que Paul Gallez está acertado y puede comprobarse en la Lista de Ilustraciones, concretamente  en el mapa con “Las principales corrientes de los océanos”.  En realidad, la flotilla egipcia debió zarpar del E o SE de Australia aprovechando las corrientes East Australian y Southern Ocean y remontar la costa sudamericana del Pacífico favorecidos por la corriente de Humboldt. De este modo se explica que encontraran inscripciones egipcias en Tiguiririca (Chile).   

Posted by isisdiosa99 at 08:54:11 | Permalink | No Comments »

Claudio Ptolomeo

Claudio Ptolomeo, en griego Klaudios Ptolemaios; ( Tolemaida , Tebaida , c. 85 - Cánope , c. 165 ; otros autores dicen c. 100 - c. 170 ). Astrónomo , geógrafo y matemáticas greco-egipcio, llamado comúnmente en español Ptolomeo (o Tolomeo). Vivió y trabajó en Alejandría , Egipto (se cree que en la famosa Biblioteca de Alejandría ). Fue astrólogo y astrónomo, actividades que en esa época estaban íntimamente ligadas. Es autor del tratado astronómico conocido como Almagesto (en griego Hè Megalè Syntaxis, El gran tratado). Se preservó, como todos los tratados griegos clásicos de ciencia, en manuscritos árabes (de ahí su nombre) y sólo disponible en la traducción en latín de Gerardo de Cremona en el siglo XII . Heredero de la concepción del Universo dada por Platón y Aristóteles , su método de trabajo difirió notablemente del de éstos, pues mientras Platón y Aristóteles dan una cosmovisión del Universo, Tolomeo es un empirista. Su trabajo consistió en estudiar la gran cantidad de datos existentes sobre el movimiento de los planetas con el fin de construir un modelo geométrico que explicase dichas posiciones en el pasado y fuese capaz de predecir sus posiciones futuras. La ciencia griega tenía dos posibilidades en su intento de explicar la naturaleza: la explicación realista, que consistiría en expresar de forma rigurosa y racional lo que realmente se da en la naturaleza; y la explicación positivismo , que consistiría en expresar de forma racional lo aparente, sin preocuparse de la relación entre lo que se ve y lo que en realidad es. Tolomeo afirma explícitamente que su sistema no pretende descubrir la realidad, siendo sólo un método de cálculo. Es lógico que adoptara un esquema positivista, pues su Teoría geocéntrica se opone flagrantemente a la física aristotélica: por ejemplo, las órbitas de su sistema son excéntrica s, en contraposición a las circulares y perfectas de Platón y Aristóteles. Tolomeo catalogó muchas estrellas, asignándoles un brillo y magnitud , estableció normas para predecir los eclipse . Su aportación fundamental fue su modelo del universo: creía que la Tierra estaba inmóvil y ocupaba el centro del Universo, y que el Sol, la Luna, los planetas y las estrellas, giraban a su alrededor. A pesar de ello, mediante la técnica del epiciclo - deferente , cuya invención se atribuye a Apolonio trata de resolver con bastante éxito los dos grandes problemas del movimiento planetario: 1.- la retrogradación de los planetas y su aumento de brillo, mientras retrogradan. 2.- la distinta duración de las revoluciones siderales. Sus teorías astronómicas influyeron en el pensamiento astrónomo y matemático científico hasta el siglo XVI . Aplicó sus estudios de trigonometría a la construcción de astrolabio s y Reloj de sol . Y también aplicó el estudio de la astronomía al de la astrología , creando los horóscopo s. Todas estas teorías y estudios están escritos en su obra Tetrabiblon. Fue también un buen óptica y geógrafo. En el campo de la óptica exploró las propiedades de la luz , sobre todo de la refracción y la reflexión. Su obra Óptica es un buen tratado sobre la teoría matemática de las propiedades de la luz. Otra gran obra suya es la Geografía, en que describe el mundo de su época. Utiliza un sistema de latitud y longitud por lo que sirvió de ejemplo a los cartógrafos durante muchos años. Una de las ciudades descrita en esta obra es La Meca , en la Península Arábiga , a la que llama Makoraba. El mundo de la música tampoco fue ignorado por Ptolomeo. Escribió un tratado de teoría musical llamado Harmónicos. Claudio Ptolomeo, pensador grigo del siglo II d de J.C., pensaba que las leyes matematicas subyacian tanto los sistemas musicales com los cuerpos celestes, y que ciertos modos y aun ciertas notas correspondían a planetas específicos, las distancias entre estos y sus movimientos. La idea había sido propuesta por Platón en el mito de la musica de las esferas, que es la musica no escuhada producida por la revolución de los planetas. La union de la musica y la poesía es otra concepción griega sobre el genero musical. Eran prácticamente sinonimos.
br:Ptolemaios
ca:Claudi Ptolemeu
cs:Klaudios Ptolemaios
da:Ptolemæus
de:Ptolemäus
en:Ptolemy
eo:Ptolemeo
eu:Klaudios Ptolemaios
fa:بطلمیوس (ابهام‌زدایی)
fi:Klaudios Ptolemaios
fr:Ptolémée
gl:Ptolomeo
he:תלמי (אסטרונום)
hu:Ptolemaiosz Klaudiosz
ia:Ptolemeo
it:Claudio Tolomeo
lt:Klaudijus Ptolemėjus
nl:Claudius Ptolemaeus
no:Klaudios Ptolemaios
pl:Klaudiusz Ptolemeusz
pt:Ptolemeu
ro:Ptolemeu
ru:Клавдий Птолемей
sk:Ptolemaios
sl:Ptolemej
sv:Klaudios Ptolemaios
tr:Batlamyus
uk:Птолемей Клавдій
vi:Claudius Ptolemaeus
zh:托勒密

Dama ElcheInvisiblesShirin EbadiPolicia BenicassimMero PanchoBofeton a tiempoKim Dae JungJohn HumeGrandes pintoresOrhan PamukCatedral de LeonCatedral de OviedoCueva de AltamiraPor que no te callasCadaveres en el museoMamas eroticasCuerpos envidiadosLos chicos sexys

Posted by isisdiosa99 at 08:50:36 | Permalink | No Comments »

“Alguien” exploró y cartografió América del Sur antes de la llegada de Cristóbal Colón

LA RED FLUVIAL DE SUD AMÉRICA ESTÁ DIBUJADA EN EL MAPA DE HENRICUS MARTELLUS (1489)

Al  historiador Paul Gallez  -nacido en Bruselas (Bélgica) en 1920 y residente en Bahía Blanca (Argentina)  le corresponde el honor de haber descubierto la red fluvial de Sudamérica, entre los ríos Orinoco y el Grande en la Tierra de Fuego,  en el mapa del alemán  Heinrich Hammer, latinizado Henricus Martellus Germanus,  de 1489, anterior a Cristóbal Colón y  conservado en la British Library (Fº 68 vº y 69 rº del Add. Ms. 15760) de Londres. Sin lugar a dudas, en muchos mapas mundiales del siglo XVI, conocidos como ptolomeos (copias del original de Claudio Ptolomeo de Alejandría), América del Sur aparece como una inmensa península unida en el noroeste, por el istmo de Mesoamérica, al continente asiático, más concretamente a  China. De esta manera, la gran península que es Sudamérica, forma la Cola del Dragón. Bajo este nombre está mencionada en el Tratado de descubrimientos antiguos y modernos de Antonio Galvâo, editado en Lisboa en 1563. Para situarnos de manera correcta en lugar y tiempo, cabe decir que el infante Don Pedro, duque de Coimbra, hijo del Juan I Maestre de Avis (rey de Portugal entre 1385-1433) y hermano de Enrique el Navegante, hizo antes de ser regente de Portugal, un largo viaje por Inglaterra, Francia, Alemania, Tierra Santa, Hungría e Italia, donde visitó Roma y Venecia. Según el Tratado de Galvâo, Don Pedro trajo de Italia, en 1428, un mapa mundial que representaba “toda la superficie de la tierra” y donde “el Estrecho de Magallanes estaba en la Cola del Dragón” [Paul Gallez, La Cola del Dragón – América del Sur en los mapas antiguos, medievales y renacentistas, Bahía Blanca, Argentina, Instituto Patagónico, 1990]

 Después de estudiar de manera concienzuda el mapa de 1489, las conclusiones son asombrosas: América era bien conocida en su litoral Atlántico por los navegantes europeos de fines del siglo XV. Y se conocían también, como veremos más adelante,  las costas occidentales de Sudamérica y la existencia del Océano Pacífico.

Del cartógrafo alemán  Martellus se  sabe muy poco:  que nació en 1440 y que vivió en Italia y que  trabajó algún tiempo para el Vaticano. En realidad, la presencia   de América en el mapa precolombino de 1489 modifica espectacularmente muchos estudios anteriores. Pero el cartógrafo alemán dibujó otro mapamundi en 1490, que fue comprado en 1950 por la biblioteca de la Universidad de Yale  (EE.UU.). El mapa de 1489 fue adquirido en 1821 por el Museo Británico  y sorprendentemente supera técnicamente al de Yale, especialmente porque en él se encuentra dibujada la red fluvial de Sudamérica.

El conocido cartólogo [el que estudia la historia de los mapas] judeo-italiano Roberto Almagiá [vid. I Mapamondi di Enrico Martello e alcuni concetti geografici di Cristoforo Colombo, La Bibliofilia  (1940) Firenze  pp. 288-311; y Monumenta cartographica vaticana, Citta del Vaticano, Biblioteca Apostólica Vaticana, 1944, Vol. I] hizo notar la sorprendente,  la extraña configuración de la que denominó “cuarta península asiática”, y la  añadió a las ya conocidas arábiga, india y malaya. Almagiá comenta la carta de Colón a los Reyes Católicos, de 7 de julio de 1503, en la que el Almirante informaba sobre la proximidad de la desembocadura del Ganges. En realidad no era así, pero denota que el navegante tenía un buen conocimiento del mapa de Martellus.

En 1942, en su obra sobre Primitivos navegantes vascos, el historiador argentino Enrique de Gandía observó que la cuarta península asiática podría ser América del Sur

En 1966, el Boletín de la Real Sociedad Geográfica de Madrid (enero-diciembre) publicó un detenido estudio sobre el mapa de Martellus, pero sus conclusiones no llegaron a cuestionar ni el papel de Colón ni la identidad de la “cuarta península asiática” con Sudamérica.

El antropólogo e historiador argentino Dick Edgar Ibarra Grasso avanzó considerablemente  en la interpretación del mapa de Martellus, cuando en publicaciones de 1980 y 1986 asoció el Sinus Magnus de Ptolomeo con el Mar del Sur -Cristóbal Colón buscaba ansiosamente en el cuarto viaje y en el actual Istmo de Panamá un  paso o canal hacía el Mar del Sur (sic)- [Nito Verdera, Cristóbal Colón, originario de Ibiza y criptojudío, Ibiza, Consell Insular 1999, pp. 59-66], el  Megas Kolpos de los griegos o  el Mare Magnum de los latinos, que describieron los españoles desde  1513; es decir, el actual Océano Pacífico [Gustavo Vargas Martínez, América en un mapa de 1489,  México, 1996]

El gran descubrimiento de Paul Gallez en la cartografía, la red fluvial de Sudamérica,  tuvo lugar en  1973, en Bahía Blanca: “A las tres de la mañana me levanté y fui a ver la copia del  mapa de Martellus, que había fotografiado en Londres. Uno por uno fui identificando los ríos: el Magdalena,  el Amazonas, el Orinoco, el Paraná, el Paraguay, que sorprende por su precisión, todo con asombrosa exactitud. Luego aparecían el Colorado, el Negro, la gran península de América, la de Valdés y, al sur, el río Chubut… No faltaba ni sobraba ninguno. Hasta en Tierra de Fuego se incluía al río Grande. Con un detalle llamativo:  el río Chubut no se conoció, prácticamente, hasta 1830. Supuse  que se trataba de un gran descubrimiento y decidí publicarlo en una revista seria y de mucha fama, para que no pareciera una fantasía. Escribí el artículo y durante una visita a Bonn lo presenté a la prestigiosa revista Erdkunde [declaraciones de Paul Gallez al periodista Rubén Benítez, publicadas   en el periódico La Nueva Provincia de  Bahía Blanca, Argentina,  el 25 de mayo de 2003]. El artículo de Gallez, fruto de la inspiración en un noche de insomnio, fue muy bien acogido en Alemania y se publicó en francés: Les grands fleuves d’Amérique du Sud  sur le ptolémée  londonien de Henri Hammer  (1489). Erdkunde XXIX/4,  Bonn 1975.

La red fluvial de Sudamérica en el mapa de Martellus (1489)

Dice Paul Gallez que una simple comparación con  un mapa actual permite un estudio analítico de los grandes ríos sudamericanos en el Ptolomeo londinense. Vamos a verlo:

Martellus: En el N de la Cola del Dragón desemboca en el Océano Oriental un río importante que cruza casi toda la península de W a E. Nace en una sierra paralela a la costa del Sinus Magnus (Pacífico), pero no en la cadena más próxima a este mar, sino en una sierra paralela situada un poco más al E.

Mapa actual: En el N de América del Sur desemboca en el Océano Atlántico el río Orinoco, que cruza casi todo el continente de W a E. Su afluente principal, el Meta, nace en una sierra paralela a la costa del Pacífico, pero no en la Cordillera Occidental, próxima a este océano, sino en la Oriental, un poco más al E.

###

Martellus: Al S del curso inferior y medio del Orinoco se extiende un macizo montañoso que llega casi hasta la orilla del océano.

Mapa actual: Al S del curso inferior y medio del Orinoco se extiende el macizo de las Guayanas,   que llega casi hasta el Atlántico.

###

Martellus: Al S del macizo de las Guayanas corre hacia el E el río más largo de la Cola del Dragón. Es el único de la península que forma grandes lagos y pantanos.

Mapa actual: Al S del Macizo de las Guayanas corre hacia el  E el río Amazonas, el más largo de Sudamérica. Es el único del subcontinente que, por su anchura, parece una cadena de lagos y pantanos.

### 

Martellus: Separado del Amazonas por una sierra, desemboca en el Atlántico un río cuyas fuentes se sitúan en una sierra que ocupa  el centro de la Cola del Dragón.                                                                       

Mapa actual:  Separado del Amazonas por las sierras del Alto Pará, desemboca en el Atlántico el río Tocantis,  cuyas fuentes se sitúan en el Planalto, en el centro del Brasil.

###

Martellus: De la misma sierra baja otro río que desemboca en el océano al S del cabo más oriental de la Cola del Dragón.

Mapa actual: Del mismo Planalto baja el río San Francisco,  que desemboca en el Atlántico al S del  cabo San Roque, el más oriental de Sudamérica.

###                                                                                                                                                                 

Martellus: Al S del río San Francisco se extiende un largo tramo de costa en el cual no desemboca ningún río. Una sierra importante corre paralelamente al océano.

Mapa actual: Al S del río San Francisco se extiende un largo tramo de costa en el cual no desemboca ningún río importante. La Serra do Mar corre paralelamente al Atlántico sobre 2.000  kilómetros.

###  

Martellus: El río que nace de esta sierra corre primero al W, y después al SW, por el interior de la Cola del Dragón hasta recibir otro río que viene de una sierra sita más al NW  y formar con él un río poderoso que corre al Sur, luego al SE, y desemboca por un ancho estuario en el océano oriental.

Mapa actual: El río Paraná, cuyos grandes afluentes nacen en la Serra do Mar, corre primero al W y después al SW por el interior del Brasil hasta recibir el Paraguay,  que viene del Planalto del Mato Grosso, y formar con él el Bajo Paraná,  que corre al S,  luego al SE  y desemboca en el Atlántico por el estuario del Río de la Plata.

###   

Martellus: Más al S, dos ríos nacidos en una misma sierra corren paralelamente en dirección ESE al océano oriental.

Mapa actual: Más al S,  los ríos Colorado y Negro, nacidos en la misma cordillera mendocina-neuquina, corren paralelamente en dirección ESE al Atlántico. 

                                                                    ###                   

Martellus: Al S de estos ríos, una gran península penetra profundamente en el mar. Es la única península en toda la costa oriental de la Cola del Dragón.

Mapa actual: Al S del río Negro la península Valdés  penetra más de cien kilómetros en el Atlántico. Es la única gran península en toda la costa oriental de Sudamérica.

###

Martellus: Al S de la península corre en dirección E un río nacido en la sierra occidental.

Mapa actual: Al S de la península Valdés corre en dirección E el río Chubut, nacido en los Andes.

###

Martellus: En la Tierra de Fuego, un solo río corre al Atlántico.

Mapa actual: En Tierra de Fuego, sólo el río Grande corre al Atlántico.

###               

La identificación de todos los grandes ríos sudamericanos en el mapa precolombino de Hernricus Martellus de 1489 por el simple hecho relevante  de su situación geográfica, de sus características principales y del rumbo de sus diferentes tramos, es la confirmación definitiva de la identificación de la Cola del Dragón con Sudamérica en este mapa y,  por consiguiente,  en los mapas de los cartógrafos que lo han copiado, incluso los que, como Waldseemüller, no sabían lo que copiaban. En particular,  el sistema Paraná-Paraguay, con su forma de “Y” griega abierta al NNE, su curso inferior que gira del S al SE, y su desembocadura en estuario, forma un esquema absolutamente único en el mundo.  El mapa de Martellus lo representa exactamente en su forma y en su orientación, con la añadidura de la Serra do Mar, otra formación única en el mundo por su orientación y paralelismo a la costa. Por si fuera poco, también son correctos el tamaño del sistema en relación con los otros ríos principales, y su posición en relación a estos ríos y a la costa. El sistema Paraná-Paraguay basta por sí solo para probar la identidad sudamericana de la Cola del Dragón porque pensar que la representación correcta de todos los grandes ríos sudamericanos  es el fruto de una “simple coincidencia” en la fantasía de un cartógrafo que dibujaba una península imaginaria, es demostrar por lo menos ignorancia del cálculo de probabilidades. Y afirma el Dr. Gallez: “El éxito de esta investigación nos ha incitado a buscar la identificación de otros elementos geográficos en esta parte del mapa de Martellus”. Con esta finalidad, ha recurrido a un sistema cartométrico poco conocido: el método de la red de distorsión.

 

La red de distorsión cartográfica

El método de la red de distorsión cartográfica ha sido utilizado con gran éxito por geógrafos suizos y austriacos para determinar la amplitud de los errores de localización en los mapas de la Edad Media y del Renacimiento.

La mayor parte de estos mapas no llevan ninguna indicación de longitud ni de latitud, salvo, en unos casos, el ecuador y los trópicos. El método de distorsión consiste en construir los meridianos y paralelos, basándose en las ciudades, montañas,  ríos y costas, que por lo general no ofrecen problemas de identificación.

Entonces, el análisis cartométrico y la construcción de la red de meridianos y paralelos necesita apoyarse en identificaciones seguras y relativamente numerosas. Acabamos de identificar –nos recuerda Paul Gallez- todos los grandes ríos de la cuenca atlántica y varias cadenas de montañas. Por otra parte, no se había atrevido a tocar la cuenca del Pacífico por la pobreza de su red fluvial, tanto en el mapa de Martellus como en la realidad. Sin embargo, se ha resuelto el problema. La red fluvial oriental de la Cola del Dragón, ya identificada en base a la situación geográfica, la orientación y la longitud de los ríos, sirvió de base para construir la red de meridianos y paralelos. A su vez, esta red de meridianos y paralelos servirá para identificar ríos y lagos de la cuenca pacífica, así como varios cabos de la costa atlántica que no se habían podido identificar previamente.

LATITUDES Y LONGITUDES EN EL MAPA DE MARTELLUS (1489)

Para la construcción de la red de  distorsión cartográfica, el trazado de los meridianos y de los paralelos sobre el ptolomeo londinense  -pensó Gallez- debe hacerse solamente en base a los fenómenos geográficos representados en el mapa e identificados con la realidad, sin tener en cuenta las longitudes marcadas en el mapa de Yale, que son producto de errores acumulados de Marino de Tiro, de Ptolomeo, y quizás del mismo Henricus Martellus y de sus misteriosos informantes. En suma, tanto para las latitudes como para las longitudes se ha  trazado  la red de distorsión sobre la base de los accidentes geográficos identificados.

CONFECCIÓN DE LA RED CARTOGRÁFICA

Los elementos que tenemos a nuestra disposición, por orden de importancia,  son los ríos, las costas y las montañas. Paul Gallez empezó por trazar en el Martellus de Londres los paralelos de 10º en 10º, guiándose por un mapa actual de América del Sur.

El paralelo 10º N corre paralelamente al Meta-Orinoco y queda fuera del dibujo.

El ecuador penetra en el continente en la desembocadura del Amazonas, pasa al norte de este río y corta las faldas del Macizo de las Guayanas. Atraviesa una región pantanosa que podría ser la del río Negro, y corta los Andes en el sur de la fuente del río Magdalena alcanzando así el océano. En la red vemos que el ecuador es rectilíneo entre el Atlántico y los pantanos del río Negro; luego se corre hacía abajo antes de tomar la dirección normal. Es una distorsión muy moderada.

El paralelo 10º S penetra en el continente al sur del Cabo San Roque, cerca de la desembocadura del río San Francisco. Pasa al norte, luego al sur y otra vez al norte de este río, corta el Tocantis, corre paralelamente al Amazonas  y llega al Pacífico.

El paralelo 20º S corta la cadena costera, luego el Alto-Paraná y el Alto-Paraguay. Atraviesa todo el macizo peruano y llega  al Pacífico al sur del lago Titicaca.

El paralelo 30º S corta la costa brasileña en el sur de la Serra do Mar, después el Paraná entre Corrientes y Santa Fe. Desde allí, por falta de puntos referencia en el mapa de Martellus, se hace correr paralelamente a la línea de 20º S.

El paralelo 40º S corta la costa entre las desembocaduras de los ríos Colorado y Negro. Corta luego el río Negro y sigue hacia el Pacífico.

El paralelo 50º S corta el continente al norte del Estrecho de Magallanes, representado aquí por el Istmo Patagónico. La falta de detalles en el mapa no permite mayor precisión.

El trazado de los meridianos se hace de la misma manera que el de los paralelos.

El meridiano 40º W de Greenwich penetra en el continente entre la desembocadura del río Tocantis y el Cabo San Roque. Sale un poco al norte del Cabo Frío, después de cortar el río San Francisco.

El meridiano 50º W penetra en el continente en la desembocadura del río Amazonas, bajo el ecuador, pasa cerca de las fuentes del Tocantis, y al oeste de las del San Francisco. Corta después el Alto-Paraná y el sur de la Serra do Mar, llegando a la costa en 30º S.

El meridiano 60º W penetra en el continente muy cerca del delta del Orinoco. Corta la zona pantanosa de Manaos, pasa al oeste del macizo del Mato Grosso, llega al Paraná que corta  y vuelve a cortar hacia los 31º S y 33º S, y sale del continente en 39º S.

El meridiano 70º W cruza el Meta y el curso superior del Amazonas  dejando al oeste la cordillera de Colombia. Corta el lago Titicaca y se acerca mucho a la costa del Pacífico en los 20º S, manteniéndose en la región montañosa donde cruza el alto curso de  los afluentes del  Colorado y el Negro así como el Alto-Chubut. Corta el Istmo Patagónico (Estrecho de Magallanes) y alcanza el océano por el sur de la Tierra de Fuego.

El meridiano 80º W corta la costa en el ecuador y nuevamente en el sur del Promotorium Satyrorum, que Dick Edgar Ibarra Grasso [La representación de América en mapas romanos de tiempos de Cristo, Buenos Aires 1970] ha identificado con la Punta Aguja.

ANÁLISIS DE LA RED OBTENIDA

Para el Dr. Gallez, dos son solamente los errores-claves del cartógrafo: situar demasiado en el oeste el macizo del Planalto do Brasil, y demasiado en el este las montañas donde nacen los ríos patagónicos. Se trata en ambos casos de realidades geográficas que han quedado ignoradas durante varios siglos de los ptolomeos de Martellus: el Planalto brasileño hasta el siglo XVII, y el alto curso de los ríos patagónicos hasta mediados del siglo XIX.

Como resultado final de estos análisis -dice Gallez-, vemos  que los ptolomeos precolombinos de Henricus Martellus tienen una precisión y una exactitud admirables, que no se pueden explicar en el estado actual de la historia de la cartografía”.

Por fin, la existencia del mapa de Martellus en 1489 permite afirmar que Cristóbal Colón disponía de excelentes mapas de Sudamérica antes de emprender sus grandes exploraciones. 

EL ÁNGULO QUE FORMA LA COSTA SUDAMERICANA ENTRE CHILE Y PERÚ, DIBUJADO EN LOS MAPAS DE HENRICUS  MARTELLUS (1489) Y DE MARTÍN WALDSEEMÜLLER (1507)

En su mapamundi de 1507, Waldseemüller presenta una configuración de los nuevos espacios descubiertos y dice Carlos Sanz [Los antiguos mapas del mundo (Siglos XV – XVI), Madrid, 1961, p. 90] que “el Hemisferio Occidental emerge en una zona marina, considerablemente separada de Asia, simulando la proyección originalísima de Waldseemüller una visión real y certera, muy especialmente en los pequeños hemisferios que, como remate ornamental, figuran en la parte superior”.

Recuerda Carlos Sanz que en Europa, en 1507,  no se conocía la existencia del Océano Pacífico, pero no es cierto. Y la prueba es que Cristóbal Colón buscó con ahínco en su último y cuarto viaje un paso al Mar del Sur por América Central. Para más información sobre el mapa a que nos estamos refiriendo, visiten la I Parte de esta misma website. 

En Waldseemüller, en el cartouche o hemisferio situado junto a Americo Vespucio, se ve claramente el ángulo que se forma en la costa sudamericana del Pacífico entre Perú y Chile, en la zona de Arica. Dicho ángulo costero no puede ser una casualidad, sino que Waldseemüller tenía en su poder datos que no circulaban en Europa.  Unos mapas que forzosamente fueron dibujados por navegantes que exploraron las costas americanas del Pacífico antes de la llegada de los españoles. Recuérdese que el conquistador Vasco Núñez de Balboa llegó andando a la costa del Pacífico el año 1513.

Es indudable que el ángulo costero dibujado por Waldseemüller en 1507 es sorprendentemente igual a la forma de la costa en Arica,   que observamos en el mapa actual hecho con proyección Mercator. Por otra parte, en el mapa de Henricus Martellus de 1489 ya hemos visto que hay dibujado el Lago Titicaca, la actual Punta Coles y, en consecuencia, también hay el ángulo costero aunque no tan pronunciado por haberse  utilizado otra proyección.

El mapa de Walsperger  (1448)

Se trata de una mapamundi hecho por fray Andrés Walsperger de la orden de San Benito de Salzburgo en 1448 en Constanza. El sur está arriba, el este a la izquierda. La gran península del este es Sudamérica. El gran castillo representa el Paraíso Terrenal,  situado en el norte de Sudamérica. Se conserva en la Biblioteca Vaticana [Ms. Palat. Lat. 1362]. En dicho mapa vemos el Mar Rojo y Arabia, el Golfo Pérsico y la India, el Golfo de Bengala y la Península de Malaca identificada por su nombre de Quersoneso de Oro que ya figuraba en los mapas de Marino de Tiro y de Ptolomeo.

El gran golfo que sigue es el Pacífico, reducido a la vigésima parte de su extensión, porque está copiado del mapa de Ptolomeo. Al este del Pacífico, como en los mapas del siglo XVI y en Martellus, hallamos la inmensa península del sudeste asiático: la Cola del Dragón; es decir, América del Sur.

WALSPERGER Y COLÓN

Verdaderamente, impresiona la capacidad de observación de Paul Gallez, fruto de análisis profundos y despasionados, y vamos a ver otro ejemplo importante al poner de manifiesto que Cristóbal Colón poseía una copia del mapa de Walsperger. Sabido es que durante su tercer viaje en 1498, Colón llegó al Golfo de Paria, entre la isla de Trinidad y Venezuela, a la que bautizó con el nombre de Tierra de Gracia, y vio el brazo occidental de la desembocadura del río Orinoco. Colón escribió después  a los Reyes Católicos y les dio cuenta de haber descubierto “un río que viene del Paraíso”. Muchos historiadores, y de los más renombrados,  al no hallar ninguna explicación a esta afirmación, han concluido simplemente que “su cerebro delira y presiente haber descubierto el Paraíso Terrenal” [Antonio Rumeu de Armas: La epopeya colombina, p. 111. En José Manuel Gómez Tabanera. Las raíces de América,  Madrid, Istmo 1968]. Por cierto,  en un E-mail recibido de Paul Gallez el 17 de abril de 2003,  me decía que “Rumeu de Armas y Pérez de Tudela han llegado, como muchos académicos,  a una edad en que en general no se admiten más novedades. La Ciencia debe quedar como ellos la han conocido; es decir, que se oponen al progreso”. Pero afirma Paul Gallez que su interpretación cartográfica demuestra, por el contrario, que el castillo feudal cubre, en Walsperger, la desembocadura del Orinoco y que, al indicar la proximidad del Paraíso, Colón se ha limitado a leer correctamente sus mapas.

COLÓN, EL PARAÍSO Y LA TIERRA PERIFORME

Fray Bartolomé de la Casas, al explicar los hechos acaecidos en el tercer viaje del descubrimiento, explica que el Almirante “vino a concebir que el mundo no era redondo, contra toda la máquina común de astrólogos y filósofos,  sino que el hemisferio que tenían Ptolomeo y los demás era redondo, pero este otro de por asá, de que ellos no tuvieron noticia, no lo era del todo, sino imaginábalo como media pera que tuviese un pezón alto, o como una teta de mujer en una pelota redonda, y que esta parte deste pezón sea más alta y más propincua del aire y del cielo (…); y sobre aquel pezón, le parecía que podía estar situado el Paraíso Terrenal”.

Colón, respecto a la forma de la tierra, dice textualmente: “Yo siempre leí que el mundo,  tierra y agua, era esférico, y las autoridades y las experiencias de Ptolomeo y todos los otros que escribieron deste  sitio daban y amostraban para ello, así por eclipses de la luna y otras demostraciones que hacen de Oriente hasta Occidente, como de la elevación del polo de Septentrión en Austro; agora vi tanta disformidad , y por eso me puse a tener esto del mundo, y fallé que no era redondo de la forma que escriben, salvo que es de forma de una pera que sea toda muy redonda, salvo allí donde tiene el pezón, que allí tiene más alto…”.

Y comenta Las Casas: “Y así parece que el Almirante no argüía bien, por aquellas razones, que la tierra fuese redonda…”. [Historia de las Indias, Vol. I, Madrid, Biblioteca de Autores Españoles, 1957, pp. 375 y 376] . Para saber qué podía haber de cierto en las afirmaciones del Almirante respecto a la forma de la Tierra, el 16 de noviembre de 1981 visité en Madrid el Servicio Geográfico del Ejército  y la Escuela de Geodesia y Topografía. Allí pude entrevistar a un experto en geodesia, el coronel de Artillería Ángel Paladín Cuadrado, a quien mostré el texto colombino y, ante mi sorpresa, manifestó que lo conocía y que Colón estuvo en lo cierto.

Efectivamente, en <<Geodesia en la era del espacio>>, p. 73, discurso leído en el acto de recepción por  José María Torroja Menéndez, el 25 de junio de 1969, ante   la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, leemos textualmente:  “Los primeros resultados en el estudio de la forma de la tierra fueron logrados a partir de las observaciones del satélite  Vanguard I (en 1958), que dieron como valor del aplanamiento alfa= 1/2988,3 en lugar del valor 1/297 adoptado hasta entonces. Estas observaciones permitieron además a O’Keefe demostrar que no hay simetría entre ambos hemisferios, confirmándose así lo que Cristóbal Colón había intuido, que la forma de la Tierra debía de tener forma de pera, en la crónica del tercer viaje (…). Estas conclusiones fueron posteriormente confirmadas por los satélites Vanguard II y III. El polo norte queda unos cincuenta metros por encima, y el polo sur cincuenta metros por debajo del nivel medio de los mares. Fuera de los casquetes polares, el nivel medio debe quedar unos veinticinco metros más bajo en el hemisferio norte y más alto en el sur. Por otra parte, el ecuador resultó no ser circular, siendo el diámetro mayor, que pasa por Brasil, unos cuatrocientos metros más largo que el ortogonal a él”. [Nito Verdera,  La verdad de un nacimiento – Colón ibicenco, pp. 107-111, Madrid, Kaydeda 1988]. En conclusión, y a pesar de Las Casas, que afirmó que “el Almirante no argüía bien”, resulta que Cristóbal Colón manifestó que la Tierra tenía forma de pera 470 años que lo confirmaran los satélites artificiales.  Por lo visto, además de los mapas de Walsperger y de Martellus, Colón disponía de otras asombrosas informaciones científicas.

Que Las Casas pensara que en lo referente a la forma de la Tierra Colón se equivocaba o sacaba conclusiones erróneas lo entiendo porque el dominico no tenía suficientes  conocimientos  científicos para dar una opinión autorizada. En cambio, el académico Juan Manzano Manzano [Colón y su secreto – El predescubrimiento, p. 250 y 251, Madrid, Ediciones Cultura Hispánica 1982], al comentar el tercer viaje colombino y el problema de la  esfericidad de la Tierra , dice  “que esta idea tan generalizada de la redondez de la Tierra la mantuvo inalterada Colón (él dice ligur)  hasta su tercer viaje, en el curso del cual pudo comprobar (¡pobre hombre!) que el hemisferio oriental presentaba por debajo del Ecuador un resalte o pináculo semejante a la figura de un seno de una mujer, en el cual creyó que se encontraba el Paraíso Terrenal”.

La conclusión es que Colón, de ¡pobre hombre!, nada. Más le habría valido al prestigioso historiador español consultar a la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas o Naturales de España o a la Escuela de Geodesia de Madrid acerca de  las afirmaciones de Colón sobre la Tierra periforme.

Pero tampoco debe extrañarnos demasiado: <<Los jóvenes rebeldes son renovadores, mientras los viejos no quieren poner en duda las “verdades científicas” en las cuales han creído  toda su vida>> [Paul Gallez, Predescubrimientos de América, p. 49, Bahía Blanca, Argentina, Instituto Patagónico, 2001].

Posted by isisdiosa99 at 08:40:35 | Permalink | No Comments »

Tierra del Fuego en la cartografía renacentista
 Tierra del Fuego ocupa su posición normal, al sur de América, en todos los mapas posteriores a la divulgación en Europa, de la relación del primer viaje de circunnavegación de la tierra, por Magallanes y Del Cano, en 1519-1522.
Sin embargo, muchos de estos mapas renacentistas presentan América del Sur como una península asiática, como la Cola del Dragón chino.  Tal es el caso, entre muchos, del globo de Francisco de Malinas (1), del planisferio bicordiforme de Oroncio Finco (2), del globo de mármol de Gotha (3), del globo de Schöner de 1533 (4), etc.
En el Primer Congreso de Ciencias Históricas Fueguinas en Ushuaia, hemos expuesto que este concepto renacentista pertenecía a la tradición ptolemaica (5) y que se hallaba también en mapas anteriores tanto al descubrimiento oficial del estrecho patagónico por Magallanes en 1520, como a su descubrimiento clandestino en 1514 (6), en particular en el globo de Martín Behaim de 1492 y en los ptolomeos de Heinrich Hammer de 1489 (7).
El ptolomeo de Hammer que se halla en el Museo Británico (8) reviste una importancia particular, por contener toda la red fluvial sudamericana (9).  Ha sido publicado por Lacerda en 1867 (10), por Nordenskjöld en 1897 (11), por Greenlee en 1937 (12), por Almagiá en 1940 (13), por Bagrow en 1951 (14) R. A. Skelton en 1964 (15), Carlos Sanz en 1962 (16) y en 1970 (17) Y Georama en 1968 (18) sin que ninguno de estos autores haya identificado Sudamérica ni la Tierra del Fuego en este mapa.
Nos hemos preguntado entonces si Hammer era verdaderamente el primer cartógrafo qué haya representado la Tierra del Fuego y, de paso, Sudamérica con sus dos costas oceánicas.
Los geógrafos de la Antigüedad, en particular Marino de Tiro y Claudio Ptolomeo, ya conocían el Océano Pacífico, que llamaban Megas Kolpos (19) así como su orilla oriental, la costa sudamericana, donde indicaban el fondeadero de Cattigara (20).
Nuestra investigación debía por lo tanto orientarse hacia la época comprendida entre Ptolomeo y Hammer, entre el siglo II y el siglo XVI de nuestra era.  Lamentablemente, como lo escribe Armando Cortesáo, “la cartografía de la Edad Media había llegado a unas fantasías increíbles” (21), ofreciéndonos principalmente mapas en O-T donde el mundo es un disco plano.  Nos parecía imposible hallar en este ecumene circular una península sobresaliente como la Cola del Dragón (22).
La cultura griega clásica, y con ella la tradición geográfica de Ptolomeo y su tierra esférida, se habían perdido en el Occidente cristiano medioeval.  En cambio, se había impuesto y desarrollado en el mundo árabe, a partir del siglo IX.  Así es como nos orientaremos hacia la geografía árabe medioeval, en busca de las fuentes de Hammer y, quizás, de mapas antiguos de la Tierra del Fuego.

  
2. La cartografía árabe del alto medioevo

 
Harun-al-Rashid, califa abasí de Bagdad entre 786 y 809, alentó los estudios de astronomía y el cálculo de las latitudes y longitudes.
Su hijo y sucesor al-Mamún, califa de 813 a 833, se rodeó de matemáticos, astrónomos y geógrafos, y les encargó el estudio y traducción crítica de las obras de Ptolomeo.  Fundó en 820 el observatorio de Bagdad.  Una de las obras más importantes de su reinado fue el nuevo cálculo del grado de latitud terrestre, v su comparación con los resultados obtenidos en la Antigüedad.
Bajo el reinado de al-Mamún, la Geograhike Yphegesis fue traducida al árabe, juntamente con los mapas de Agathodaimón que la ilustraban.  Las informaciones discordantes sobre el autor de la traducción hacen suponer que este trabajo ha sido realizado varias veces.  La primera traducción que se conozca es la de Abdala ben Hor-radadbe llamado también Abd-Alá ibn Kurdadbe (23).  De Goeje ha demostrado que este geógrafo ha publicado dos ediciones de su libro, en 846 y 886 (24), pero todas las copias se han perdido.
Al-Idrisi, el geógrafo bereber del rey normando Rogelio II, de Sicilia, conocía las obras de Ptolomeo.  Joaquín Lelewel, uno de los grandes especialistas de la geografía de la Edad Media, piensa que al-IdrÎsÎ poseía el texto griego de la Geographike Yphegesis más bien que una versión árabe (25).
Por otra parte, Ibn Abd Alá Muhammed ibn Bakr az-Zuri, que vivía en Granada en la misma época, expuso en la introducción de su libro Kitab al Giarafia o Libro de Geografía, que copió su planisferio de al-Qumari, quien a su vez lo había copiado de Abd-Alá al-Mamún, y que setenta filósofos del Iraq habían colaborado en la construcción de la imagen de la Tierra (26).
Los geógrafos de Bagdad conocían mucho mejor que Ptolomeo las regiones vecinas de la Mesopotamia y, en cierta medida, el Medio y el Extremo Oriente.  El trabajo de traducción al árabe de la Geographíke Yphegesis puso de relieve sus errores y defectos.  Los sabios de Bagdad se dieron a la tarea de corregirla y de completarla.  Según Lelewel, “los geógrafos encargados por al-Mamún de traducir la geografía griega lo hicieron escrupulosamente en todo lo que se refiere a los métodos y a las reglas de la ciencia geográfica; por lo demás, fueron infieles y compusieron su propia obra”.

La más antigua de estas refundiciones de la cual se tenga actualmente una copia, es la adaptación de al-Juarizmi.
 

3. Abu Jafar Mohamed ben Musa al-Juarizmi
Abu Jafar Mohamed ben Musa al-Juarizmi es muy conocido como matemático, al punto que de su apodo al-Juarizmi deriva la palabra algoritmo.  Para nosotros, más importante es su obra geográfica, que nos permite volver a encontrar la pista de la Cola del Dragón

El Hwarazmi de las inscripciones cuneiformes persas, el Hwairizem del Avesta, el Khuwarizm de la época de los Abasí, es el territorio situado en el sur del Mar de Aral, alrededor de la ciudad de Jiva, en el gran valle del AmuDaria.  Se supone que nuestro geógrafo era originario de esta región, aunque a veces se lo llama al-Qatrabuli, lo que lo vincularía con la ciudad de Qatrabul sobre el Eufrates.  Se lo llama también al-Madyusi o el Mago, lo que hace pensar que su familia era de religión zoroastriana.

Al-Juarizmi entró muy joven al servicio del califa Al-Mamún en la Dar al Hikma o Casa de la Sabiduría, que era la Gran Biblioteca de Bagdad.  Su obra principal fue terminada en 833.  Se llama Kitab Surat-al-rad o Libro de la imagen de la tierra, o también Rasm al arsi, Rasm el ardi, Descripción de la tierra, o Rasm al raba al mamuri o Rasm ar rub al Mamur, descripción de la cuarta parte de la tierra habitada, o más simplemente Rasm.
Al-Juarizmi es para la Geographike Yphegesis mucho más que un traductor: la enmienda y la completa.  Trata la obra de Ptolomeo como éste trató la del Marino el Tirio: toma todo lo que le parece bueno, critica y remodela lo que le parece mal, y agrega lo que le parece que falta, conservando el esquema general de la obra.
Las geografías de Ptolomeo y de al-Juarizmi son versiones revisadas de la Geografía de Marino el Tirio.  Las tres son esencialmente listas de coordenadas de ciudades y demás lugares geográficos, con una introducción general.

Una de las correcciones de al-Juarizmi a Ptolomeo es la reducción de la longitud del Mediterráneo de 62′ a 52′, cuando la realidad es de 42′ solamente.  El árabe elige el mismo meridiano cero que Ptolomeo: el de las Canarias.  Su ecumene se extiende también sobre 180°.

Según Lelewel, lo que ha traducido al-Juarizmi no sería la Geographike Yphegesis sino una refundición de esta obra por un grupo de sabios árabes y cristianos asiáticos que la habían titulado Orismos tetrados tes oikumenes o “Imagen del cuarto habitado de la Tierra”.  Los árabes habrían hecho del griego Orismos el árabe rasm, con los sentidos acumulados de descripción, figura, cara, imagen, aspecto, y aún composición, estructura y construcción.
Si es así, el autor del Orismos sería un grupo anónimo que se hubiera inspirado en Ptolomeo, mejorándolo mucho.  A este grupo se deberían muchas de las modificaciones que al-Juarizmi habría simplemente traducido.  Según la tradición, sin embargo, el autor del Orismos era Betalmyos, nombre arabizado de Ptolomeo.
En el siglo X, al-Masudi afirma haber visto la Geografía de Ptolomeo y la de Marino el Tirio.  Estima que los mejores mapas son los de Marino, así como “aquél que hizo al-Mamún (es decir su protegido al-Juarizmi) para el cual colaboraron tantos sabios.  En su obra este geógrafo representa el mundo y las esferas celestes, los astros, el continente, el mar, las tierras desiertas, las regiones ocupadas por cada pueblo, las grandes ciudades, etc.  Esta descripción es mejor que la que hizo Ptolomeo, la de Marino, y las demás” (27).
Analicemos brevemente esta declaración de al-Masudi.  Dice “el continente” en singular, porque se creía, en el mundo árabe de la época, en la esferidad de la tierra y en su división en cuatro continentes: dos en el hemisferio norte y dos en el hemisferio sur.  Uno solo podía ser conocido por los habitantes del mundo mediterráneo y árabe: el que abarcaba Europa, Asia y Africa.  Este continente estaba circundado por el agua.  Esta teoría ha sido defendida en Europa por Macrobio en el siglo V (28).
Al-Masudi dice “el mar”.  Es un mar único, que rodea cada una de las cuatro partes del mundo, y en particular aquella donde viven los hombres.  No tiene relación este concepto con los mapas redondos del Medioevo cristiano, donde las tierras estaban también rodeadas por el mar único, porque los mapas occidentales negaban la esfericidad de la tierra.
“Las tierras desiertas”, dice al-Masudi, porque estos desiertos han desempeñado siempre un papel muy importante en la vida de los pueblos árabes.  Los desiertos son sus vías de comunicación entre los lugares habitados.
La superioridad del Rasm sobre Ptolomeo hace decir a Lelewel que “al Juarizmi volteó para siempre el monstruoso monumento de Ptolomeo”.  Ya que éste conocía, de América del Sur, solamente la costa pacífica, ¿cuáles son las mejoras que trae al-Juarizmi?

 4. La reconstrucción de Daunicht
Del Kitab Surat al Ard, la obra principal de al-Juarizmi, se conoce actualmente una sola copia, que se encuentra en la Biblioteca de la Universidad de Estrabusco, bajo el signo L. arab.  Cod.  Spitta 18.  Spitta compró este manuscrito en el Cairo y publicó una breve descripción de su adquisición (29).  Después de su muerte, el manuscrito fue vendido a la Universidad de Estrasburgo.  Contiene 45 folios copiados, según parece, en 1037, sobre la base de un modelo no muy claro.
El título completo es, en traducción: “Libro del aspecto de la tierra en cuanto a ciudades, montañas, mares, todas las islas y los ríos, escrito por Abu Jafar Mohamed ben Musa al-Juarizmi según el Tratado de Geografía compuesto por Ptolomeo el Claudiano”.
“El Claudiano” significa que, en opinión de al-Juarizmi, el geógrafo Ptolomeo descendía del emperador Claudio.
El libro empieza, sin introducción, por la lista de posiciones geográficas (longitudes y latitudes), por orden de “clima”, es decir, por fajas de latitud y, dentro dé cada clima, por orden de longitud.  Este método excelente permite deducir muchas latitudes y longitudes donde el único manuscrito se halla en malas condiciones que lo vuelven poco legible.

Rasm al ard o rasm ar rub al mamur no se vuelve a encontrar como título hasta Abul-feda, cinco siglos después de al-Juarizmi.  En el siglo X, al Masudi y al-Batani daban a esta obra el título Kitab surat al-ard, idéntico al manuscrito de Estrasburgo.

El texto menciona los colores muy variados dados a las montañas para facilitar la explicación de los itinerarios, lo que indica claramente que el manuscrito iba acompañado de un mapa.  Ahora bien, el manuscrito de Estrasburgo no contiene mapa alguno.  La lista de las coordenadas, que constituye de hecho todo el libro, permite reconstruir el mapa perdido.
A esta tarea se ha dedicado Hubert Daunicht, por lo menos para la parte oriental del manuscrito, que es justamente la que nos interesa (30).
Daunicht lee las longitudes y latitudes de los puntos de la costa en el manuscrito o las deduce del contexto cuando son ilegibles.  Las traslada al papel cuadriculado v une los puntos por segmentos de rectas, obteniendo así una aproximación a lo que era la línea de costa en el mapa perdido.  Hace lo mismo para los ríos y las ciudades.
La comparación de este mapa reconstruido con el de Ptolomeo y el de Hammer coloca al-Juarizmi en una situación intermedia, no solamente en el tiempo, sino también en cuanto a la calidad de las informaciones.
Muchos topónimos son comunes a los tres mapas.  Para formar un cuadro comparativo, hemos agregado el globo de Nuremberg.  Tomamos los lugares importantes, principalmente los costeros, a partir de Taprobana hacia el este, y en particular la Cola del Dragón.
Para construir nuestro cuadro, utilizamos los mapas siguientes:
1° Ptolomeo:
el mapa de la India Transgangética establecido por Louis Renou según el manuscrito griego Venetus 516 (31).

Al-Juarizmi: el mapa reconstruido por Daunicht.

3° Hammer: el ptolomeo manuscrito del Insularium Illustratum Henrici Martelli Germani del Museo Británico, Add.  Ms. 15.760 f° 68 v° - 69r°.

4° Behaim: las fotografías de Ibero-Amerikanisches Archiv (32), y la reproducción en husos que posee el Servicio Geográfico del Ejército Español.
Obtenemos así el cuadro siguiente:

1.- Ptolomeo ca 170 2.- Al-Juarizmi 833 3.- Hammer 1489 4.- Behaim 1492
Sinus Trabubani Taprobana Taprobana
Sinus Gangeticus Bhar-al-Hind
(Mar de India)
Sinus Magnus Golfo sin nombre
Aurea Chersonesos península sin nombre Aureaus Chersonesos Aurea Chersonesos
Magnus Sinus Bhar as-Sin
(Mar de China)
  Golfo sin nombre
Aspithra Asfitra Aspicaris Aspiotra
Notium Promontorium Cabo 1156 Cabo sin nombre Cabo sin nombre
Satyrorum Promontorium Cabo 1155 Cabo sin nombre Cabo sin nombre
Saenus Fl. Sawanus
(corrido al SE)
Senus FI. ilegible
Cutiaris Quttyarus Río sin nombre Cotara
Cattigara Qattigura Catigara ilegible
inexistente Bhar el Muzlim
(Mar tenebroso)
Occeanus Indicus Orientalis (*) Oceanus Orientalis y Occeanus Indice Superioris

* Figura en el Hammer de Yale pero no en el de Londres

La mayor parte de los topónimos de al-Juarizmi corresponden con los de Ptolomeo, de Hammer y de Behaim.  La forma general de la costa es la misma entre Taprobana y Cattigara.  La costa atlántica de la Cola del Dragón, inexistente en Ptolomeo, está dibujada sin ningún detalle en al-Juarizmi, pero es clara y precisa en Hammer y en su seguidor Behaim.
La única diferencia notable es que, en Ptolomeo, la costa sudamericana, al sur de Cattigara, se dobla hacia el oeste para unirse con la costa africana, mientras en los otros tres mapas, se dobla hacia el este, nordeste y norte para formar la gran península de la Cola del Dragón
Esta península está también en el mapa de al-Juarizmi, como lo muestra con toda evidencia el dibujo de Daunicht.  Hemos demostrado, por la identificación de ríos, cabos y montañas, que, en Hammer, esta península es América del Sur.  Por lo tanto lo es también en el mapa de al-Juarizmi.
En el globo de Behaim, el océano situado al este de la Cola del Dragón es el Atlántico, entre América y Euráfrica.
En Hammer, el océano que limita el mapa en el Extremo-Oriente es el mismo que lo limita en el Extremo-Occidente.  Es por lo tanto el Atlántico, entre América y Euráfrica.

En al-Juarizmi, por el mismo motivo, el océano de las dos extremidades del mapa es el Atlántico.  Lleva el nombre de Bahr-al-Muzlim, el Mar Tenebroso, exactamente el nombre que daban al Atlántico San Isidoro de Sevilla en su De Insulis en el siglo VII, al-ldrisi en su al-Kitab al-Rojari del siglo XII, y la mayor parte de los geógrafos, filósofos y otros sabios de la Edad Media, tanto moros como cristianos.

Por lo tanto, al-Juarizmi es el autor del mapa más antiguo que represente América del Sur con sus dos orillas, la del Pacífico y la del Atlántico.

 5. El Estrecho de Magallanes y la Tierra del Fuego
Al estudiar el mapa de Hammer, hemos visto que éste conocía solamente las dos entradas del Estrecho de Magallanes, sin saber que se comunicaban, y que por lo tanto lo sustituyó por un istmo.  En cambio, en el mapa de alJuarizmi, la Cola del Dragón termina por un estrecho y una gran isla.  Es natural suponer que se trata del Estrecho de Magallanes y de la Tierra del Fuego. ¿Al-Juarizmi tenía entonces mejores informaciones que Hammer? ¿Se conocía mejor la Tierra del Fuego en Bagdad en 833 que en Florencia en 1489?
Unos elementos discordantes del mapa árabe merecen nuestra atención.
La isla del sur de la Cola del Dragón se llama Cazirat al-Fidda, la Isla de la Plata, que hace pensar en Iabadiu, la Isla del Mijo de Ptolomeo, cuya capital se llamaba Argyre o Argentea.
Algunos geógrafos han identificado la isla labadiu con Sumatra (33), otros con Java (34).  Daunicht se adhiere primero a esta opinión, y la abandona después para pronunciarse, sin convicción por Formosa (35).
En Ptolomeo, labadiu está en alta mar, lejos de las costas, mientras Gazirat al-Fidda está frente a la Cola del Dragón, separada de la misma solamente por el estrecho.
Mientras Ptolomeo tenía sólo una Isla de la Plata, al-Juarizmi tiene dos, inaugurando así una confusión que reaparece en el Hammer de Yale en Behaim, en Waldseemüller y en otros.  Indica en el oeste de la punta meridional de Sudamérica Gazirat al-Fidda, y más al este Gazirat al-Fidda al Bahr al-Muzlim, o sea la “Isla de la Plata” y la “Isla de la Plata del Mar Tenebroso”.  De la misma manera tenemos en el Hammer de Yale y sus seguidores lava Minor y lava Aeaior situadas al este y al oeste de la Cola del Dragón.  Como en al-Juarizmi, la isla más grande es la del este.
Se trata, en al-Juarizmi, de un desplazamiento del topónimo allí donde el Hammer de Yale, Behaim y Waldscemüller habían desplazado toda una serie de islas.
Con o sin este error de toponimia, el mapa de al-Juarizmi muestra claramente el sur de la Cola del Dragón que se termina por un estrecho anguloso y una isla grande, y no tiene sentido imaginar que este acierto en la cartografía sudamericana se deba al azar o a la fantasía del cartógrafo.  Demuestra, por lo contrario, el conocimiento de la realidad geográfica fueguina.
Hammer cede a al-Juarizmi el honor de ser el más antiguo cartógrafo conocido que haya representado la Tierra del Fuego.  Cabe reconocer, sin embargo, que el mapa de Hammer es mucho más completo, y que el trazado de las costas sudamericanas de Hammer es mucho más correcto.
¿Habrá conocido Hammer la obra de al-Juarizmi?
Es muy probable que no, pues los geógrafos del Medioevo cristiano no han conocido los trabajos de sus colegas árabes.  Los traductores de Toledo en los siglos XII y XIII no han pasado al castellano las obras de al-Juarizmi ni las de al-Masudi.  Hammer ha necesitado otras fuentes, importantes y precisas, para dar a su mapa de Sudamérica la forma correcta y sobre todo para trazar correctamente la red fluvial interior.  Y si Hammer hubiese conocido la obra de al-Juarizmi, habría aprovechado la única superioridad del árabe sobre el alemán de Florencia: el conocimiento del Estrecho Patagónico y de la Tierra del Fuego como isla.


NOTAS
 

(1) Cf. Antoine DE SMET: “Mechelse geleerden op het gebiet van wiskunde en kartografie”, en Handelingen van de Koninklijke Kring voor Oudheidskunde, Letteren en Kunst, LXXXIV, pp. 191-200.  Malinas, 1970.

(2) Cf. Lucien GALLOIS: De Orontio Finaeo Gallico Geographo, París, Leroux, 1890.

(3) Cf. Werner HORN: “Untersuchungen zum Gothaer Marmorgiobus”, in Der
Globusfreund XXI-XXIII, pp. 184-190. 
Viena, 1973.

(4) Cf. Carlos SANZ: Ciento noventa mapas antiguos del mundo de los siglos I al XVII que forman parte del proceso cartográfico universal, texto pp. 123-125 y mapa
p. 255.  Madrid, Real Sociedad Geográfica, 1970.

(5) Cf. Pablo J. GALLEZ: “Protocartografía fueguina y sudamericana”, en Karukinká, Nros. 21-22, pp. 81-96.  Buenos Aires, 1977.

(6) Cf. Pablo J. GALLEZ: “Cristóbal de Haro y el descubrimiento del estrecho magallánico en 1514″, en Investigaciones y Ensayos, N? 17, p.-313-329. Buenos Aires, Academia
Nacional  de la Historia, 1975.

(7) Cf. Pablo J. GALLEZ: “Tierra del Fuego en los ptolomeos precolombinos de
Hammer”,  en Karukinká, N° 14, pp. 17-30.  Buenos Aires, 1975.

(8) British Library, Sección Manuscritos, Add.  Ms. 15760, F° 68-69.

(9) Cf. Paul GALLEZ: “Les grands fleuves d’Amérique du Sud sur le ptolémée
londonien d’Henri Hammer (1489)”, en Erdkunde XXIX/4, pp. 241-247. 
Bonn, 1975.

(10) José de LACERDA: Exame das Viagens do Doutor Livingstone, Lisboa, 1867.

(11) (Nils) Adolf Eric NORDENSKJÖLD: Periplus: an Essay on the early History
of Charts and Sailing Directions, translated by Francis A. Bather. 
Stockholm, 1897.  Texto
p.123 y mapa N° 54.

(12)  W. B. GREENLEE: The Voyages of Pedro Alvares Cabral to Brazil and India.  London, Hakluyt Society, NN9 Serie, N° LXXXI, 1937.

(13)  Roberto ALMAGIA: “I mappamondi di Enrico Martello e alcuni concetti geografici di Cristoforo Colombo”, en La Bibliofilia, XLII, 1940.

(14) Leo BAGROW: Geschichte der Kartographie, Berlín, Safari, 1951.

(15) Leo BAGROW & R. A. SKELTON: History og Geography.  London, Watts & Co.
1964.  Mapa N° 53.

(16) Carlos SANZ: Mapas antiguos del mundo (Siglos XV-XVI), Madrid, 1962.

(17) Carlos SANZ: Ciento noventa mapas antiguos, o.c., texto p. 55 y mapa p. 181.

(18) GEORAMA, 13-3-1968, p. 125.  Buenos Aires, 1968.

(19) Cf. Dick Edgar IBARRA GRASSO: La representación de América en mapas
romanos
 del tiempo de Cristo.  Buenos Aires, 1970.

(20) Cf. Enrique de GANDIA: “Tolomeo y América”, en Revista de la Junta de
Estudios
 Históricos de Tucumán, VII/4, pp. 11-64.  San Miguel de Tucumán, 1974.

(21) Armando CORTESAO: Cartografia portuguesa antiga, p. 27.  Lisboa, Comissáo
executiva das comemoraqóes do quinto centenario da morte do Infante D. Henrique, 1960.

(22) Hemos cambiado de opinión al descubrir América del Sur en un mapa circular medioeval.  Hemos terminado su estudio, que esperamos publicar pronto.

(23) Cf. Hanno BECK: Geographie: Europäische Entwiklung in Texten und Erläuterungen, p. 68.  Munich, 1973.

(24) Michael Jean de GOEJE: Bibliotheca Geograpliorum arabicorum.  Leiden,
Brill, 1870-1889.

(25)  Cf. Joachin LELEWEL: Géeographie du Moyen-Age, tomo I, 29 parte: Géographes arabes, p. 19.  Bruselas, Pilliet, 1852.

(26)  Cf. Carlo Alfonso NALLINO: “Al-Huwarizmi e il suo rifacimento della geografía di Tolomeo”, en Memorie della Classe di Scienze morali, storiche e filosofiche della Reale Aceademia dei Linci, tomo CCXCI, Vol. 11, Parte 19, p. 13.  Roma, 1894.
(27) AL-MASUDI: Kitab al tanbih wa’I-israf en de GOEJE, o.c.

(28) Ambrosius Aurelius Theodosius MACROBIOS: Commentarius ex Ciceronis in
Somnium
  Scipionis, MS Parisinus Latinus 6370, Biblioteca Nacional de París.

(29) SPITTA en Zeitschrift der deutschen morgenländischeii Gessellschaft XXX
(1879), PP.  294-297.

(30) Hubert DAUNICHT: Der Osten nach der Erdkarte al-Huwarizmis: Beiträge
zur historischen Geographie Asiens. 
Bonn, 1968.

(31) Louis RENOU: Le Géographie de Ptolémée: L’Inde (VII, 1-4).  París, Edouard
Champion, 1925.

(32) Juego de 92 fotografías del globo de Behaim, en Ibero-Amerikanisches Archiv,
XVII/1-2, pp. 148.  Berlín, 1943.
(33) Albert HERRMANN: Das Land der Seide und Tibet im Lichte der Antike.  Leipzig, 1938.
(34) Richard HENNIG: Terrae Incognitae, tomo 1, p. 408.  Leiden, Blill, 1950.

(35) Hubert DAUNICHT, o.c., pp. 488489.

Posted by isisdiosa99 at 08:20:00 | Permalink | No Comments »

Existen otros mapas imposibles :

  • Los de Ptolemée, del siglo II y encontrados en el siglo XV, muestran Groenlandia cubierta parcialmente por el hielo y glaciares en Suecia tal como estaban 10 000 años atrás.
     
  • En China el mapa del año 1137, grabado en un pilar, según un trazado que necesita recurrir a la trigonometría esférica ( técnica utilizada para otros mapas occidentales citados abajo ).
     
  • Varios portulanos, especialmente el de Dulcert ( 1339 ), sobre el mar Mediterráneo y Europa desde Irlanda hasta Rusia, con una precisión de nuestro tiempo.
    En él las latitudes son perfectamente exactas y el error máximo de las longitudes no llega al semigrado.
     
  • El de Ibn Ben Zara1487 ) representa Europa del Norte con su glaciar tal como estaba 12 000 años atrás y el Mediterráneo con el nivel que tenía durante el último período glaciar.
    Aquí también la precisión de las longitudes es asombrosa.
     
  • El del portugués De Carneiro ( 1502 ) representa todas las costas de África con un trazado que necesita recurrir a la trigonometría esférica…
     
  • El de Andrea Benincasa1508 ) sobre el mar Báltico con glaciares desaparecidos desde hace 10 000 años.
     
  • El de Jorge Reinel1510 ) que enseña el Océano Índico con una precisión de longitudes admirable.
     
  • El de Oronteus Finoeus1531 ) describe el Antártico con una precisión muy grande y libre de gran parte de su casquete glaciar, o sea tal como estaba hace por lo menos 6 000 años. ( 3 )
    Además de las costas libres de hielo, los ríos, las cordilleras interiores ( descubiertas bastante recientemente ), indica también ¡ el polo sur !

El de Zeno1380 copiado en 1558 ) indica Groenlandia sin hielos, con sus sierras e ¿ islas desconocidas ?

 

  • El de otro turco, Hadji Ahmed1559 ), representa América con una precisión que sólo se conseguirá dos siglos más tarde ; enseña también una tierra entre Siberia y Alaska, donde se encuentra el Estrecho de Behring, istmo que desapareció hace unos 10 000 años.
     
  • El mismo Mercator, en su Atlas de 1569, enseña el Antártico con datos más precisos todavía que los de Oronte Fine.
    Un detalle curioso : su descripción del Antártico es más precisa que la que hizo de América del sur y África del sur, elaborada sin embargo a partir de informes sacados de sus contemporáneos, y ¡ considerada como más fiable !

Parece que los mapas originales depositados en la Gran Biblioteca de Alejandría han sido copiados, compilados y sin duda transferidos en ciudades más relevantes como Constantinopla que fue reconquistada en 1204 por los Venecianos ( grandes navegadores ), luego se propagaron de un modo muy confidencial. Estos portulanos no sólo tenían un gran valor económico sino también el mayor interés militar y comercial.


Por consiguiente todos estos datos demuestran que existía probablemente, hace como mínimo 6 000 años, una civilización desconocida que poseía :

  • Un conocimiento de las matemáticas sumamente sofisticado :
    • Trigonometría esférica
    • Traslación trigonométrica
    • Proyección cordiforme
    • Conversión de coordenadas polares y rectangulares…

     

  • Un perfecto conocimiento de la rotundidad de la Tierra.
     
  • Instrumentos tan precisos que permitían medir, especialmente la longitud, con una exactitud que sólo se consiguió a partir de la segunda mitad del siglo XVIII.
     
  • Medios de navegación que ignoramos, barcos sólidos, o bien … algunos expertos aseguran que la precisión de los trazados sólo se podía obtener con la ayuda de levantamientos aéreos…
    Se imagina que es solamente en aquella época cuando el hombre habría salido de sus grutas y empezado a “civilizarse” en el Oriente Medio ( ¿ es una coincidencia ? ), y sin embargo, parece ser que el planeta había sido ya cartografiado en su conjunto.
    Además, estos mapas no son únicamente costeros sino que llevan también sierras montañosas en el interior de continentes ¡ con indicación de sus altitudes !
    No solamente eran marineros excelentes, sino que debían ser exploradores fenomenales.
     

Esta civilización desconocida que ha desaparecido, transmitió, probablemente a los egipcios, fragmentos de sus conocimientos pero no su ciencia entera…
¿ Eran los Fenicios, los Cretenses ?

La hipótesis de la legendaria y tan controversada Atlántida ¿ no merecería volver a examinarse ?

Solemos comprender la civilización únicamente como un fenómeno global, pero lo que sabemos de la antiguedad demuestra que el conocimiento no era compartido, sino que se reservaba a una élite dirigente cuyo poder se basaba precisamente en esta superioridad.

¿ Se trataba de la herencia de una civilización que, al contrario de nosotros, no quiso explotar de un modo intensivo las riquezas de nuestra Tierra nutricia, por razones religiosas por ejemplo ?

Posted by isisdiosa99 at 08:16:16 | Permalink | No Comments »

En el año 1929, durante la renovación del museo del palacio Topkapi Sarayi de Estambul, el director de los museos nacionales turcos, el Sr Halil Edem encontró el mapa famoso de piel de gacela de Piri Reis, pintado en el año 1513.

Este mapa representa el Océano Atlántico con una parte de las costas americanas, africanas y del Antártico.

Lo que escribió Piri Reis en su mapa, en forma de notas o en su ” Bahriye ” :

  • Actualmente nadie tiene semejante mapa ( 1 ) “.
  • Estos mapas se levantaron según los datos de cartas, de portulanos de cuatro portugueses que enseñan el Sind, el Hind y China y de un mapa dibujado por Cristóbal Colón.
    Son tan exactos, para navegar sobre los siete mares, como los mapas de nuestros países.

Dice que compiló su mapa a partir de veinte otros ( 2 ) procedentes de la Gran Biblioteca de Alejandría y fechados por lo menos del siglo IV antes de Jesucristo.


A primera vista este mapa puede parecer inexacto, si uno está acostumbrado a los mapas Mercator, pero no, si conoce las proyecciones estereográficas polares ( mas precisamente es una proyección cordiforme ). Sin duda alguna este mapa formaba parte de un conjunto que constituía un mapamundi semejante a este :

El mapa de Piri Reis fue estudiado por muchos investigadores :

  • El ingeniero americano A. Mallery.
  • M. Walters de la sección de hidrografía de la U.S. Navy.
  • El profesor D. Lineham, director del observatorio de Weston y jefe de los servicios de sismología del año geofísico.
  • El profesor C.H. Hapgood del Keene College, New Hampshire, EE.UU., autor de la teoría sobre el corrimiento de la corteza terrestre.
  • El profesor R. Strachan, del Massachusetts Institute of Technology.
  • El Teniente-Coronel H.Z. Ohlmeyer, Comandante del 8° escuadrón de reconocimiento técnico de la US Air Force.


Resulta de estas investigaciones que este mapa es imposible, y por motivos numerosos, si se tienen en cuenta los conocimientos de su época, fuera de su tiempo :

  • La isla de Marajo en la desembocadura del río Amazonas sólo fue descubierta en el año 1543.
     
  • Las islas Malvinas fueron descubiertas en el año 1592.
     
  • Los Andes están representados , a pesar de que todavía no se les conoce.
     
  • El llama, mamífero típico de América del Sur, está pintado sobre los Andes, y fue en 1598 cuando los españoles lo identificaron.
     
  • Las grandes islas por encima del ecuador, desconocidas, corresponden a las altiplanicies submarinas de los islotes Sn Pedro y Sn Pablo, sobre la Gran Dorsal Atlántica ( cuya existencia nadie sospechaba ).
     
  • En él se ven las costas del Antártico que se descubrirá sólo en 1818, es decir 300 años más tarde.
     
  • América del Sur está unida con el Antártico por un istmo que desapareció hace 10 000 años.
     
  • Por fin, el elemento más sorprendente, el que más plantea problemas :
    Las orillas del Antártico que se pueden ver son las de la Tierra de la Reina Maud ¡ sin ningún hielo !
    Este trazado fue confirmado en 1949 con los apuntes sísmicos de una expedición anglosueca.
    Aún si quedan algunos científicos para seguir pretendiendo que el casquete entero data de varios millones de años, otros aceptan la posibilidad que esta parte del Antártico pudiera emerger de los hielos durante aproximadamente 9 000 años, hace por lo menos ¡ 6 000 años ! ( 3 )

Picudo rojoMiguel ServetHerejesMapas antiguos

Posted by isisdiosa99 at 08:09:13 | Permalink | No Comments »

Mapa

Un mapa es una representación gráfica y métrica de una porción de territorio sobre una superficie bidimensional, generalmente plana, pero que puede ser también esférica como ocurre en los globos terráqueos. El que el mapa tenga propiedades métricas significa que ha de ser posible tomar medidas de distancias, ángulos o superficies sobre él y obtener un resultado aproximadamente exacto.

Iniciados por el hombre con el propósito de conocer su mundo, y apoyados primero sobre teorías filosóficas, los mapas constituyen hoy una fuente importantísima de información, y una gran parte de la actividad humana está relacionada de una u otra forma con la cartografía.

Mapa antiguo (aprox. 1650) representando a California como una isla.

Mapa antiguo (aprox. 1650) representando a California como una isla.

Actualmente se tiene la inquietud (y la necesidad) de proseguir con la nunca acabada labor cartográfica. El universo en general (y el Sistema Solar en particular) ofrecerá sin duda nuevos terrenos para esta labor que tiene orígenes inmemoriales.

El uso de las técnicas basadas en la fotografía por satélite ha hecho posible no sólo conocer el contorno exacto de un país, de un continente o del mundo, sino también aspectos etnológicos, históricos, estadísticos, hidrográficos, orográficos, geomorfológicos, geológicos y económicos que llevan al hombre a un conocimiento más amplio de su medio, del planeta en el que vive.

La historia de la cartografía abarca desde los primeros trazos en la arena o nieve hasta el uso de técnicas geodésicas, fotogramétricas y de fotointerpretación. Los errores geométricos de un mapa suelen mantenerse por debajo de lo que el ojo humano puede percibir. Es habitual cifrar el límite de la percepción visual humana en 0,2 mm.

La cuestión esencial en la elaboración de un mapa es que la expresión gráfica debe ser clara, sin sacrificar por ello la precisión. El mapa es un documento que tiene que ser entendido según los propósitos que intervinieron en su preparación. Todo mapa tiene un orden jerárquico de valores y los primarios deben destacarse por encima de los secundarios.

Para poder cumplir con estas exigencias, el cartógrafo debe crear varios “planos de lectura.” En todo momento debe tener presentes las técnicas de simplificación, a base de colores o simbología, sin perder de vista que en un plano de lectura más profunda se pueden obtener elementos informativos detallados. La cantidad de información debe estar relacionada en forma proporcional a la escala. Cuanto mayor sea el espacio dedicado a una región, mayor será también el número de elementos informativos que se puedan aportar acerca de ellos.

En definitiva, todo mapa tiene que incluir una síntesis de conjunto al igual que un detalle analítico que permita una lectura más profunda. El nivel en que se cumplan estas condiciones será igualmente el nivel de calidad cartográfica de un determinado mapa.

Historia de la cartografía

Parece que todos los pueblos primitivos han tenido cierta forma de cartografía rudimentaria, expresada muchas veces por lo que se podría llamar cartografía efímera: meros trazos momentáneos en la arena, en tierra húmeda u otros elementos. Tal vez éstos no hayan pasado de una simple flecha indicadora de dirección entre dos puntos, pero aun así pueden ser considerados como un primer esbozo cartográfico.

Los indígenas de las Islas Marshall elaboraban ya proto-mapas prehistóricos con conchas sobre enrejados de palmas, representando “cartas marinas” e indicando la curvatura de los frentes de olas. También cabe destacar como antecedentes las primitivas cartas elaboradas por esquimales sobre la hidrografía de las regiones que habitaban.

Babilonia y Grecia

Apariencia probable del ahora perdido primer mapa del Mundo (Anaximandro, 610 a 546 adC).

Apariencia probable del ahora perdido primer mapa del Mundo (Anaximandro, 610 a 546 adC).

En el plano de lo autenticamente histórico, los mapas más antiguos que se conocen son unas tablillas babilónicas de hace unos 5000 años. No obstante, los primeros mapas con fundamento científico provienen de Grecia y se basan en tratar de reproducir con fidelidad informaciones aportadas por viajeros diversos, intentando conjugar esas informaciones. Se afirma que Tales de Mileto elaboró el primer mapamundi en el que se concibe al Mundo como un disco que flota sobre las aguas. Aristóteles fue el primero en medir el ángulo de inclinación con respecto al ecuador, lo que permite posteriormente deducir la esfericidad de la Tierra e, incluso, la existencia de zonas tropicales y casquetes polares. Hiparco (siglo II adC), estableció por primera vez las convenciones matemáticas que permitían trasladar las características de la superficie esférica a un plano, es decir, realizó la primera proyección cartográfica.los cartógrafos son muy famosos por sus difíciles pero útiles mapas.

Eratóstenes (284 - 192 adC) estableció las primeras medidas de la Tierra. Obtiene el radio del ángulo terrestre y a partir de ahí la longitud de la Tierra, la del meridiano, la circunferencia terrestre (muy aproximada a la real). Entre él, Ptolomeo y otros cambian la concepción de los griegos sobre la Tierra, que no es plana, sino curva.

Ptolomeo (siglo II d.C.) recogió todos los conocimientos de sus predecesores y presentó el primer panorama completo del progreso cartográfico logrado hasta su tiempo. Publicó un método acerca de la determinación de coordenadas con base en meridianos y paralelos. Con la obra de Ptolomeo se iniciaba la oportunidad de conocer el mundo de una nueva manera: por medio de los mapas.

Portulano (1541).

Portulano (1541).

Después de la obra de Ptolomeo durante muchos siglos se estancó prácticamente la cartografía, por lo que los marinos navegaban usando mapas improvisados, hasta que el descubrimiento de la brújula permitió que elaboraran los primeros portulanos. Entre estos mapas, resultantes de la experiencia, cabe destacar los de las escuelas italiana, catalana, portuguesa, veneciana, francesa y principalmente mallorquina. Los viajes de los venecianos y genoveses al interior de África y los grandes recorridos de portugueses y españoles por las costas de aquel continente -y posteriormente del americano-, dieron un nuevo y gran impulso a la cartografía.

En América

En México, los colonizadores encontraron una cartografía muy adelantada. Los jefes indígenas, según Hernán Cortés, tenían cartas geográficas elaboradas en papel de maguey y pieles, así como tejidos de algodón, henequén y palma, en los que se dibujaba con colores vegetales y en ocasiones se les daba un acabado con barniz. Estos mapas reproducían itinerarios y zonas específicas. Se considera que los españoles agregaron a los mapas existentes notas en español, sustituyendo la huella del pie descalzo por una herradura para indicar los caminos que podían ser transitables a caballo. También se agregó la representación de templos católicos por medio de cruces y posteriormente ideogramas que simbolizaban fuentes, canales y acueductos.

En la época del descubrimiento de América destacaron los grandes cartógrafos como Diego Méndez, Juan de la Cosa, Pedro y Jorge Reinel, Sebastiano Caboto, Oronteus Finaeus, Desceliers y, en forma muy especial, Gerardus Mercator, quien en 1569, utilizó por primera vez el canevas de proyección. Como un dato curioso, se cuenta que Américo Vespucio, quien recibió la gran distinción de dar nombre al Nuevo Mundo, fue en realidad un cartógrafo destacado pero no excepcional, y, el quizás inmerecido honor que se le hizo, se debió a que un editor que publicó los primeros mapas de las nuevas tierras, señaló a éstas como “tierras de Américo” y el nombre se popularizó de un modo irreversible. El sistema de la proyección de Mercator, puede considerarse como el logro más importante en la historia de la cartografía, antes de que en el siglo XX se impusieran las nuevas técnicas de la fotografía aérea y, posteriormente, desde satélites.

Américo Vespucio

Américo Vespucio (1454 - 1512) fue un navegante que trabajó al servicio de Portugal y de la Corona de Castilla; se lo consideró el primer europeo en comprender que las tierras descubiertas por Cristóbal Colón conformaban un nuevo continente. Por esta razón, el cartógrafo Martin Waldseemüller utilizó en su mapa de 1507 el nombre de “América” como designación para el Nuevo Mundo. Vespucio comenzó a trazar los mapas de sus viajes por el continente americano una vez instalado en Sevilla (1508) al servicio del rey Fernando. Tanto Solís, Pinzón, Juan de la Cosa como Vespucio contribuyeron con sus expediciones al trazado de los primeros mapas de los que se tiene conocimiento sobre el continente americano. Asimismo, los llamados planisferios de Salviatti y de Castiglione, ambos aproximadamente de 1525, son importantes documentos de la cartografía de la época, en la cual se basaron mapas posteriores. El planisferio de Castiglione fue regalado a éste por el emperador Carlos V. El mapa de Waldseemüller, impreso en 12 hojas separadas, fue de los primeros en el que se separaban con claridad Norteamérica y Sudamérica de Asia.

Abraham Ortelius

En el siglo XVI muchos cartógrafos elaboraron mapas que iban incorporando la creciente información que aportaban los navegantes y los exploradores. Abraham Ortelius, un cartógrafo flamenco, nació en 1527 y se convirtió en un famoso matemático antes de centrar su actividad en la geografía y la cartografía. En 1570 publicó su Theatrum Orbis Terrarum, el primer atlas moderno, obra considerada como el primer éxito comercial inmediato dentro de su tipo. Actualmente se sigue usando la clasificación y estructura de éste. Su primera versión contenía 70 mapas (56 de Europa, 10 de Asia y África y uno de cada continente). Realizó una selección de los mejores mapas disponibles, que redibujó con un formato uniforme para la edición de su obra, y estableció un orden lógico de los mapas: mapamundi, Europa, Asia, África, Nuevo Mundo. También incluyó una lista con los nombres de los autores de los mapas. Este atlas tuvo un gran éxito, sobre todo por su tamaño y formato; fue editado en diversos idiomas, y no paró de actualizarse y mejorarse hasta 1612. En 1575 Ortelius fue nombrado geógrafo de Felipe II, un cargo que le permitió acceso a los conocimientos acumulados por los exploradores portugueses y españoles.

Gerhardus Mercator

Las loxodromias, líneas que cortan todos los meridianos según un ángulo constante.

Las loxodromias, líneas que cortan todos los meridianos según un ángulo constante.

El eximio geógrafo y cartógrafo de origen germano-holandés Gerhard Kremer, en latín Gerhardus Mercator (1512 - 1594), natural de los Países Bajos, estudió filosofía y matemáticas en su juventud, convirtiéndose pronto en un eminente cartógrafo; entre otros, realizó trabajos para el emperador Carlos V. Sin embargo, en la década de 1540 fue acusado de herejía y estuvo encarcelado durante algún tiempo. Después se trasladó a Duisburgo, en el ducado de Kleve, donde se establecieron también muchos protestantes holandeses perseguidos.

En 1554 se hizo internacionalmente famoso por un gran mapa de Europa. En un mapamundi del año 1569 utilizó el sistema de proyección de mapas que más tarde se bautizó con su nombre. Se trata de una representación cilíndrica con meridianos rectos y paralelos y círculos de latitud iguales, y tiene la ventaja de que la distancia más corta entre dos puntos en el globo (círculo máximo) viene representada como una línea recta, una loxodromia. Por este motivo la proyección se sigue utilizando hoy día para navegar. En el mapamundi de Mercator, referido a coordenadas cartesianas los paralelos son rectas paralelas al eje de las abscisas, estando el ecuador representado por dicho eje, y los meridianos son rectas paralelas al eje de las ordenadas, estando el meridiano origen representado por dicho eje; los polos no son representables en el mapa. La proyección cartográfica de Mercator es, pues, una proyección cilíndrica rectangular directa en la que los paralelos son líneas que conservan las distancias. El valor del módulo de deformación lineal crece con la latitud hacia el polo norte o hacia el polo sur, siendo infinito en ambos polos. A paralelos equidistantes en la esfera terrestre corresponden así, en el mapa, rectas cada vez más distanciadas. Las loxodromias sobre la Tierra (líneas que cortan todos los meridianos según un ángulo constante) se representan en este mapa mediante rectas. Sólo la proyección de Mercator goza de esta propiedad.

El uso de esta cartografía es general en navegación marina, porque permite encontrar el ángulo de ruta por simples procedimientos gráficos. No obstante, en este mapa la escala varía muy rápidamente, sobre todo en las latitudes altas, por lo que conviene dar siempre dar la escala del mapa de Mercator para un determinado paralelo de referencia, que puede ser el ecuador, o bien para el paralelo medio del mapa. El primer año después de la muerte de Mercator se publicó su gran libro de mapas del mundo. Él lo denominó Atlas, en honor al gigante la mitología griega que sostenía la bóveda celeste, y desde entonces se han llamado las obras mayores de cartografía. Posteriormente, los famosos grabadores en cobre Jodocus y Hondius perfeccionaron y volvieron a publicar el atlas de Mercator.

Véase también: Proyección de Mercator
Mapa de América. Cartógrafo: Jodocus Hondius. C. 1640.

Mapa de América. Cartógrafo: Jodocus Hondius. C. 1640.

Mercator sigue considerándose como uno de los mayores cartógrafos de la época de los descubrimientos; la proyección que concibió para su mapa del mundo resultó de un valor incalculable para todos los navegantes. La precisión de los mapas posteriores aumentó mucho debido a las determinaciones más precisas sobre latitud y longitud y a los cálculos sobre el tamaño y forma de la Tierra.

Declinación magnética y corrientes

Los primeros mapas en los que aparecían ángulos de declinación magnética se realizaron en la primera mitad del siglo XVII, y las primeras cartas que mostraban las corrientes oceánicas se realizaron hacia 1665. En el siglo XVII se establecieron los principios científicos de la cartografía y las inexactitudes más notables de los mapas quedan constreñidas a las partes del mundo que no se habían explorado.

Aportación Francesa (s.XVIII)

A finales del siglo XVII las determinaciones astronómicas tomadas en las diversas partes del mundo y, en particular, en Asia Oriental, eran lo bastante numerosas para que no se conservasen ya en los mapas los errores que los desfiguraban. Los datos falsos y los verdaderos, mezclados desde siglos, formaban un laberinto necesitado de una revisión total.

Mapamundo de Delisle (versión de 1707).

Mapamundo de Delisle (versión de 1707).

El geógrafo francés Guillermo Delisle (1675-1726) publicó en 1700 un mapamundi que situaba en su lugar y con dimensiones correctas las regiones orientales del antiguo continente. Jean Baptiste Bourguignon D’Anville tenía 29 años cuando Delisle murió en 1726. Profesó por la geografía una vocación casi innata, ya que de niño era su juego y su distracción. Luego fue su constante preocupación y el pensamiento de toda su vida. Dedicó a ella todos sus estudios y sus cualidades unidas a un innegable gusto artístico. A los 22 años se dio a conocer por una serie de mapas de Francia, producciones que tenían ya un sello original que distinguieron siempre sus obras posteriores.

Mapa de la tercera parte de Asia (Jean Baptiste Bourguignon d'Anville, París, 1753.

Mapa de la tercera parte de Asia (Jean Baptiste Bourguignon d’Anville, París, 1753.

La Academia de las Ciencias de Francia trabaja en perfeccionar la geografía astronómica y matemática y enviaba a viajeros aislados o comisiones a diferentes partes del Globo. Unos, para resolver el problema de la física terrestre, como Ridrer, que en 1672 fue a la isla de Cayena, y otros, como M. De Chazelles, en 1694, para determinar la latitud y la longitud de algunas posiciones importantes en el interior del Mediterráneo, a fin de disipar algunas dudas que quedaban acerca de la longitud de este mar tan mal representado según los datos de Ptolomeo. Otros se dirigieron a Laponia y al Perú, para medir al mismo tiempo dos arcos de meridiano, más allá del círculo Polar el uno y cerca del ecuador el otro. De este modo se comprobó la exactitud de la teoría newtoniana acerca del achatamiento del globo terrestre.

Planisferio celeste del siglo XVII

Planisferio celeste del siglo XVII

Tanto las operaciones de Laponia, ejecutadas desde 1735 a 1737 por Clairant y Maupertius, como las del ecuador, desde 1735 a 1739 por La Condamine, Godin y Bouguer, acompañados de Antonio de Ulloa y Jorge Juan, confirmaron las deducciones teóricas y pusieron de manifiesto el aumento progresivo de los grados terrestres a partir del ecuador. Colbert pidió a la Academia de las Ciencias la descripción geométrica del reino y Cassini de Thury, director del Observatorio y nieto del gran astrónomo, concibió una proyección cartográfica que lleva su nombre. En 1744 comenzó las primeras operaciones, ayudado por su hijo, de muchos astrónomos y de una treintena de prácticos hábiles en el levantamiento de planos. Este trabajo fue terminado en 1773 y sirvió de modelo para proyectos similares llevados a cabo en otros países.

Hacia finales del siglo XVIII, cuando decayó el espíritu explorador y comenzó a desarrollarse el nacionalismo, un gran número de países europeos comenzó a emprender estudios topográficos detallados a nivel nacional. El mapa topográfico completo de Francia se publicó en 1793, con una forma más o menos cuadrada y con una medida de aproximadamente 11 m de lado. El Reino Unido, España, Austria, Suiza y otros países siguieron su ejemplo. En los Estados Unidos se organizó, en 1879, el Geological Survey (estudio geológico) con el fin de realizar mapas topográficos de gran escala en todo el país. En 1891, el Congreso Internacional de Geografía propuso cartografiar el mundo entero a una escala 1:1.000.000, tarea que todavía no ha concluido.

Mapa topográfico de los Alpes de 1907.

Mapa topográfico de los Alpes de 1907.

La cartografía en el siglo XX

En el siglo XX, la cartografía ha experimentado una serie de importantes innovaciones técnicas. La fotografía área, denominada también ortofotomapa, se desarrolló durante la I Guerra Mundial y se utilizó, de forma más generalizada, en la elaboración de mapas durante la II Guerra Mundial. Los Estados Unidos, que lanzaron en 1966 el satélite Pageos y continuaron en la década de 1970 con los tres satélites Landsat, están realizando estudios geodésicos completos de la superficie terrestre por medio de equipos fotográficos de alta resolución colocados en esos satélites. A pesar de los grandes avances técnicos y de los conocimientos cartográficos, quedan por realizar estudios y levantamientos topográficos y fotogramétricos de grandes áreas de la superficie terrestre que no se han estudiado en detalle.(Martín A.Cagliani)

Mapa geológico de Lorena (Francia).

Mapa geológico de Lorena (Francia).

A principios del siglo XX quedaba por explorar alrededor del 5 % de la superficie terrestre. Fue hasta la segunda mitad de este siglo que se logró, con ayuda de los satélites artificiales, la exploración de prácticamente la totalidad de la Tierra.

Mapa topográfico de Sri Lanka.

Mapa topográfico de Sri Lanka.

Para la fotogrametría moderna se emplean instrumentos de alta precisión que permiten relacionar las fotografías aéreas y de satélite con las medidas reales del terreno. De ello resulta una información gráfica que hace posible conocer las distancias y los desniveles de una región determinada. La fotointerpretación, a través de la visión estereoscópica de la fotogrametría o aerotopografía, da un elevado nivel de detalle, que hace posible llegar a conclusiones verdaderas acerca de las condiciones de los suelos, sus usos actuales y potenciales.

Por otra parte, la aparición de los Sistemas de Información Geográfica (SIG) en los años 1970 y su popularización en los 90 han revolucionado la forma de crear y manejar cartografía a través de estas herramientas informáticas que asocian elementos espaciales con bases de datos. Los SIG permiten el análisis y la gestión del territorio a través de cartografía digital de una manera rápida y efectiva.

En la actualidad la elaboración de mapas es una operación compleja en la que participan grupos de más de 50 diferentes disciplinas: fotonavegantes, mecánicos, químicos laboratoristas, geodestas, matemáticos, topógrafos, geólogos, biólogos, geógrafos, físicos, agrónomos, edafólogos, ingenieros civiles, economistas y arquitectos, entre otros.

Hubo quienes pensaban que la cartografía iba a estancarse una vez que se plasmara en mapas la superficie de cada región de la Tierra. Sin embargo, existen planes serios de hacer mapas de los planetas vecinos del Sistema Solar, de manera que los mapas, que fueron la forma inicial de conocer la Tierra, muy pronto servirán para llevar las fronteras del conocimiento más allá del planeta en el que vivimos.

Tipos de mapa

Climas del Mundo.

Climas del Mundo.

Temperatura media anual de la superficie oceánica.

Temperatura media anual de la superficie oceánica.

Nivel del mar.

Nivel del mar.

Mapa batimétrico del Océano Pacífico.

Mapa batimétrico del Océano Pacífico.

División política de Bolivia en secciones municipales.

División política de Bolivia en secciones municipales.

Mapa de Oceanía.

Mapa de Oceanía.

Mapa de zonas horarias.

Mapa de zonas horarias.

Mapa indicando los sitios de alunizaje.

Mapa indicando los sitios de alunizaje.

Mapa dasimétrico mostrando densidad de población.

Mapa dasimétrico mostrando densidad de población.

Mapa lingüístico del quechua.

Mapa lingüístico del quechua.

Mapa fenológico mostrando la migración de la cigüeña negra.

Mapa fenológico mostrando la migración de la cigüeña negra.

Mapa de las culturas precolombinas.

  • Mapa a margen perdido: mapa totalmente parcial sin margen de forma tal que el espacio cartografiado llega hasta el límite de la hoja.
  • Mapa actual: mapa que representa los datos topográficos y geográficos más recientes.
  • Mapa administrativo: mapa que representa los hechos principales de la organización administrativa de un territorio especialmente las cuestiones relativas a las fronteras, divisiones y capitales.
  • Mapa analítico: mapa temático que representa los elementos de un fenómeno.
  • Mapa anamórfico: mapa en el que los territorios se modifican con el objeto que sus superficies resulten proporcionales a las magnitudes de un fenómeno que se quiere representar procurando que se mantenga la contigüidad y las configuraciones de los territorios.
  • Mapa anticuado: mapa que tiene un conjunto de detalles que ya no corresponden, en gran parte, con la realidad topográfica y geográfica actual.
  • Mapa auxiliar: mapa anexo a otro que lo complementa. Nota: Se sitúa en la misma hoja normalmente y se suele representar en una escala diferente que normalmente es más pequeña.
    • Mapa auxiliar adyacente: mapa auxiliar que representa, generalmente a la misma escala, una zona limítrofe a la del mapa principal.
  • Mapa batimétrico: mapa hidrográfico que representa el relieve de zonas sumergidas.
  • Mapa de base: mapa reproducido totalmente o parcialmente en uno o diversos colores que sirve para sobreponer en él datos temáticos.
  • Mapa de base: mapa inicial que resulta de un levantamiento topográfico o fotogramétrico. Por ejemplo: el mapa topográfico estatal. Generalmente se trata de un documento oficial a gran escala del que posteriormente se formarán el resto de los mapas. Es un concepto opuesto a mapa derivado.
  • Mapa catastral: mapa que representa los límites de la propiedad de la tierra. Sinónimo complementario: plano catastral.
  • Mapa clave: Ver: mapa índice.
  • Mapa continental: mapa que representa todo un continente, normalmente a una escala comprendida entre 1:20.000.000 y 1:50.000.000.
  • Mapa corocromático: mapa en el que se marcan áreas cualitativamente diferentes mediante tramas o colores.
  • Mapa corográfico: mapa topográfico elaborado a una escala suficientemente pequeña para poder representar grandes conjuntos del territorio de una región, de un conjunto de regiones o de un continente.
  • Mapa de coropletas: mapa temático que representa la distribución espacial de un fenómeno mediante tramas o diferentes tonos de color o de gris en la que la gradación de intensidad expresa diferentes intervalos de un fenómeno en unidades territoriales, administrativas o convencionales.
  • Mapa de corrientes: mapa que representa la velocidad y la dirección de las corrientes marinas.
  • Mapa de cotas: Ver: hoja de cotas.
  • Mapa de cuadrícula: mapa que tiene una cuadrícula superpuesta o indicada en su marco.
  • Mapa de curvas batimétricas: mapa batimétrico que representa el relieve de las profundidades subacuáticas mediante el uso de isobatas.
  • Mapa de curvas de nivel: mapa que representa un relieve mediante curvas de nivel.
  • Mapa cualitativo: mapa temático que representa la distribución de fenómenos atendiendo a su carácter nominal o conceptual.
  • Mapa cuantitativo: mapa temático que representa la distribución de fenómenos y hechos de acuerdo con su importancia numérica expresada de forma absoluta o relativa. Suelen llevar leyenda.
  • Mapa dasimétrico: mapa de coropletas en el que las áreas estadísticas se subdividen en áreas de homogeneidad relativa basándose en informaciones complementarias. Nota: es un mapa utilizado principalmente para representar densidades de población.
  • Mapa de carreteras: mapa que representa fundamentalmente las carreteras que se muestran clasificadas en categorías según sea su importancia viaria.
  • Mapa de estrella: planisferio que representa la superficie de un globo en forma de estrella. En este tipo de mapa la proyección se ha realizado a partir de dos definiciones matemáticas diferentes, que suelen ser una para la parte central y la otra para las puntas de la estrella.
  • Mapa de ferrocarriles: mapa itinerario que representa la red ferroviaria, las estaciones y apeaderos y las infraestructuras ferroviarias o que sean de interés para los usuarios.
  • Mapa de flujos: mapa temático que representa las direcciones de movimiento mediante líneas de ancho variable, proporcionales a su importancia y esquematizadas de acuerdo con el trazado. Sinónimo complementario: mapa de líneas de flujo.
  • Mapa de franjas: mapa temático en el que se ha dividido la superficie de cada unidad territorial en franjas paralelas y de superficie proporcional a los valores sectoriales del fenómeno representado.
  • Mapa de frecuencias: mapa temático que representa el número de veces que un hecho o un fenómeno se manifiesta en una zona o lugar determinados.
  • Mapa de husos: mapa que representa su campo mediante unos husos que normalmente están unidos en los puntos del ecuador o en los de los polos.
  • Mapa de husos horarios: planisferio que representa los husos horarios.
  • Mapa de intensidades: mapa temático que representa los fenómenos de acuerdo con el grado de fuerza o de actividad.
  • Mapa de isopletas: mapa que representa las variaciones de un fenómeno mediante el uso de isopletas.
  • Mapa de la Luna: mapa que representa la superficie de la Luna.
  • Mapa de líneas: mapa que tiene su representación gráfica hecha a base de líneas.
  • Mapa de líneas aéreas: mapa itinerario que representa las rutas de las líneas aéreas regulares.
  • Mapa de líneas de flujo: Ver: mapa de flujos.
  • Mapa de líneas de navegación marítima: mapa itinerario que representa las rutas marítimas regulares y, a menudo, también las fluviales.
  • Mapa de Mercator: mapa establecido en la proyección de Mercator.
  • Mapa de normales: mapa que representa un relieve mediante normales.
  • Mapa de orientación: mapa que representa elementos topográficos seleccionados con el objeto de poder realizar una interpretación rápida y sencilla de la propia localización y de otros elementos o lugares significativos. Se utiliza para poder seguir alguna ruta.
  • Mapa de pendientes: mapa temático que, mediante cualquier sistema gráfico, representa los diferentes grados de pendiente de un territorio.
  • Mapa de previsión: mapa que representa la situación o evolución probable de los fenómenos determinados para un periodo o una fecha futura.
  • Mapa de puntos: mapa temático cuantitativo en el que la distribución de un objeto o fenómeno es representada por puntos.
  • Mapa de situación: mapa, generalmente a pequeña escala, que indica la situación de una zona o de una hoja cartográfica dentro de un territorio mayor.
  • Mapa de superficie: Ver: mapa del tiempo de superficie.
  • Mapa de tintas batimétricas: mapa batimétrico que representa las zonas sumergidas mediante diferentes graduaciones de color.
  • Mapa de tintas hipsométricas: mapa topográfico que representa la altura mediante diferentes graduaciones de color.
  • Mapa de topografía relativa: mapa del tiempo que representa el espesor o las diferencias de altitud entre dos niveles de presión.
  • Mapa del cielo: Ver: Planisferio celeste.
  • Mapa del mundo: mapa que representa toda o buena parte de la superficie terrestre.
  • Mapa del relieve: mapa orográfico que representa el relieve mediante diversos métodos que normalmente son de efecto plástico.
  • Mapa del tiempo: mapa que representa los valores de algunos elementos meteorológicos, en especial la presión, los fenómenos atmosféricos y los frentes en un momento determinado.
    • Mapa del tiempo de altitud: mapa del tiempo que representa, mediante isohipsas, las alturas en la que hay una presión determinada y, mediante isotermas, las temperaturas en estas alturas.
    • Mapa del tiempo de superficie: mapa del tiempo que representa, básicamente, las presiones en superficie reducidas al nivel del mar, mediante isobaras, con su valor y el símbolo de las configuraciones principales y los frentes.
  • Mapa densimétrico: mapa temático que representa la distribución de un hecho o de un fenómeno con datos cuantitativos referidos a una unidad de superficie.
  • Mapa derivado: mapa que se ha obtenido a partir de un mapa considerado como principal, con o sin reducción de la escala, directamente de uno o diversos mapas de base o a partir de otros mapas derivados. Nota: es un concepto opuesto al de mapa base.
  • Mapa diagramático: Ver: cartodiagrama.
    • Mapa diagramático de barras: mapa temático que representa un hecho o un fenómeno distribuido territorialmente mediante una o más barras de altura siendo éstas proporcionales a su valor que se va a representar.
    • Mapa diagramático de cuadrados: mapa temático que representa la superficie de cada unidad territorial dividida en cuadrados que se cubren de tramas o colores diferentes de forma tal que el número de cuadrados de cada tipo sea proporcional a los valores parciales de los fenómenos representados.
  • Mapa didáctico: mapa elaborado con finalidades instructivas.
  • Mapa en blanco y negro: mapa monocromo que ha sido impreso en negro, o valores de gris, sobre un fondo blanco.
  • Mapa en el texto: mapa impreso en el cuerpo de un texto, un artículo o un libro. Nota: Es un concepto opuesto al de mapa de fuera de texto.
  • Mapa en gris: mapa monocromo impreso en gris suave utilizado el color tanto como base de fondo como de trabajo.
  • Mapa en perspectiva: mapa en el que se ha utilizado una perspectiva para la representación de un territorio.
  • Mapa en relieve: mapa topográfico elaborado en tres dimensiones.
  • Mapa escolar: mapa didáctico elaborado y preparado para ser usado en las escuelas.
  • Mapa esquemático: mapa con una representación cartográfica muy simplificada.
  • Mapa estadístico: mapa temático que representa datos estadísticos normalmente a partir de las unidades territoriales políticas y administrativas.
  • Mapa exagerado: mapa que representa determinados fenómenos de tal forma que hace que adquieran más importancia de la que tienen en realidad.
  • Mapa facsímil: mapa que reproduce fielmente un mapa antiguo.
  • Mapa fantástico: mapa que representa objetos y fenómenos inexistentes o que no se encuentran localizables en la forma y las características en las que se expresan.
  • Mapa fenológico: mapa temático que representa las manifestaciones estacionales o periódicas de los seres vivos. Ejemplo: un mapa de la migración de las ballenas.
  • Mapa físico: mapa, generalmente a pequeña escala, que representa los rasgos fisiográficos principales de un territorio.
  • Mapa fisiográfico: mapa morfográfico que representa las características del relieve a grandes rasgos de una forma figurativa y simplificada utilizando una perspectiva oblicua.
  • Mapa fuera de texto: mapa suelto que acompaña un texto, un libro o un artículo. Nota: Es un término opuesto al de mapa en el texto.
  • Mapa general: mapa que representa un conjunto de fenómenos geográficos básicos y diversos tales como las costas, la hidrografía, el relieve, las poblaciones, las carreteras, los límites administrativos, la toponimia, etc. Nota: los mapas generales de gran escala de áreas terrestres suelen denominarse mapas topográficos. Unos y otros se consideran habitualmente complementarios y opuestos a los mapas temáticos.
  • Mapa geomorfológico: mapa temático que representa las formas del relieve según su génesis, las dimensiones, los tipos y sus relaciones con la estructura y su dinámica. Sinónimo complementario: mapa morfológico.
  • Mapa geopolítico: mapa que, mediante una simbología adecuada, representa teorías y hechos de la geopolítica.
  • Mapa hidrográfico: mapa que representa, fundamentalmente, los cursos de los ríos y las superficies con agua.
  • Mapa hipsométrico: mapa que representa, fundamentalmente, la altitud de un territorio.
  • Mapa histórico: mapa temático que representa los acontecimientos y fenómenos históricos.
  • Mapa ilustrado: mapa en el que se hace uso de los dibujos o fotografías en lugar de símbolos cartográficos.
  • Mapa incunable: mapa antiguo impreso en los primeros tiempos de la existencia de la imprenta.
  • Mapa independiente: mapa que constituye una unidad bibliográfica con un solo tema o título.
  • Mapa índice: mapa general donde se sitúan esquemáticamente los diferentes mapas incluidos en una serie o atlas y en los que se indica la página o referencia de localización. Sinónimo complementario: Mapa llave.
  • Mapa inventario: mapa que representa de forma exhaustiva la distribución geográfica de un fenómeno determinado.
  • Mapa itinerario: mapa que representa la red de vías de comunicación y que se añade, normalmente, las distancias entre los diferentes puntos clave.
  • Mapa jeroglífico: mapa elaborado de forma tal que resulte enigmático y difícil de descifrar.
  • Mapa mental: imagen cartográfica de un territorio, más o menos distorsionada, que se tiene en el pensamiento.
  • Mapa minero: mapa a gran escala que representa la situación y la extensión de una área de explotación minera en la que se describe tanto sus formas topográficas externas como sus estructuras subterráneas. Nota: a menudo una serie de cortes o secciones verticales completan la información cartográfica.
  • Mapa monocromo: mapa impreso en un solo color.
  • Mapa morfográfico: mapa temático que representa las formas de un terreno de acuerdo con su aspecto.
  • Mapa morfológico: Ver: mapa geomorfológico.
  • Mapa morfométrico: mapa temático que representa las formas de un relieve de una forma cuantitativa ya sea en valores absolutos o relativos. Nota: muchos mapas de pendientes son mapas morfométricos.
  • Mapa mural: mapa de grandes dimensiones que representa una información muy útil generalizada y que se puede leer desde una cierta distancia.
  • Mapa mudo: mapa que no tiene toponimia y cualquier otro elemento de información escrita.
  • Mapa nacional: mapa que representa un territorio de una nación o de un estado normalmente a una escala comprendida entre 1:5000000 y 1:20000000.
  • Mapa numérico: imagen digital de un fenómeno o de un accidente geográfico conservada en hojas cartográficas, cintas magnéticas, DVD-ROM o en otro soporte para su tratamiento informático.
  • Mapa oficial: mapa elaborado por un organismo oficial.
  • Mapa original: mapa a partir del cual se obtienen otros mapas. Nota: en particular se consideran mapas originales los mapas obtenidos por la representación de estudios originales.
  • Mapa orográfico: mapa que representa la configuración física de un relieve mediante tintas hipsométricas, sombreados o cualquier otra técnica.
  • Mapa pictórico: mapa que representa los accidentes topográficos, los objetos o los fenómenos mediante signos pictóricos en lugar de utilizar los signos convencionales habituales.
    • Mapa pictórico del relieve: mapa que representa el relieve y cualquier otro accidente topográfico en posición planimétrica aproximada utilizando signos pictóricos la cual cosa hace que se dé una sensación parecida a la de una perspectiva oblicua.
  • Mapa planimétrico: mapa topográfico en el que no se representa el relieve.
  • Mapa plegable: mapa que se puede doblar para facilitar su conservación y consulta.
  • Mapa pluviométrico: mapa temático que representa la cantidad y distribución de las precipitaciones caídas en un territorio y en un periodo de tiempo determinado.
  • Mapa polícromo: mapa impreso en diversos colores.
  • Mapa político: mapa, generalmente a pequeña escala que representa las divisiones políticas y administrativas de un territorio que se diferencian normalmente usando diferentes tintas para ello.
  • Mapa primitivo: mapa realizado antes de los primeros levantamientos topográficos realizados sistemáticamente y con precisión.
  • Mapa principal: mapa que constituye un elemento esencial de una hoja cartográfica y que suele ir complementado con uno o varios mapas auxiliares.
  • Mapa regional: mapa que representa una región o una parte de un territorio a una escala normalmente comprendida entre 1:1000000 y 1:5000000.
  • Mapa sinóptico: mapa temático que representa dos o más tipos de fenómenos con el objeto de expresar sus relaciones funcionales. Por ejemplo: un mapa del tiempo.
  • Mapa sintético: mapa temático que a partir de un objetivo preciso representa un fenómeno en su conjunto a través de sus relaciones internas.
  • Mapa temático: mapa que, sobre una base topográfica elemental de referencia, destaca, mediante la utilización de diversos recursos de las técnicas cartográfica, correlaciones, valoraciones o estructuras de distribución de algún tema concreto y específico. Nota: convencionalmente el mapa topográfico y toda la cartografía general son considerados complementarios, incluso opuestos al mapa temático.
  • Mapa topográfico: mapa que representa la planimetría y la altimetría de las formas y dimensiones de elementos concretos, fijos y duraderos de una zona determinada de la superficie de un terreno.
  • Mapa topográfico nacional: mapa topográfico, generalmente a escala 1:50000 o 1:25000, que sirve de mapa de base del territorio de una nación o de un estado.
  • Mapa transparente: mapa impreso sobre un material transparente o translúcido que se superpone a uno o diversos mapas que tienen el mismo campo y escala con el objeto, principalmente, de complementar la información.
  • Mapa turístico: mapa que incluye información útil para el turismo relativa a la localización urbana y a las vías de comunicación destacando los puntos de interés histórico, paisajístico, etc.

Posted by isisdiosa99 at 08:02:55 | Permalink | No Comments »